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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1987

3. Serie profética.


-Este reflujo del tiempo es de igual modo visión de los tiempos futuros. Sumiéndose en sus recuerdos, Antonio había ingresado en la imaginación milenaria del Oriente: desde el fondo de aquella memoria que ya no le pertenece había visto emerger la figura en la que había encarnado la tentación del más sabio de los reyes de Israel. Tras la reina de Sabas, se prefigura ese enano ambiguo en el que San Antonio reconoce tanto al servidor de la reina como a su propio discípulo. Hilarión pertenece indisolublemente al Deseo y a la Sabiduría; lleva en sí todos los sueños del Oriente, pero conoce exactamente la Escritura y el arte de interpretarla. Es avidez y ciencia -ambición de saber, conocimiento culpable. Este gnomo no parará de crecer a todo lo largo de la liturgia; en el último episodio será inmenso, "bello como un arcángel, luminoso como un sol"; extenderá su reino hasta abarcar todo el universo; será el Demonio en el resplandor de la verdad. Es él quien sirve de corifeo al saber occidental: promueve primero la teología y sus infinitas discusiones; luego resucita las antiguas civilizaciones con sus divinidades pronto reducidas a cenizas; a continuación instaura el conocimiento racional del mundo; demuestra el movimiento de los astros, y hace manifiesta la secreta potencia de la vida. En el espacio de esta noche egipcia habitada por el pasado del Oriente, es toda la cultura europea la que despliega: la Edad Moderna con su ciencia del mundo y de lo vivo. Como un sol nocturno, La Tentación va de Este a Oeste, del deseo al saber, de la imaginación a la verdad, de las más viejas nostalgias a los descubrimientos de la ciencia moderna. El Egipto cristiano, y con él Alejandría y Antonio, aparecen en un punto cero entre Asia y Europa, y en la doble encrucijada del tiempo: allí donde la Antigüedad encaramada sobre su propio pasado vacila y se derrumba sobre sí misma, dejando resucitar sus monstruos olvidados, y allí donde el mundo moderno encuentra su germen en las promesas de un saber indefinido. Se está en el vacío de la historia.

La "tentación" de San Antonio representa la doble fascinación del cristiansmo por la suntuosa fantasmagoría de su pasado y las adquisiciones sin límite de su porvenir. Ni el Dios de Abrham, ni la Virgen, ni las Virtudes (que aparecen en las primeras versiones del misterio) tienen lugar en el texto definitivo, pero noen absoluto para protegerlos de la profanación; ellos se han disuelto en los símbolos de los que eran la imagen -en Buda, dios tentado, en Apolonio, el taumaturgo que se asemeja a Cristo, en Isis, madre de los dolores-. La Tentación no enmascara la realidad bajo el centello de las imágenes; ella evidencia, en verdad, la imagen de una imagen. El cistianismo, incluso en su primitiva pureza, se halla conformada tan sólo por los últimos reflejos del mundo antiguo, bajo la sombra todavía gris de un universo en trance de nacer.


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