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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1987

El Guerrero y El Guerrillero


Otra dualidad, con muchas diferencias intrínsecas, es pareja en esta Biografía del poder; Francisco Villa y Emiliano Zapata son Norte y Sur, Risa y Seriedad, Guerra y Guerrilla en nuestra historia.

En el espacio que ocupa la mirada de Zapata se percibe El amor a la tierra y, por tanto, se recrea la investigación microhistórica. El Caudillo del Sur lleva a cabo una revolución matriótica, propia. El estandarte de Guadalupe y los renglones del Plan de Ayala son postulados locales con circunstancias particulares y con siglos de espera. Zapata lucha por reivindicar ánimos ancestrales y cada arranque de sus tropas se respalda en legajos, copias, reclamos y quejas que se ubican con nombres en náhuatl y mapas rústicos. Zapata es pues, el guerrillero amante de la tierra, que no pretende realizar planes macroscópicos ni asiste a la Convención de Aguascalientes.

Villa, al otro lado, es el guerrillero vuelto guerrero de quepí y uniforme. Pero es en sí el norteño que se ubica Entre el ángel y el fierro, entre las ganas de matar y la estrategia balística, matemática, de planear y hasta perdonar. Pancho Villa, entre Doroteo Arango y General Villa, es el que "quiebra" a los "curritos" y ríe con todos los niños. El sí asiste a Convenciones y, mientras muestra cañones y treintas-treintas, llora ante emociones que le llegan. Frente al "terror místico" que siente Zapata ante la Silla Presidencial, Villa se sienta en ella a carcajadas y, a diferencia de "La tierra" de Emiliano, se contenta con hablar de "las tierritas"

Nuevamente el poder de la biografía permite que Krauze nos muestre los ánimos y los respaldos de personajes mitificados, exagerados, desconocidos. La historia posee la gracia de poder acercanos a espacios casi irreales, pero imaginables. La dualidad del guerrero y guerrillero muestra los diferentes bigotes de cada uno. La biografía incursiona, con mayor frecuencia que en los otros espacios, en los humos del terror. Con los pasos y galopes de Zapata y Villa la historia recorre campos sangrientos y llanos repletos de cuerpos, percibe olores de locomotora y pólvora y escucha ruideros de miles de "revolucionados", corridos y polkas populares.

Tanto el guerrero como el guerrillero encuentran muerte trágica. Ambos, buscando su pistola, no logran enfrentar la lluvia de balazos. Krauze deja en el aire de qué color era el cráneo de Villa, si de Angel o de Fierro. Con Zapata, la biografía recoge los ánimos de que el asesinado en Chinameca no era Emiliano, sino otro. En ambos casos, la biografía está rescatando el carácter místico y legendario que cobraron al paso del tiempo los jinetes.

El poder de la biografía debe permitirnos romper con historias oficiales y observar a los próceres como seres humanos en todos sus renglones posibles. Posiblemente por tratarse de un tiraje editorial popular acompañado, además, por una serie de televisión, La biografía del poder no deja de ser un panorama amplio. Su mérito está en poner a nuestro alcance el conocimiento de las biografías de quienes se destacaron en nuestra historia, permitiéndonos intentar comprenderlos antes de seguirlos juzgando. Lejos de quedarnos en los lugares comunes de discursos y panfletos, la biografía (como cara de la historia) nos brinda el poder de descubrir el pasado, liberándonos de él y probar, sin artificios, "el elemental sabor de los heróico".


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