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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1987

JAVIER BERISTAIN. La crisis y nuestros desafíos


[Nota 117]

Este es un día muy importante y feliz en la vida del ITAM y, desde luego, en la de cada uno de aquellos de nuestros egresados que reciben sus títulos profesionales o sus grados académicos: testimonios oficiales de que han cumplido con lo que establecen los programas de estudio y de que tienen la capacidad para actuar profesionalmente al servicio de la sociedad.

En la atmósfera flotan los recuerdos de los años pasados en las aulas, de una carrera iniciada hace 20 años o más, cuya última etapa transcurrió en este Instituto.

Se intercambian abrazos y felicitaciones. Hay los agradecimientos a los colegas, maestros y directivos de la institución. No faltan las promesas de buscarse y seguirse viendo. Y tampoco falta el reconocimiento del Alma Mater.

Pero hay algo más: en todas las cabezas surge la pregunta sobre el futuro. ¿Ahora qué? ¿Dónde estaré y qué haré dentro de 5 años? ¿Dentro de 10? Se termina un capítulo y comienza el siguiente, de inmediato, sin tiempo para reposar, examinar o apreciar lo obtenido. En otros países esta ceremonia es la del Commencement, la del principio; marca la aurora y no el crepúsculo de un período en la vida de los universitarios ahora ya profesionistas.

Puedo aventurar que en las respuestas habrá dudas pero no preocupación. Si en el ITAM hemos hecho bien las cosas ustedes están formados para alcanzar sus metas personales, desarrollarse y servir con responsabilidad a México.

Sin embargo, quiero aprovechar los últimos minutos de su atención para prevenirlos. Quizá su futuro no sea color, de rosa.

Acompáñenme al futuro, a febrero de 1992, en nuestra República Mexicana.

El tipo de cambio llega a 40 mil pesos por dólar. En la ciudad de México un kilo de tortilla se vende a $4 mil, cada bolillo cuesta $750, una gruesa de naranja $100 mil, a $60 mil está el kilo de pollo y a $10 mil el litro de leche. Familias de clase media pagan $1 millón al mes entre gas, luz y teléfono. un litro de gasolina, cuando se encuentra, cuesta $8 mil.

La deuda externa del país asciende a 200 mil millones de dólares y, por lo tanto, cada mexicano debe 2,200 dólares. En la última renegociación de la deuda el Consorcio de Bancos obtuvo el depósito en garantía de 2 millones de barriles diarios de petróleo, almacenados en buques-tanque de su propiedad, y mantuvo el embargo sobre los depósitos de mexicanos en la banca internacional, también en garantía. Además logró el usufructo de la zona marítima de 200 millas.

El producto nacional bruto real cayó en 1991 al nivel de 1981 y medido en términos per cápita resultó 30% por abajo del nivel de ese año. Es menor el ingreso anual que la deuda externa por habitante, el salario mínimo urbano de $60 mil refleja una pérdida de 33% en su poder adquisitivo en sólo 5 años, que se suma a otro tanto perdido en el lustro anterior.

La política de contención salarial ha evitado el desempleo masivo; sin embargo, en las grandes ciudades más de 3 millones de trabajadores buscan empleo, sin éxito. Suman 2 millones los ilegales recluídos en los campos de trabajo forzado creados por la administración estadounidense mientras se procesa su deportación; irónicamente su producción sustituye a las exportaciones de las maquiladoras mexicanas golpeadas además por el proteccionismo del país vecino. La migración hacia los E.U.A. es imparable a pesar de las medidas de fuerza adoptadas por los gobernadores militares de los estados fronterizos; estos, por otra parte, han anunciado que se suspenden por tiempo indefinido los procesos electorales locales.

El gobierno militar del Distrito Federal decidió prolongar la suspensión de las actividades escolares, para evitar los efectos de la inversión térmica sobre la salud de los niños.

El paro de las universidades públicas y nacionalizadas se prolonga, aliviando paradójicamente la precaria situación de las finanzas públicas, El tránsito en vehículos, particulares está prohibido desde el último y moral estado de emergencia por contaminación ambiental.

¡Fantasía! ¡Ciencia ficción! ¡imposible, pensarán ustedes! Nada de eso nos puede pasar. México cuenta con instituciones cíviles sólidas y con recursos humanos y naturales abundantes. Sin embargo, consideremos lo siguiente:

Hace sólo 5 años el dólar costaba $25 y hoy cuesta 40 veces más; a mediados de 1981 la deuda externa sumaba la mitad de la cifra actual, el PIB en 1986 fue menor que el de 1981; 5 años de inflación al 100% llevarían los precios a los niveles mencionados; los obstáculos a los trabajadores mexicanos en los E.U.A., la contaminación, etc., son problemas que se agudizan día tras día.

