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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1987

La élite política


En un régimen autoritario, sea personalista, sea institucionalizado, quienes se encuentran cerca del poder, y en alguna medida se benefician de él, responden en general hacia sus jefes y superiores, y no tanto a la ciudadanía. Estando bien con las altas jerarquías pueden pasar por alto los ordenamientos legales, y por tanto abusar del poder, en la medida en que su posición y jerarquía se los permita. Quien está en la cúspide de la pirámide política, sea un monarca, dictador o presidente, responde sólo ante si mismo, y dispone por lo mismo de un amplio margen para ejercer el poder de manera arbitraria y poco responsable. La doctrina democrática precisamente establece una serie de mecanismos para evitar en lo posible un ejercicio abusivo e irresponsable del poder. Ése es el mal que veía Madero en el régimen porfirista y que deseaba remediar a través de la democracia. Otro tanto hacen quienes ahora pugnan por la misma.

Madero reconocía que el presidente Díaz era en muchos aspectos un hombre ejemplar, y que había hecho un uso diligente del poder absoluto que disfrutaba:

En lo particular, estimo al general Díaz, y no puedo menos de considerar con respeto al hombre que fue de los que más se distinguieron en la defensa del suelo patrio, y que después de disfrutar por más de treinta años el más absoluto de los poderes, haya usado de él con tanta moderación; acontecimientos de los que muy pocos registra la Historia.[Nota 38]

Aún más, reconocía la honradez con la que Díaz había llevado su largo mandato. "Como administrador siempre ha sido íntegro, de lo cual dio una prueba brillante cuando entregó al señor Juárez $300 000.00 que tenía como sobrante en la caja del cuerpo de su ejército"[Nota 39]. De ello dio también prueba al abandonar el país posteriormente. Para Madero eso representaba un rasgo notable en un dictador, y se felicitaba de que, gracias a ello, "...no está a tal punto perdida la dignidad naciona[Nota 40]

Difícilmente podría la oposición contemporánea expresarse en los mismos términos respecto de quienes han ocupado la silla presidencial de un tiempo a esta parte.

Pero de cualquier manera el que ello suceda así es imputable al régimen autoritario, cuyas características permiten la corrupción e impunidad de los funcionarios. Si Díaz no cayó en la deshonestidad se debe a sus rasgos personales, pues el sistema le proporcionaba el campo abierto para el enriquecimiento desmesurado.

Sin embargo, Madero sí acusaba a Don Porfirio de un profundo apego al poder, y de que no dudaba en incurrir en actos anticonstitucionales, e incluso al asesinato y la represión, para conservarse en él. La institucionalización del régimen priísta no permite ahora la reelección presidencial, pero en términos de los intereses del partido oficial como grupo, se recurre a procedimientos sumamente parecidos a los practicados por los porfiristas. Por ello la oposición habla de "dictadura de partido", y acusa a éste de echar mano de cualquier recurso para preservar el poder en casi todos los niveles; es la política de "Carro Completo" continuamente denunciada por la oposición democrática.

Por otro lado, Madero no desconocía que muchos de los funcionarios del porfiriato sí incurrían en el manejo ilícito de los fondos públicos, y de nuevo culpaba al autoritarismo de ello.

En las esferas del gobierno predomina la corrupción administrativa, pues aunque el general Díaz y sus consejeros son honrados, no pueden por sí solos saber todo lo que pasa en la República, y ni siquiera cerca de ellos, pues es bien sabido que entre las personas que los rodean se cometen grandes abusos; ya sea especulando con los secretos de Estado, ya por medio de concesiones ventajosas para ellos [...] Gozan además de una impunidad relativa, y están muy engreídos con el actual régimen de cosas.[Nota 41]

De la misma manera, los demócratas de nuestros días centran en la corrupción de los funcionarios públicos uno de sus ataques más asiduos en contra del régimen, tanto más cuanto que ésta se practica de manera habitual y cotidiana, y con un grado muy alto de impunidad. De nueva cuenta, el remedio más probable contra ella se propone a través de la vigilancia de la ciudadanía sobre los gobernantes, por medio de instituciones genuinamente democráticas.

El problema de una corrupción tan generalizada en el sector público es que, además del daño económico que pro-voca en la Nación, su práctica tiende a extenderse a otras organizaciones de la sociedad civil pues, como Madero reconocía, "... los pueblos son siempre influidos por el ejemplo de los de arriba".[Nota 42]

Tanto Madero como la oposición de hoy, denuncian en la élite política de sus respectivos regímenes la falta de compromiso público, así como el fingimiento en el desempeño de su cargo, y la demagogia. "Por costumbre -dice Madero- vulneran la ley; sus más solemnes protestas las ven como fórmulas vanas[Nota 43]". El reclutamiento de este tipo de hombres se debe básicamente, según los demócratas, a las características del régimen autoritario, pues el ascenso político y burocrático depende en estos regímenes fundamentalmente de la sumisión y servilismo a los superiores. Los hombres más íntegros, por lo general, no aceptan esas condiciones impuestas por el sistema, por lo que no pueden permanecer en él durante mucho tiempo, o bien quedan estancados en niveles inferiores del aparato burocrático. No obstante, sostiene la corriente democrática, son estos hombres los que con mayor responsabilidad podrían llevar las riendas del gobierno, si el sistema les permitiera foguearse políticamente y llegar a los puestos del poder. Si el pueblo decidiera, dicen, habría mayor posibilidad de su ascenso al poder. Igualmente, sostiene Madero que:

Indudablemente que existen esos hombres de mérito, pero ni los conocemos, ni ellos mismos han tenido tiempo de forjarse en las candentes luchas de la idea, en el vasto campo de la democracia.[Nota 44]

Es éste, pue, el problema del reclutamiento y formación de líderes políticos y funcionarios, que los sistemas autoritarios no permiten resolver de acuerdo a las necesidades de la mayoría y que, de acuerdo con los demócratas, sólo a través de los procesos democráticos puede realizarse con mayor probabilidad de éxito. Ello lo afirmaba la oposición al porfiriato lo mismo que ahora lo hace la oposición régimen priísta.


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