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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1987

Héctor L. Zarauz. Patrick Süskind, El Contrabajo.


Süskind, Patrick. El Contrabajo. Ed. Seix Barral, México 1987, 92 PP. ISBN: 968-6005-30-7

"Me siento solo muy a menudo, ¿sabe? Estoy casi siempre solo en casa, cuando no hay representación; pongo un par de discos y ensayo de vez en cuando, pero sin ilusión, siempre es lo mismo". Así se confiesa el personal de El contrabajo de Patrick Süskind, mientras desarrolla, mediante un monólogo, el autoanálisis de su interioridad.

Esta novela corta del escritor alemán gira en torno a un contrabajista que habita en un pequeño departamento insonorizado, acaso para establecer los límites entre el mundo y su mundo, teniendo como única compañía su contrabajo. Süskind describe un personaje similar al Grenouille de su exitosa novela El perfume, ambos son hombres terriblemente obsesivos, aislados de la sociedad y abstraídos en un cosmos particular el cual son incapaces de compartir. En los dos se repite la misantropía y automarginación que los convierte en seres solitarios. Sin embargo, la actitud de uno y otro ante este hecho es distinta, Grenouille asume conscientemente su marginación e incluso la procura, el contrabajista, por el contrario, quiere romper con su aislamiento, pero la relación que mantiene con su instrumento no se lo permite.

A través de la catarsis establecida entre el contrabajista y un hipotético interlocutor, se descubre el extraño vínculo de amor y odio, de atracción y rechazo que tiene con el contrabajo. En esta relación el músico humaniza al instrumento, de manera que lo cuida, le da calor, lo arropa contra el frío y la lluvia. El contrabajo es como su compañera y reconoce en su estructura física las formas de una mujer y aún más, proyecta en este vínculo un complejo de Edipo. Es claro que el personaje ha fetichizado al contrabajo con el objetivo de llenar sus carencias afectivas.

Al llenar esta vacío vivencial, el contrabajo se ha convertido en un obstáculo para conferir y conseguir afecto, es la madre vigilante que te impide desarrollar su vida sexual, es el objeto --al que califica de antiestético y estorboso-- que no le permite establecer relaciones humanas. Además, lo ha frustrado como músico debido a la poca satisfacción que proporciona, siempre haciendo el trabajo sucio para el lucimiento de otros instrumentos, ocupando en apariencia, un lugar secundario en los conciertos.

De esta relación dual, el contrabajo surge como fetiche castrador, capaz de inhibir prácticamente todos los ámbitos vivenciales del personaje, lo ha esclavizado y sujetado a la dinámica y posibilidades propias del instrumento. De manera que se da una suerte de mímesis entre ambos; en este sentido el músico dice que el contrabajo es capaz de expresar una amplia gama de notas musicales y sin embargo no se las puede arrancar por mucho que se intente de igual forma el personaje no posee la capacidad de comunicarse, tal parece que con nadie y en especial con una cantante de ópera de quien está enamorado, y esta incomunicación --justifica el personaje-- parte del poco arreglo que existe entre la voz de la cantante y el contrabajo.

El contrabajo le ha robado la ilusión a su ejecutante, lo ha convertido en un hombre obscuro y pusilánime. El contrabajista, por su parte, lucha contra la rutina en que se manifiesta la omniprecencia del instrumento, siente que necesita hacer algo nuevo como gritar a la mitad de un concierto o bien renunciar a la orquesta, desea romper al contrabajo para así terminar con él, como quien termina con una mujer y obtener la libertad para poder amar a la cantante de ópera y dar fin a su soledad.

Süskind, sin obtener la misma intensidad narrativa alcanzada anteriormente en El perfume, logra mantener un tono descriptivo, producto de su oficio y erudición, que nos acerca lo suficiente a esos sentimientos de soledad y frustración de los que está impregnado su personaje, interpretándolos quizá, como síndromes de la sociedad moderna.

HECTOR L. ZARAUZ