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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1987

El modelo de desarrollo


Otro punto de aproximación entre el pensamiento de Madero y el de la oposición contemporánea se encuentra en la visión que uno y otros presentan acerca del modelo de desarrollo seguido por los regímenes de sus respectivas épocas. En ambos casos se reconoce el carácter modernizador o desarrollista del régimen, y se acepta que ello constituye un lemento fundamental de su aceptación por parte de la ciudadanía, al menos durante algún tiempo. En el caso del régimen priísta, después de consolidar el poder sobre bases autoritarias, se avocó a la tarea de impulsar de manera decisiva la industrialización del país. Se dejó de lado el programa democrático de la Revolución y se postergó indefinidamente la meta de la justicia social, para concentrarse en el desarrollo económico a través de la economía mixta, con participación de capital extranjero.[Nota 45]

El régimen porfirista había seguido una política similar. La pacificación lograda por Díaz había permitido al fin iniciar el proceso de industrialización pugnado tanto por liberales como conservadores. Madero reconocía éxitos logrados por el porfiriato en esta rama:

Lo único que sustenta la administración del general Díaz en su apoyo, es nuestro progreso material. Los diarios oficiosos publican estadísticas y más estadísticas demostrando que el aumento en nuestro comercio es fabuloso, que las fuentes de riqueza pública y privada han aumentado considerablemente, que nuestra red ferrocarrilera se extiende más y más, que en los puertos se construyen magníficas obras para hacerlas más accesibles a los buques de gran calado, que en todas las grandes ciudades se ha hecho el drenaje, la pavimentación de las calles, se han construido magníficos edificios, etc.[Nota 46]

No obstante, el hecho de poner en marcha un proyecto de desarrollo económico sin tomar en cuenta el principio de justicia social, o más bien postergándolo como una meta posterior, genera la oposición de diversos sectores, entre los que destacan desde luego los de orientación izquierdista.

En el régimen de Díaz, esta crítica fue enarbolada principalmente por el Partido Liberal Mexicano, pero Madero, cuya principal preocupación era indudablemente la democracia política, no dejó de oponerse a los privilegios asociados al proyecto de modernización económica del porfiriato. Denuncia Madero, por ejemplo, que la política proteccionista a las nuevas industrias y las exenciones fiscales a las mismas, habían sido decretadas por Díaz tomando en cuenta "...los intereses especiales de personas o corporaciones amigas a quienes desea proteger, sin consultar los grandes intereses de la Nación, que no tiene ningún representante legítimo en esas discusiones".[Nota 47]Además, el hecho de que en un país con tantos recursos, parte de su población se viera obligada a emigrar fuera del país en busca de empleo, representaba para Madero la prueba de que el desarrollo económico había venido dándose con beneficio desigual para los diversos sectores sociales. De ahí surgió parte del programa obrero y campesino propuesto por el movimiento maderista. En una obra posterior, y menos divulgada que la Sucesión Presidencial, Madero ofrecía que el nuevo gobierno democrático se ocuparía de mejorar la situación de los obreros mediante una legislación adecuada y la de los campesinos a través del reparto de los grandes latifundios.[Nota 48]Así, sostenía Madero que un programa de desarrollo inequitativo perdía su sentido social. "¿De qué nos sirve nuestro portentoso progreso material -se preguntaba-, si no tene-mos asegurado ni siquiera el sustento honrado de nuestras clases desvalidas?"[Nota 49]

No se trata de que Madero propusiera una revolución social, sino que consideraba que el autoritarismo tiende a la política de privilegios, violando el compromiso constitucional de gobernar para toda la Nación. Por ello veía en un sistema democrático genuino la condición para llevar a cabo un mayor grado de justicia social.

Por otra parte, el modelo de desarrollo regido por el régimen priísta ha sido atacado por sus disidentes en relación a la política agropecuaria, en particular por no haber dado suficiente atención u ese sector como base para una industrialización sólida, sino que se le ha utilizado negligentemente para transferir recursos a la rama industrial, además de haber seguido allí también una política de privilegios.

Madero hacía una crítica semejante al modelo porfirista. Al referirse al sector agropecuario, denunciaba:

En este ramo tan importante de la riqueza pública poco ha hecho el gobierno para su desarrollo, pues con el régimen de gobierno de uno solo, resulta que los únicos que se aprovechan de todas las concesiones son los que lo rodean [...] El resultado de esta política ha sido que el país, a pesar de su vasta extensión de tierras laborables, no produce ni el algodón ni el trigo necesario para su consumo en años normales, y en años estériles, tenemos que importar hasta el maíz y el frijol, que son la base de la alimentación del pueblo mexicano.[Nota 50]

La forma de financiamiento del desarrollo económico ha sido, asimismo, otro punto de ataque por parte de la oposición, sobre todo en los últimos años en que la deuda pública externa, rebasó las posibilidades de pago por parte del país, y se ha constituido como el principal obstáculo para continuar el crecimiento económico de manera sólida. Se dice que la política económica de López Portillo, desde sus inicios, era vista por algunos observadores como suma-mente riesgosa y poco adecuada para el país. Y así lo hicieron saber. Pero la prepotencia de nuestros gobernantes no les permitió escuchar a la disidencia, a la cual calificó en esa ocasión de apocalíptica y alarmista.[Nota 51]Madero pronunció también una denuncia con respecto al crédito externo como fuente de financiamiento. La prosperidad debida al proyecto de Díaz, decía, se tradujo en un aumento del crédito en el extranjero, del cual hizo el dictador un uso abusivo " ... hasta el grado de que ahora gravita sobre la Nación una deuda enorme".[Nota 52]No obstante Madero señalaba que:

La inmensa deuda contraida por la administración actual, ha servido para desarrollar considerablemente nuestra riqueza, y no creemos que sea una gran carga para la Nación, desde el momento que con desahogo se pagan sus intereses y se va amortiguando parte de ella.[Nota 53]

En efecto, el problema actual de la deuda pública no tiene parangón en nuestra historia, y si Madero no vio la deuda como un problema grave, hoy día la oposición no puede sino reclamar al régimen que ella advirtió los posibles efectos de un endeudamiento desmedido, que el gobierno lopezportillista nunca reconoció como peligrosos.

Finalmente, y ante la evidencia del quiebre del modelo de desarrollo económico, la oposición democrática denuncia la ineficiencia de la élite política en la conducción del proyecto económico y en el manejo del aparato administrativo,. y de nuevo la atribuye a la falta de responsabilidad pública propia del sistema autoritario. Corrupción, nepotismo, compadrazgo e impunidad son males que pueden ser mitigados, según la oposición contemporánea, a través de la democracia política, y que en gran medida han sido responsables del fracaso económico del país. Madero, sin desconocer los logros del modelo porfirista de desarrollo, también suponía que a través de las prácticas democráticas la eficiencia y la racionalidad económica y administrativa tendrían más posibilidades de prevalecer en el proceso de modernización económica.

Si en vez de un gobierno absoluto, lo hubiéramos tenido democrático, quizá nuestro progreso material hubiera sido superior, pues no hubiera habido tanto despilfarro en los estados, y si bien es cierto que los gobernadores no estarían tan ricos, en cambio las obras materiales hubieran recibido mayor impulso ... [Nota 54]

En todo caso, el tono de la crítica formulada por Madero al modelo de desarrollo seguido por Díaz, nos recuerda al que se ha hecho en nuestros días al modelo puesto en marcha por el régimen priísta, aunque la denuncia a éste último es más acertada, pues desde la óptica actual, el fracaso del mismo ha sido poco menos que rotundo y las posibilidades de recuperación no se ven todavía claras.


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