ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1987
* [Nota 70]

La noción de tolerancia, tal como la entiende Bayle. descansa sobre un supuesto especulativo: la verdad es algo absolutamente inalcanzable para la inteligencia humana. Ser tolerantes, entonces, es la actitud que se sigue cuando se comprende que todos los hombres tienen derecho a sostenerlo que les parezca más conveniente, pero con la condición de que no consideren que su opinión es la verdadera, lo que llevaría a condenar el resto de las opiniones como falsas. Por el contrario, pensamos que la verdad es alcanzable por la inteligencia humana y que tal verdad es absoluta, es decir, independiente del tiempo y del lugar en los que se formule. Pero distinguimos verdad absoluta de verdad exhaustiva porque "La verdad no consiste en conocer el todo de un algo sino más bien en conocer algo de un todo". Los escolásticos distinguían entre conocimiento adecuado (exhaustivo) y conocimiento objetivo (parcial pero absoluto) de una cosa. En tanto seres contingentes nos es imposible alcanzar la verdad exhaustiva pero podemos llegar a verdades parciales con carácter absoluto. Precisamente, esa imposibilidad es la condición necesaria para un progreso en la verdad; pero no a base de opiniones sino de demostraciones rigurosas. Verdad y tolerancia, entonces, son compatibles, en tanto la segunda se funda en la posibilidad que tiene el ser humano de conocer progresivamente la verdad y no bajo el supuesto de que ésta es inalcanzable por la inteligencia humana. Con respecto a la religión pensamos que no es una cuestión de opinión sino de estricta fundamentación racional en las órdenes ontológico, gnoseológico y moral. Por lo tanto, desde este punto de vista, sí es posible hablar de verdadera o falsa religión. Si lo anterior se comprende, es fácil ver que el problema no consiste en cuestionar si se deben o no se deben salvar los derechos de la conciencia a profesar un culto determinado; éstos siempre deben defenderse en tanto son los derechos de una persona, pero otra cosa muy distinta es tolerar el error o la falsedad. Se puede y se debe ser tolerante con la persona pero no con los errores o las falsedades que, como tales, carecen de derechos. "Tan temible, expresa Ruiz (le Santiago, es la pretensión del conocimiento de una verdad exhaustiva y excluyente de cualquier otra, como la práctica de una tolerancia, fundada dogmáticamente en el escepticismo" ESTUDIOS 2, ITAM, primavera 1985, pp. 75-76.