Hace 5 años casi nadie pronosticó bien el desenvolvimiento político, social y económico de entonces a esta fecha. Lo que ha ocurrido era impensable. La crisis de 1981-82 era de "caja", es decir, financiera y podía resolverse con crédito de corto plazo pagadero gracias a la inmediata recuperación. La nacionalización de la banca era Í un lema comunista, contrario al programa del gobierno, leímos en planes gubernamentales que en 1986 el PIB crecería 5% y la inflación sería de 30%. Los estudios de organismos independientes confirmaban este optimismo (un estudio del ITAM pronosticó un escenario de crisis para 1986 con un crecimiento del PIB de 3.7% y una inflación de 68%). Los datos de producto nacional y precios de 1986 eran improbables al iniciarse ese año; pero hubo "mala suerte" y lo impensable ocurrió.

Una de las primeras responsabilidades de una universidad es precisamente la de pensar lo impensable, la de imaginar los muchos futuros posibles de una sociedad humana. Imaginar no es desear. Imaginar permite anticipar y preveer, tomar medidas y actuar, corregir y orientar.

El escenario presentado es a todas luces indeseable. En toda crisis social hay una minoría ganadora; en las guerras, pestes y debacles financieras habrá ganadores individuales. Pero la mayo. ría pierde. Se devalúan los patrimonios, anulan posibilidades y destrozan ilusiones. Se rompe la estructura social y las brechas se amplían. Es factible la pérdida de la soberanía y del control del destino nacionales. Aunque las naciones no desaparecen pueden agonizar durante muchos años: Líbano y Camboya vienen a la mente, aunque hay otras, lamentablemente.

Este ensayo no pretende descubrir causas, responsables o culpables, sino prevenir. Lo peor puede pasar. Sin embargo, es posible evitarlo y lograr, en cambio, resultados mucho más favorables en lo político, económico y social.

México en 1986 pudo ser diferente de como fue. A otras palabras, actos y decisiones gubernamentales y de algunos miles de particulares hubieran correspondido otros derroteros. Asimismo, las palabras, actos, decisiones y omisiones de hoy encauzan el futuro. Quiero subrayar que unos cuantos miles de personas deciden el destino de 80 millones. Estos miles deben estar, por lo tanto, conscientes de su responsabilidad y preparados para asumirla.

Como universitarios no creemos en la inevitabilidad de los hechos sociales. Tampoco podemos creer ya en la posibilidad de dirigir desde un buró todo lo que le acontezca a una nación.

Pero las naciones pueden y deben ser gobernadas. La disyun-tiva no es gobernar o no gobernar sino gobernar bien o gobernar mal, con matices y diferentes opiniones sobre el significado de estos adjetivos.

No podemos cruzarnos de brazos y contemplar imperturbables los acontecimientos. Estamos obligados a participar en la tarea del buen gobierno o a procurar por todos los medios posibles un buen gobierno de nuestro país. Para algunos ésto pudiera lograrse con mejores personas sin cambio de sistemas, para otros pudieran requerirse cambios de éstos. Cualquiera tiene el deber y las oportunidades de manifestarse; todavía conservamos la libertad de hacerlo.

La promoción del interés público puede ser el común denominador de la participación cívica y política de todos nosotros. Tenemos que convencernos de que los males de México son, a la larga, desastrosos para todos los mexicanos. Es urgente lograr que el bienestar y progreso nacionales sean compatibles con el desarrollo integral del país.

Esta conciliación entre el interés público y la prosperidad personal requiere de condiciones y de instituciones que la propician ya que no es producto del azar ni de un orden natural que en caso de existir, está oculto detrás del cúmulo de imperfecciones, distorsiones, privilegios y regulaciones que han ido estableciéndose a lo largo de varias décadas.

En la formulación de las condiciones necesarias y en el establecimiento y administración de las instituciones que el programa nacional requerirá es indispensable la participación activa de los universitarios, sean éstos estudiantes, maestros o profesionistas como ustedes. Ahora y en el porvenir el destino de nuestra patria está en manos de los universitarios, sin que importe cual sea la naturaleza de su casa de estudios. No hay institución sin la obligación ni la capacidad de hacer aportaciones valiosas al panorama nacional.

Gobernar y criticar con responsabilidad los actos de gobierno son tareas encomendadas a los egresados de las universidades de México. Gobernar bien y perfeccionar desde adentro y mediante la crítica y la exigencia a la administración gubernamental es lo que el pueblo espera de esta generación de profesionistas.

La crisis ofrece una oportunidad poco usual: la de participar en la gran obra de transformación nacional. Llámese a ésta cambio estructural, modernización o reconversión, el hecho es que cada estructura o institución deberá ser objeto de juicio y, en caso necesario, deberá ser reformada para que cumpla con su misión social.

Ojalá estemos a la altura del fabuloso reto que estos tiempos han puesto en nuestro camino. No podemos hacernos a un lado. Con inteligencia y pasión debemos encontrar las soluciones ver-daderas de nuestros problemas y aplicarlas para lograr el bien común.