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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1987

La vida del verso


EL campesino labra, el albañil construye, el sacerdote reza y el juez juzga. ¿Qué hace el poeta? ¿Por qué no cuenta, con versos fáciles de recordar, las condiciones de crecimiento de las gramíneas? ¿Por qué se niega a componer una nueva Dibinushka [Nota 83] o a endulzar la amarga medicina de las tesis religiosas? ¿Por qué únicamente en los momentos de cobardía está dispuesto a reconocer que gracias a la lira despertó nobles sentimientos? ¿Acaso no hay lugar para el poeta en la sociedad, sea ésta la que fuere, la burguesa, la socialdemócrata o una comunidad religiosa? ¡Que guarde silencio Juan Damasceno!

Así hablan los partidarios de la tesis del arte para la vida. De ahí surgen Francois Coppée, Sully Proudhomme, Nekrásov y, en gran medida, Andrei Bieli.

Los objetan, sin embargo, los defensores del arte por el arte: "¡Fuera de aquí! ¿Acaso pueden ustedes importarle al pacífico poeta?... ¡Son repulsivos a su alma! Látigos, calabozos y hachas han sido hasta ahora, los ataúdes de su estupidez y su maldad. Basta ya de ustedes, esclavos insensatos"... "Para nosotros, príncipes del Canto, soberanos de los castillos del ensueño, la vida es un medio para alzar el vuelo: mientras más fuerza tenga el bailarín para golpear con los pies sobre la tierra, más alto logrará elevarse. Ya sea que cincelemos nuestros versos. como cálices, o escribamos cancioncillas poco claras, somos ante todo libres y en general no deseamos ser útiles". De ahí surgen Heredia, Verlaine y, entre nosotros, Máikov.

Esta controversia ha existido desde hace siglos sin haber llegado a ningún resultado; no es sorprendente: de toda relación posible con la gente, con las cosas o las ideas, exigimos ante todo, honradez. Con esto me refiero al derecho que tiene cada fenómeno a ser valioso por sí mismo, a no necesitar de la justificación de su existencia y al derecho, más elevado aun, de servir a los demás.

Homero pulía sus hexámetros, sin preocuparse de nada, excepto del timbre de las vocales y las consonantes, las cesuras y los espondeos y a ellos adaptaba la trama. Sin embargo, se habría considerado un mal trabajador si, al escuchar sus cantos, los jóvenes no hubieran aspirado a la gloria militar, si las miradas veladas de las jóvenes no hubieran aumentado la belleza del mundo.

Tanto en la tesis del arte para la vida como en la del arte por el arte hay falta de honradez.

En el primer caso se degrada al arte hasta el nivel de una prostituta o un soldado. Su existencia tiene valor únicamente por cuanto sirve a fines ajenos a sí mismo. No es sorprendente que los ojos de las dulces musas se empañen y que ellas adopten malos modales.

En el segundo, el arte se afemina, se vuelve dolorosamente lunar y cabe aplicar a él las palabras que Mallarmé pone en boca de su Hérodiade:

J´aime l'horreur d´entre vierge et je veux.

Vivre parmi I'effroi que me front mes cheveux...

La pureza es la sensualidad oprimida, y es maravillosa; la ausencia de sensualidad asusta, como una inaudita forma nueva de libertinaje.

¡No! Estamos asistiendo al surgimiento de una era de puritanismo estético, de grandes exigencias para el poeta cómo creador, para el pensamiento y la palabra como materiales del arte. El poeta debe depositar en sí mismo los cilicios tanto de las formas más difíciles (recordemos los hexámetros de Homero, los tercetos y los sonetos de Dante, las estrofas escocesas-antiguas de los poemas de Byron) como de las formas ordinarias, que en su desarrollo no fueron llevadas hasta los límites de lo posible (los yambos de Pushkin). El poeta debe hacerlo en nombre de su Dios, que está obligado a tener; si no, no es más que un simple colegial.

