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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1987

2. Serie histórica.


-Sentado en el umbral de su cabaña, el ermitaño es un anciano obsedido por sus recurdos: tiempos atrás, el aislamiento era menos penoso, el trabajo menos fastidioso, el rio estaba menos alejado. Reconociendo más aún, se está en el período de su juventud, de las muchachas a la orilla de las fuentes, y también el periodo del retiro y de los compañeros, el del discípulo favorito. Esta ligera oscilación del presente, al comienzo de la noche, da lugar a la inversión general del tiempo: primero las imágenes del crepúsculo en la ciudad que ronronea antes de dormirse -el puerto, los grito de la calle, los tamborileos en las tabernas-; luego Alejandría en la época de las masacres, Constantinopla con el Concilio y muy pronto todos los herejes que han venido a apostrofar el día desde el origen del cristianismo; tras ellos, las divinidades que han tenido sus templos y sus fieles desde el confin de la India hasta las orillas del Mediterráneo; finalmente, las figuras tan viejas como el tiemp -las estrellas en el fondo del firmamento, materia sin memoria, la lujuria y la muerte, la Esfinge yacente, la química, todo lo que de un sólo movimiento hace nacer la vida y la ilusión de vida-. Y aún más allá del germen primero -más allá de este origen del mundo que es su propio nacimiento-, Antonio desea el imposible retorno a la inmovilidad anterior a la vida; de tal modo toda su existencia ingresaría en el sueño, reencontraría su inocencia, pero se despertaría de nuevo con el zumbido de los animales y los manantiales, con el resplandor de las estrellas. Ser otro, ser todos los otros y que todo recomience idénticamente, remontar el tiempo hasta su origen para que se cierre el círculo de los retornos, tal es la aspiración más alta de la tentación. La visión de Engadina no se halla lejana.

En este retroceso en el tiempo cada etapa se halla anunciada por una figura ambigua -a la vez duración y etermidad, fin y recomienzo-. Las herejías son encabezadas por Hilaarión- pequeño como un niño, débil como un viejo, tan joven como el conocimiento cuando nace, tan viejo como el saber cuando reflexiona-. Apolonio es quien introduce los dioses; conoce la metamorfosis sin fin de las divinidades, su nacimiento y su muerte, pero él mismo reúne en un solo impulso "lo Eterno, lo Absoluto y el Ser". La Lujuria y la Muerte dirigen la ronda de los vivos, a no dudarlo porque ellas simbolizan el fin y el recomienzó las formas que se desintegran y el origen de todo. La larva esqueleto, el eterno taumaturgo y el viejo niño, actúan cada uno a su turno en La Tentación como los "generadores" de la duración; a través del tiempo de la Historia, del mito y finalmente del Cosmos entero, aseguran esta trayectoria de retorno que conduceal viejo ermita al principio celular de su vida. Ha sido necesario que el uso del mundo gire en sentido inverso para que la noche de La Tentación desemboque en la idéntica novedad del día que comienza.


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