©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1987

HUGO VON HOFFMANNSTHAL. La emancipación de la poesía francesa


[Nota 91]

DURANTE casi cuarenta años hemos visto a los poetas franceses enfrascados en una batalla. Una batalla que debemos tratar de comprender pues, si no lo hacemos nosotros, ¿a quién le corresponderá hacerlo? No tendría ningún sentido, sin embargo, hablar aquí de escuelas, tendencias, corrientes estéticas o términos semejantes con los que la crítica literaria suele obscurecer los hechos.

Lo que está en juego es la lengua francesa misma, sus más secretos poderes; se trata de una batalla muy antigua. El espíritu de esa nación, tan felizmente compuesto por tres elementos étnicos, es vivaz pero sobrio. Lo gobierna la razón. Hacia el final del siglo XVII, esta predominancia es elevada al rango de ley fundamental de Francia. Con el triunfo de Malherbe sobre Regnier, el reino de la razón queda asegurado para siempre, y el flujo del inconsciente queda reprimido. Todo uso ambiguo del lenguaje es rechazado, y la lucidez de la palabra escrita queda establecida como la orden del día. Aun la expresión alegórica, la metáfora, son sometidas a las restricciones más severas. La ejecución de esta ley está sujeta a un juicio final: el que dicta el buen gusto, esa especie de conciencia intelectual.

No obstante, la vida más secreta del lenguaje -de la cual depende la más profunda y delicada vitalidad de una nación- opone resistencia.

Esa antigua batalla conducida durante el siglo XVI por la Pléyade -la lucha por una sintaxis libre, por metáforas más ricas y atrevidas, por estrechar los lazos con la música de la época- se reasume hacia finales del siglo XIX. Mallarmé es el gran líder y teórico de ese movimiento. (Su doctrina se asemeja a su poesía: al trabajar a través de alusiones, evitando un contexto lógico y preciso, su impac-to es mucho mayor y más perdurable). Mallarmé es precedido por el majestuoso caudal, la misteriosa polifonía de Baudelaire, y por la salvaje revuelta de Rimbaud contra todo orden. Su común atracción hacia la música hermana a estos dos poetas con Mallarmé, quien de hecho tenía un sentido musical tan alto como su talento poético. Desde el punto de vista de la composición, es casi imposible detectar una diferencia entre Mallarmé y Debussy. A este orden pertenecen también los ritmos de Paul Claudel; un verso, una línea de sus himnos y dramas basta para poner ante nuestros ojos la magia de otros mundos. Y sólo un observador superficial podría creer que la poesía de Valéry se sustenta en una ley diferente, aunque quizá ello ocurra porque su claridad es tan rotunda, y porque la curva de su lenguaje puede expresarse casi en términos matemáticos. ¿Pero acaso no posee la luz los mismos secretos, las mismas riquezas que las sombras de la noche?

Todos estos poetas -¡y cuántos hombres ilustres no he mencionado!- están empeñados en la renovación de la inspiración poética a partir del lenguaje mismo. El indivi-uo creativo, limitado por gastadas maneras de expresión al igual que un prisionero en una celda, se arroja al lenguaje en un esfuerzo por encontrar en éste el éxtasis de la inspiración y nuevas avenidas en pos de la vida -una condición similar a aquella producida por las alucinaciones que hacen zozobrar los sentidos una vez que han sido liberados de la mente consciente.

Esta es y ha sido siempre la aproximación latina hacia lo inconsciente: no la revelación de la duermevela propia del espíritu germánico, de la cual la poesía inglesa y alemana dan impresionantes ejemplos, sino un violento abandono, un frenesí, que sacude los valores y destroza el orden establecido.

Son estas las licencias de la mente. Nuevos reflejos aparecen, visiones de una violencia que el ojo apenas puede soportar; es una renovación sin paralelo, un genuino misterio. Se abre aquí un camino que va del Bateau Ivre de Rimbaud a los primeros versos de Stefan George. Ambos comparten lo que los romanos llamaban incantatio -el oscuro y violento encantamiento inducido por la magia del sonido y el ritmo.

A las más profundas tendencias de estos poetas debe añadirse la obra de un poeta contemporáneo: Saint-John Perse, cuya obra maestra, Anábasis, posee un trasfondo heróico que en sus aspectos más finos recuerda la severa delicadeza de Poussin. La acción misma carece de alusiones históricas, ideológicas o sociales. La precisión que consideramos casi sinónima del espíritu francés queda eliminada. Aunque en un grado menor que en Mallarmé, encontramos en Perse un paralelo con la expresión musical: en vez de la espejeante palabra tan abundante en sensualidad, gracias a la cual la aparición de los objetos parece estar envuelta en música, experimentamos una gran reserva y dureza. Evocativas de la pureza y la severidad, del dominio y el autocontrol, las siguientes palabras acuden una y otra vez: astil, sal pura, la idea pura, las purificadoras y santificadoras pro-piedades de la sal -les délices du sel. La deliberada rudeza de las transiciones, la brusca y repetida disrupción de las imágenes, la caprichosa evocación del Oriente -la combinación de estas cualidades constituye una obra que alternativamente se muestra y se oculta. Una investigación minuciosa nos muestra un poema lleno de fuerza y de belleza; y más aún; una obra creada -aunque no sabemos explicar precisamente por qué- en el espíritu de nuestros tiempos, el espíritu alerta y heroico de la Francia contemporánea que hoy da a luz a nuevos santos y funda un nuevo imperio colonial al sur de sus plazas.

Hablo de la obra original de Saint-John Perse, no de su traducción: una obra de tal categoría es francamente intraducible. Baudelaire, a pesar de constantes y repetidos esfuerzos, jamás ha sido traducido. En tales casos la traducción no puede ofrecer sino un informe escrupuloso y preciso. Sin embargo queda una cierta fascinación en el arreglo del contenido; pero, si esto es cierto, la atracción, el encanto de las traducciones de poesía china -traducciones que ni siquiera han sido hechas a partir del original, sino de transcripciones latinas- sería incomprensible.