De cualquier forma, si hubiera que elegir una de las dos tesis arriba mencionadas, yo diría que en la primera hay más respeto por el arte y más comprensión de su esencia. En ella se pone el arte una nueva cadena, se señala una nueva aplicación de las fuerzas que en él hierven, sin importar que esa aplicación sea indigna o baja, ¿acaso el aseo de los establos de Augias no se aduce como un equivalente de las grandes hazañas de Hércules? En las antiguas baladas se relata el sufrimiento de Roldán cuando una decena de enemigos salía a pelear en su contra. El podía luchar bella y dignamente solo contra un centenar. Sin embargo, no debemos olvidar que también Roldán podía ser derrotado...

Ahora me limitaré a hablar de versos, recordando las palabras de Oscar Wilde que aterraron a los débiles y animaron a los fuertes: "Porque la materia que emplean los pintores y los escultores es pobre comparada con las palabras, Las palabras no sólo poseen una música tan dulce como la de la viola y el laúd, colores tan ricos y vivos como los que nos hacen adorables los lienzos de los venecianos o de los españoles, y una forma plástica tan segura y cierta como la que se revela en el mármol o el bronce, sino que sólo ellas poseen el pensamiento, la pasión y la espiritualidad. Todo esto lo tiene exclusivamente la palabra." [Nota 84]

Todo aquel que, al haber trabajado concentradamente un fragmento de prosa, haya hecho esfuerzos por reprimir el naciente ritmo, sabe que el verso es la forma más elevada del lenguaje.

II

El origen de ciertas poesías es misteriosamente análogo al origen de los organismos vivos. El pensamiento del poeta recibe su impulso del mundo exterior (a veces en un momento de claridad inolvidable, otras, con la vaguedad que acompaña a la concepción durante el sueño) y por mucho tiempo debe llevar el embrión de la creación futura, prestando atención a los tímidos movimientos de la todavía débil nueva vida. Todo influye en el curso de su desarrollo: el rayo oblicuo de la luna, una melodía escuchada inesperadamente, un libro leído, el olor de una flor. Todo determina su destino futuro. Los antiguos respetaban al poeta que calla como se respeta a una mujer que se prepara para convertirse en madre.

Finalmente, entre sufrimientos parecidos a los sufrimientos del parto (de esto ha hablado también Turguéniev), nace el verso. Dichoso aquel poeta que en el momento del alumbramiento no estaba distraído con consideraciones ajenas al arte; dichoso aquel que tímido como un pajarillo intentaba transmitir lo que había llevado consigo tanto tiempo y que ahora ya había madurado; dichoso quien, sabio como serpiente, trataba de encerrarlo todo en la más perfecta forma.

Un poema nacido así puede vivir siglos, yendo de un olvido temporal a nuevas glorias y, aun a pesar de haber muerto, como el rey Salomón, seguirá produciendo durante largo tiempo un estremecimiento sagrado en quien lo lee. Tal es el caso de la Ilíada.

Pero hay poesías que no llegaron a término, en las que alrededor de la impresión primaria no alcanzaron a sedimentarse otras. Hay también poesías en las que al contrario, los detalles oscurecen el tema principal; éstas son como inválidos en el mundo de las imágenes, y la perfección de algunas de sus partes no causa alegría, sino más bien tristeza, como los bellos ojos de los jorobados. En general le debemos mucho a los jorobados, pues nos relatan cosas extraordinarias, pero a veces, en medio de sus relatos, con enorme nostalgia comienza uno a imaginar a los escultores jóvenes espartanos, y entonces desaparece toda compasión por sus débiles hermanos y hermanas, condenados por la severa ley. Es la voluntad de Apolo, un dios temible y cruel, pero enormemente bello.

¿Qué se necesita para que una poesía viva, mas no en un recipiente con alcohol como un extraño aborto, ni a medias como un enfermo en silla de ruedas, sino que tenga una vida plena y vigorosa, que sea capaz de despertar amor y odio, que obligue al mundo a tener en cuenta el hecho de su existencia? ¿Qué exigencias debe satisfacer?

Responderá con una palabra: todas.

