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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1987

La alternativa que ya probó su eficacia


Después de la aprobación de un diseño de instituto por la asamblea de socios fundadores; es decir, por la SEP, CONACYT, El Colegio de México, CIESAS, el gobierno de Michoacán y la Universidad Michoacán, se propuso abrir el instituto en Zamora, a sabiendas de que en Morelia están los mejores archivos del Estado, se prodigan espectáculos culturales y existen fondos bibliotecarios del mayor interés. Se rechazó a la capital michoacana por su cercanía al sol de la gobernatura y a los parientes de la universidad. San gobierno y san Nicolás podían chuparse en un santiamén a la criatura colmichiana. Quizá Zamora no haya sido el lugar michoacano más a propósito para establecer el Colmich, pero es notable por su cercanía a Guadalajara, Morelia y la capital guanajuatense y por ser buen campo de estudio. Quizá quepa quejarse del clima tibio, el sin fín de insectos, las amibas y lo difícil de conseguir casas en renta y de hacerse de un centro de información adecuado.

El Colegio de Michoacán nació seguro de que sin libros, revistas, papeles y mapas hay pocas posibilidades de investigación. Por lo mismo, una de sus primeras miras fue la de hacerse de un acervo importante de impresos. Se descartó la idea de una biblioteca con un poquito de todo, así como la de hacer un depósito de libros de texto y similares. Se pensó que lo más acorde a los fines del instituto sería una biblioteca especializada en obras de ciencias sociales y en publicaciones relativas al Occidente de México. En su primer cuatrenio de vida Colmich logró reunir 23 000 volúmenes de libros y 25 000 de revistas. Ahora, después de ocho años de fundado, dispone de casi cien mil volúmenes de libros y revistas, siete mil mapas, varios archivos particulares, una buena colección de fotografías y otra de grabaciones sonoras y videocartuchos.

Por lo que mira a equipo, también se va de prisa. Se cuenta ya con un piano y otros utensilios de los viejos tiempos y con buen número de cámaras fotográficas, microcomputadoras, videograbadoras, una composer y otros artefactos de la tecnología moderna. Por otra parte, hay un breve personal de apoyo lo más distante posible de la burocracia kafkiana. Se partió de la idea de que los científicos no necesitan jefes, pues saben lo que desean, pero sí ayudantes para las cosas prácticas, pues suelen ser torpes en la resolución de problemas nimios. Con todo, el personal de apoyo del Colegio nunca ha superado en número al personal académico, y en definitiva, no ha caído en la tentación de la abundancia de ayudantes que casi siempre desemboca en la dictadura de éstos sobre los ayudados.

En casonas alquiladas, mientras se termina su edificio en construcción; con una biblioteca ya respetable y en edificio ad hoc; con equipo que cubre satisfactoriamente los requerimientos de contabilidad, transporte, edición de libros y otros menores; con un presidente que es ahora el conocido y respetado historiador Andrés Lira y con una comunidad académica que comenzó siendo de ocho responsables de programas de estudio y ahora es de treinta residentes, un tercio de los cuales es del Sistema Nacional de Investigadores, El Colegio de Michoacán ha cumplido con sus fines más allá de lo esperado, y según acaba de decirlo FLACSO después de una vasta exploración, cumple más cabalmente que cualquier centro capitalino en la tarea de hacer investigadores.

Hasta ahora la meta mayor de investigar se ha constreñido al campo de las ciencias sociales y las humanidades. Se ha puesto el ojo en la sociedad michoacana y jalisciense, aunque no en exclusiva, Se ha preferido el estudio de los problemas palpitantes, pero sin restar importancia a los estudios históricos. Aunque se hayan fomentado especialmente las investigaciones en equipo y multidisciplinarias no se les ha hecho el feo a las búsquedas individuales ni a las muy eruditas. Aunque los temas a investigar han nacido generalmente de la voluntad de los investigadores, se ha colaborado en investigaciones propuestas por algunos socios.Este es el caso de las monografías estatales para la educación primaria, las historias de Colima y de Michoacán y las investigaciones acerca de la lucha por la independencia de México en la zona occidental de la República. Por otra parte, cada uno de los cuatro centros en que se divide El Colegio de Michoacán ha instituido métodos propios y aun originales de cumplir con sus funciones dentro de los campos de la historia, la antropología social, los estudios rurales y el estudio de las tradiciones.

Tres de los centros forman gente apta para la investigación. El Colegio de Michoacán da cursos, orienta en prácticas de campo y dirige tesis para optar a tres maestrías y está por poner en marcha un doctorado en ciencias sociales. Desde 1979 se adiestra en la investigación y la escritura de obras científicas a grupos pequeños de estudiantes. De los quince de la primera hornada, once han defendido tesis bien hechas sobre temas originales y jugosos. Los grupos de las tres siguientes promociones han superado en número a la primera y la que recibe ahora cursos lo dobla. Los egresados no han tenido dificultad para acomodarse en los centros de investigación del país, y por lo menos un par, es ahora parte académica del Colmich.

Nuestro instituto se enorgullece por haber formado ya medio centenar de investigadores, pero sin duda su orgullo mayor se cifra en la enorme cosecha de libros y artículos resultantes de las labores inquisitivas de su planta de investigadores. Con todo, su meta de difusión no se agota en el terreno editorial. Auspicia desde 1981 un cine club; ofrece conferencias públicas, a razón de una por semana; organiza anualmente congresos de sabios alrededor de un tema de interés nacional. Los ocho congresos tenidos hasta ahora han logrado cierto prestigio. Por último, sus investigadores asisten algunas veces a asambleas sabias que tienen lugar en México y en el extranjero, y también desempeñan el papel de profesores visitantes fuera de la sede zamorana.

Los académicos colmichianos publican libros y artículos que superan con mucho la producción bibliográfica de los institutos de la capital de la República. Quizá por la escasez de distracciones en la pequeña ciudad de Zamora, los miembros de Colmich se divierten escribiendo a raudales. En siete años y medios han publicado un centenar de libros, una docena de folletos y doscientos sesenta y siete artículos largos y de fondo. De la producción libresca, aproximadamente el 65% pertenece al rubro de publicaciones científicas; el 20%, a la categoría de publicaciones didácticas y el 15% restante son libros de divulgación. Al número de los cien volúmenes publicados deben agregarse doce en prensa o en vísperas de imprimirse. En suma, en promedio el investigador colmichiano produce un libro cada veinte meses y un artículo de fondo cada seis. La calidad de estas obras es buena; no desluce ante los frutos de las ciencias sociales capitalinas y a veces los aventaja. El Colegio de Michoacán es cuatro veces más fecundo que la más fecunda de las instituciones metropolitanas. Nuestros informes de investigación resultan mucho más baratos que los producidos en la metrópoli.

Si de los primeros volúmenes de los colmichianos pudo decirse que eran reflejo de investigaciones previas a su incorporación al Colegio y que no se ocupaban de problemas del Occidente del país. De los últimos cabe decir que se ocupan de asuntos tan locales como las formas de poder en la tierra fría de Michoacán, la agricultura en la tierra caliente, el comercio de Nahuátzen, las relaciones entre religión y capitalismo en el Bajío Zamorano, los obreros de Río Grande, la industria de Guadalajara, la alfarería de Chilchota, los braceros de Gómez Farías y otros temas similares. Sin lugar a dudas El Colegio de Michoacán ya contribuye seria y asiduamente al conocimiento de la zona occidental de México y quizá contribuya de este modo a la solución de los problemas occidentales.


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