©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1987

Dos místicos


Acostumbrados a considerar a Porfirio Díaz solamente como el tirano-senil, nos debe sorprender el interés que despierta su condición de Místico de la autoridad. Imagino que es primera vez, por lo menos desde que "se desató al tigre", que un proyecto histórico de gran alcance no hable del Antiguo Régimen solamente en términos de dictadura y que, además, no sólo vea a Don Porfirio como Don Perpetuo.

Krauze le sigue los pasos a este místico desde que Porfirio era joven militar oaxaqueño, ligado al otro oaxaqueño abogado y antes pastorcito, hasta que se convierte en el Don afrancesado de largos bigotes blancos. Se ven los pasos de Díaz en sus relaciones amorosas: bailes con Juana Cata y conciertos de fin de siglo con Doña Carmelita, ya sentado.

El primer tomo de la Biografía está dedicado al místico que, mientras luchó por la silla, fue aclamado Héroe, pero que, cuando artríticamente se quedó ensillado, fue derrocado como cualquier tirano. No debe malinterpretarse el ánimo histórico: estudiar la figura de Porfirio Díaz historiando no sólo las críticas, y los odios que obviamente se ganó, no quiere decir que se le está justificando; simplemente, se procura conocerlo.

Se trata entonces, de historear en esta Biografía del poder partiendo más allá del "i Viva Madero! ¡Muera el Dictador!" pero sin llorar al pie del Ipiranga, como Susanito Peñafiel; de conocer la biografía de quien combatió a los "monsieures" en Puebla, se le rebeló al Benemérito Juárez, promulgó ideas de progreso y ciencia, oprimió y ejerció un poder total de terrorífica "paz" y sangrienta "estabilidad". Pero se trata también de conocer al que lloraba en público cuando se le trababa el discurso, al señorón reluciente que seguía escupiendo en la alfombra, al que se inyectó sangre azul sin quitarse el "máis" y el "te truje". Posiblemente la mejor forma de conocer el por qué del "Viva Madero" sea revisar los años eternos que precedieran ese grito y, para eso, no podemos quedarnos en que a Don Porfirio se le tumbó, sino conocerlo desde su joven circunstancia en Oaxaca hasta sus cortos pasitos en París.

Otro místico ocupa el siguiente espacio y su apostolado culmina, como buen predicador, en el martirio. La Decena Trágica y el asesinato del poder ejecutivo son los acontecimientos más conocidos del Místico de la libertad. Pero se trata de su calvario, del mero final. Aquí, una vez más, Krauze nos presenta caminos ignotos: los de Francisco I. Madero, de manera que descubrimos a un personaje místico sin adjetivos.

La biografía de Madero reúne ingredientes de espiritismo y homeopatía que nos dejan entender mejor sus prédicas y luchas por Democracia, más allá del ya golpeado "Sufragio Efectivo, No Reelección". Para quien sólo conoce a Madero como el pequeño mártir de la novelada revolufia, su opinión se asemeja al grito de los que, sin poder verlo, coreaban: "Viva Madero".

Ya no se debe a su estatura, ni parece que sea por la velocidad de las películas, pero la figura de Madero, tal vez convenientemente para algunos, se nos presenta difusa y poco conocida. Aquí al poder de la biografía nos invita a discursos y proyectos realmente democráticos. Conocemos épocas, lejanas, de sufragios efectivos y algarabías populares sin acarreamientos. Lamentablemente se trata de una época de planes y prácticas que duró muy poco tiempo; de un ánimo democrático que sugirió traición y que fue asesinado. Pero lejos de hacer una investigación que, nuevamente, se convierta en la apologética de Madero y Pino Suárez, Krauze rastrea los ingredientes internos que los llevaron a su fin.

Es decir, más allá de la traición del usurpador Huerta y de los ánimos restauradores de Félix Díaz y Bernardo Reyes, había una ingenuidad mística en Madero. Una confianza en la Providencia y en el concierto impalpable de los espíritus universales que Io llevaron a creerse mentiras y a acompañarse de mentirosos. Como bien señala Krauze, la repuesta a estas conjeturas "pertenece al dominio de la mística, no al de la política", pero al dominio de la historia sí le conviene entender, o por lo menos, conocer estas sus otras caras. Si el lema de la homeopatía proclama Similia Similibus Curantor, tal vez a la mística maderista le faltó una dosis, no fuerte pero resistente, de la mística. porfirista que intentó sustituir: Autoridad.


AnteriorRegresoSiguiente