En realidad, debe tener pensamiento y sentimiento. Sin el primero la poesía más lírica estaría muerta, y sin el segundo, hasta la más épica de las baladas parecería una aburrida ficción (Pushkin, en su lírica y Schiller en sus baladas estaban conscientes de esto). Debe tener, además, la suavidad de los contornos del cuerpo joven, donde nada se destaca y nada se pierde, y la precisión de la estatua iluminada por el sol; la sencillez (sólo para ella está abierto el futuro), y la sutileza como reconocimiento de la herencia de todas las alegrías y tristezas de los siglos pasados; asimismo, y sobre todo, ha de tener estilo y movimiento.

En el estilo, Dios se muestra en su propia creación y el poeta se entrega como algo misterioso, desconocido para él mismo; permite adivinar el color de sus Ojos y la forma de sus manos. Esto es importante. Nosotros amamos a Dante Alighieri, ese joven enamorado del pálido rostro de Beatrice, ese desenfrenado gibelino, ese desterrado de Verona, no menos que a su Divina Comedia...

Por movimiento en la poesía entiendo la disposición de las palabras, la selección de los sonidos vocales y las consonantes, la aceleración y la demora del ritmo que hacen que quien lee la poesía adopte involuntariamente la actitud del protagonista, imite sus gestos y su movimiento y, gracias a la sugestión de su propio cuerpo sienta lo mismo que el poeta, de modo que la idea expresada se convierta no en una mentira, sino en una verdad. Las quejas de los poetas a propósito de que el público no experimenta sus sufrimientos, embriagándose con la música del verso, se basan en un malentendido. La alegría, la tristeza y la desesperación que el lector siente son las propias. Para conmover es necesario hablar de uno mismo con el más inexpresivo lenguaje, como lo hizo Nadson. [Nota 85]

Vuelvo a lo anterior: para ser digna de llamarse así, una poesía que tiene las cualidades ya mencionadas, debe conservar entre ellas completa armonía y, lo que más importa de todo, no ser llamada a la vida por la excitación del "pensamiento cautivo", sino por una necesidad interna, que le da una alma viva: el temperamento. Además, debe ser impecable incluso hasta la incorrección. Porque la originalidad a la poesía se la dan únicamente los desvíos conscientes de la regla por todos aceptada, pero a ellos con frecuencia les gusta aparecer como inconscientes. Y así, Charles Asselineau se refiere al "soneto licencioso" donde el autor, violando conscientemente las reglas, finge que lo hace en un arrebato de inspiración poética o de entusiasmo por la pasión. Ronsard, Maynard y Malherbe escribieron sonetos de ese tipo. Estas incorrecciones se presentan como lunares gracias a los cuales es más fácil reconstruir en la memoria el aspecto del todo.

En una palabra, una poesía debe ser el molde del maravilloso cuerpo humano, ese alto estadio de la perfección imaginada: no en vano creó el hombre incluso a Dios todopoderoso a su imagen y semejanza, Una poesía que vale en sí, tiene el derecho de existir, cueste lo que cueste. Así, para la salvación de un solo hombre se envían expediciones en que perecen decenas de otros hombres. No obstante, una vez que éste ha sido salvado, debe, como todos, justificar ante sí mismo su existencia.

III

En realidad, el mundo de las imágenes está en estrecha relación con el mundo de las personas, pero no de la manera en que normalmente se piensa. Siendo una analogía de la vida, el arte no tiene una existencia del todo semejante a la nuestra, no puede proporcionarnos una relación sensorial con otras realidades. Los versos, aun escritos por verdaderos visionarios en momentos de trance, tienen sentido únicamente si son buenos. Pensar de otra manera significaría repetir el célebre error de los gorriones que intentan comerse los frutos dibujados sobre un lienzo.

Pero las buenas poesías, como los seres vivientes, entran en el círculo de nuestra vida: nos enseñan, nos llaman, nos bendicen, hay entre ellas ángeles de la guarda, sabios caudillos, demonios tentadores y buenos amigos. Bajo su influjo los seres humanos aman, se enemistan y mueren. ( ... )

1910


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