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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1987

Daniel Pastor Juan García Ponce, Una lectura pseudognóstica de Balthus.


Juan García Ponce, Una lectura pseudognóstica de Balthus. Ediciones del Equilibrista México, 1987.

Durante los primeros años de nuestra era, y cuando ya Constantino había declarado al Cristianismo como la religión oficial del Imperio, surgieron múltiples sectas heréticas que apoyándose en viejas creencias paganas se mostraron renuentes a aceptar al pie de la letra los preceptos de la nueva fe. Este fue un suceso común lo mismo en Alejandría que en Antioquía, e incluso en la misma Roma; su recuerdo, sin embargo, guarda un valor puramente anecdótico.

El aplastante éxito del Cristianismo sobre estas sectas se debió a lo que hoy llamamos un buen trabajo de Marketing: reconocer una necesidad (espiritual, de un imperio en decadencia); crear un satisfactor de fácil aceptación (intelectualmente hablando); una espléndida distribución ("todos seremos salvados"); y, sobre todo, una gran campaña publicitaria.

Podemos suponer con tranquilidad que, al igual que Constantino desconocía los alcances de su decisión concerniente al Cristianismo, los primeros padres de la Iglesia desconocían el carácter imprescindible que en el lanzamiento de un nuevo producto --aunque se trate de una nueva religión-guarda la publicidad. Sin embargo, la nueva Iglesia Cristiana se dedicó a financiar artistas que llenaron de color y poesía la palabra del Señor, haciéndola accesible y atractiva para todos; además de brindar pictórica y musicalmente "la versión oficial". Podemos nombrar el caso de Mateo Paris quien bajo órdenes de los reyes de Inglaterra ilustra el Apocalipsis no como un libro terrible y sobrecogedor, sino como un romance religioso lleno de dragones, caballeros y damas en peligro, justamente con el toque necesario de extrañeza que hace a las historias seculares de magia y aventura tan atractivas al público laico.

De hecho, la Iglesia Cristiana beatifica las artes y embellece la religión de una misma pedrada, haciendo de Miguel Angel, Giotto y Rafael, los Riveras, Siqueiros y Orozcos de su tiempo y circunstancia. Cualquier interpretación del Paraiso, o de la Creación, o de los ángeles que no se acoplara con la ya clarísima "verdadera versión" sería catalogada de herética.

Este, fue el caso del Gnosticismo, doctrina neoplatónica, que repudiaba, entre muchas otras cosas, el carácter democrático del Cristianismo; para los gnósticos, sólo algunos pocos alcanzarían la salvación; aquellos pocos que lograran leer más allá de las meras palabras en las Sagradas Escrituras. La lectura literal es para el vulgo quien, por definición, no conocerá jamás el mundo de la Luz.

Quizás fue este carácter elitista el que obligó a los gnósticos a no utilizar los medios masivos de comunicación de la época como la pintura al fresco, la escultura y la arquitectura para ganarse más adeptos. Sea cual fuere la razón, esta doctrina que perseguía el conocimiento, que desconocía en el mundo la factura de un dios perfecto, cayó en el olvido sin haber dejado un Dante, un Milton o un Miguel Angel que nos la recuerde.

García Ponce no hace un análisis de la mercadotecnia cristiana, (la responsabilidad de la herejía deberá caer enteramente sobre mí), ni pretende definir las razones históricas que sumieron al gnosticismo en la noche de los tiempos; su intención es mostramos un nuevo sendero de apreciación plástica. En sus palabras, "no partir de la historia de las religiones para llegar a las obras, sino partir de la obra para llegar a la religión".

Se propone la "mera invención de un pintor gnóstico", reconociendo en la pintura del artista francés Balthus la representación pictórica de un sistema religioso que peleó con el Cristianismo por la supremacía espiritual de Occidente,

Por lo que respecta a Balthus, diferentes sensibilidades a través de la historia han reconocido la presencia de la magia o del ensueño en su obra; Octavio Paz escribe sobre el cuadro "La habitación":

La luz entra en sí misma y en ella se tiende,

es una piedra que respira y un caballo de lumbre,

la luz es una muchacha que se tiende

a los pies de la luz --un haz obscuro que clarea...

¿Pero quién iba a encontrar relación entre una de las más obscuras religiones de occidente, y un pintor cuyas reproducciones adornan las habitaciones de jovencitas en todo el mundo?

Una lectura pseudognóstica de la pintura de Balthus ofrece una conjunción de sensibilidad y racionalidad digna de cualquier gnóstico, al lograr leer tras de formas por si solas valiosas, un orden y una intención muy distintas a las que nuestra "ingenuidad cristiana" nos propondría. La pintura de Balthus siempre ha sufrido divisiones categóricas en cuanto a su contenido; antes de la aparición de este (por cierto) bello libro, se hablaba de cuadros de una gran melancolía, contrastados con otros de una terrible sensualidad y erotismo. García Ponce encuentra el común denominador dual al mostrar la maldad escondida en un paisaje otoñal, la inocencia en el terror. Balthus es mostrado como un pintor para quien la forma es un simple medio de expresión y "su ámbito es el silencio".

DANIEL PASTOR