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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1987

Diez moralejas descentralizadoras


Lo expuesto anteriormente en forma sucinta y no cabal permite extraer varias moralejas útiles para la descentralización de los nidos de las ciencias del hombre que hoy dormitan y sufren morbos, taras y neurosis en la hidrocefálica ciudad de México.

1. Los primeros siete años de vida del Colegio de Michoacán demuestran, que no obstante el arraigado centralismo de quienes pagan y disponen, son posibles y deseables los institutos pequeños y libres dedicados a la investigación científico-social y a la formación de investigadores fuera y lejos de la cabezota de la República Mexicana. Ciertamente no todo es todavía miel sobre hojuelas. Andrés Lira, líder de Colmich, se duele del "retraso en la autorización y pago" de los subsidios oficiales. Esto parece decir que aún no se ha conseguido la descentralización ideal para la buena marcha de los institutos provincianos.

2. Con todo, de la vida octonaria de Colmich se deduce la posibilidad de erigir un instituto científico de excelencia en un centro urbano de menos de cien mil habitantes, donde no hay universidad ni tampoco oficinas públicas de importancia tomo son las que presiden el gobernador y sus inmediatos colaboradores. Ya se puede establecer un buen número de buenos estudiosos, sin mengua de su prestigio, fuera de sedes universitarias y capitales políticas, en simples cabeceras de municipio habitada por gente orgullosa de dar asilo a los sacerdotes del saber científico.

3. Todavía más. Parece preferible abrir los colegios provincianos estilo Colmex a buena distancia de las capitales de los Estados, algunas ya muy populosas, y todas con condiciones apropiadas para hacer una carrera política, para conseguir la caída de los intelectuales en la tentación del poder. Ya casi todas las metrópolis de los Estados cuentan con institutos de educación universitaria y cabe aventurar la idea de que los centros de investigación establecidos en provincia son más fecundos si laboran independientes, con pocos nexos y alejados de las universidades provincianas, por regla general revoltosas, y en todo caso sólo interesadas en la hechura de técnicos de la medicina, las leyes, la ingeniería, la contabilidad y los negocios. La investigación no debe vincularse con la ensenanza de técnicos, que sí de investigadores.

4. La experiencia colmichiana parece demostrar que el estudio de las regiones desde el interior de ellas da muy buenos frutos, sin duda superiores a los producidos por antropólogos, sociólogos, politólogos y economistas adheridos tenazmente a la capital de la República. Puede afirmarse que se conseguirá el conocimiento científico de la heterogeneidad mexicana cuando se le analice desde miradores próximos a cada región y a cada terruño de un país de doscientas regiones y de más de dos mil municipios. El estudio insitu de cada una de las piezas del mosaico mexicano permitirá el conocimiento y quizá la salvación de ese mosaico.

5. En las ciudades pequeñas de la provincia mexicana hay pocos riesgos de contraer el gigantismo, la neurosis, la evación, el "rollo" y otros tumores que aquejan a los institutos de la capital. Está aún distante el día en que mucha gente quiera pertenecer a un colegio provinciano. También es difícil que una ciudad de cien mil habitantes logre destrozar los nervios en forma tan persistente como una urbe de quince millones. Tampoco es fácil obtener fuerza y ser arlequín en el carnaval de la propaganda en ciudades menores sin diarios de mucha circulación y sin emisoras de tele. Por último, en lugares donde la competición intelectual no puede ser mayúscula no se requiere el uso de jergas apantalladoras.

6. En los tiempos que corren ya no se puede sostener el dicho de que a la provincia sólo se va a engordar y a embrutecer. Generalmente los alimentos son mejores que los capitalinos, pero también se ha puesto de moda allá el mantenerse esquelético al través de hambre y carreras. La escasez de centros de información, espectáculos, diversiones y otros servicios ofrecidos fuera de México en forma muy raquítica o grotesca son fácilmente superables en este mundo tan tecnificado, sobre todo en lo que toca a medios de comunicación. Ya se pueden tener en los sitios más recónditos noticias tan frescas y tan copiosas como en la ciudad monstruo. Ya la televisión y el cine llevan a todos los rincones buenos espectáculos para divertirse, horrorizarse y disfrutar de la belleza. La experiencia ganada en Colmich asegura que en una ciudad pequeña de provincia se pueden disfrutar las dosis adecuadas de comunicación y aislamiento tanto para los investigadores maduros como para los estudiantes.

7. Si a un colegio provinciano se le dota de una buena planta de maestros y sólo admite alumnos en poca cantidad y becados, se transfigura necesariamente en un almácigo hacedor de jóvenes expertos en la investigación a fondo del comportamiento del hombre. La fórmula Colmex de descentralizar la vida académica parece ser el sistema menos costoso y más eficiente de hacer investigadores con estudiantes rigurosamente seleccionados, investigadores que arrancan hacia el estudio de por vida con buen entrenamiento en prácticas de campo, dos o tres artículos publicables y una tesis gorda, original, bien estructurada y mejor escrita. Sin duda, no existe ambiente más favorable al estudio y dedicación de los estudiantes que el recoleto de la provincia.

8. Queda claro, y es de suma importancia para ésta época de crisis, que las instituciones como El Colegio de Michoacán cuestan mucho menos y producen mucho más que sus equivalentes capitalinas. La infraestructura de los institutos humanísticos es menos cara que la de los centros de investigación biomédica. El costo del instrumental informativo que requiere un instituto de la marca Colmex no es muy elevado y es posible conseguirlo con muy poco sí se consigue descentralizar algunos ejemplares de las bibliotecas capitalinas. Los gastos de mantenimiento de una biblioteca de reciente apertura bien equipada son mucho menores que los de una biblioteca añosa y muy atendida por numerosos bibliotecarios que cobran sueldos muy superiores a los de las computadoras. Por otra parte, es muchas veces más barato el hacer y publicar el fruto de una investigación (libro, artículo o videocartucho) en un colegio de provincia que en un instituto metropolitano.

9. Las solicitudes de incorporación al Colmich recibidas recientemente demuestran la voluntad descentralizadora de un número cuantioso de investigadores que ahora sí se manifiestan verdaderamente molestos por vivir en el Distrito Federal. Son gente bien formada, madura y productiva que hasta hace poco sólo de dientes para afuera expresaban el deseo de salirse de la ciudad más poblada del mundo y cada vez menos habitable. Quizá el terremoto del 19 de septiembre decidió la voluntad de salir de muchos que antes se debatían entre el me voy y no me voy. Quizá pasado el miedo del sismo las inclinaciones descentralizadoras cambien.

10. Esta parece una hora muy apropiada para extender los beneficios de la investigación científica a toda la sociedad nacional mediante el apoyo a los colegios de provincia ya existentes y la apertura sin prisas, bien planeada, de nuevos colegios de investigadores científicos que naturalmente, para funcionar bien, necesitan recibir subsidio bastante y oportuno, tener autonomía administrativa y académica y publicar sin cortapisas los resultados de sus investigaciones. La diáspora de los intelectuales dentro del territorio de la república será el punto básico de la avizorada revolución cultural de México.


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