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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1987

SOMBRAS DE STALIN

Author: Jan Patula


EL ESTALINISMO con todos sus derivados semánticos ha llegado a ser más un invectivo en la lucha política y en las discusiones ideológicas que un concepto preciso para designar la realidad concreta en la URSS en los años 1924-1953 y en los países de Europa central y oriental en el periodo de la posguerra de 1945-53. Es un tema en sí indagar en profundidad sobre el por qué este deslizamiento semántico del campo de lo real a la esfera "simbólica" con una connotación netamente negativa. Parece sostenible la tesis que ello obedeció a que el fenómeno real del estalinismo había sido desacreditado a tal grado que en su consecuencia perdió toda la identificación positiva de un grupo social e incluso de personas individuales. Recordemos que el sucesor de Stalin en la dirección del partido comunista soviético condenó durante el XX Congreso del PCUS el abuso del poder del "Guía Infalible" al revelar bajo el manto de "culto a la personalidad" toda una serie de crímenes cometidos o inspirados por él.

El fenómeno análogo se observa con el fascismo, aunque éste sufrió el colapso primero en los campos de batalla durante la Segunda Guerra Mundial y después en las mentes humanas. También en este caso se reveló a la opinión pública mundial la monstruosidad del sistema, lo que dio como resultado la desaparición de la ideología fascista capaz de movilizar a vastos sectores de la sociedad. El fascismo se anclé en la conciencia social como el sinónimo de lo excesivamente autoritario, intolerante de normas y conductas sociales e individuales y recurrente a la violencia como medio de imponer su voluntad. En síntesis, el término "fascista" se volvió un estereotipo para designar a una persona con tendencias reales o supuestas de tipo autoritario, empleándose como un insulto.

En ambos casos, la mutación semántica no debe impedir u opacar una investigación seria, basada en fuentes y testimonios directos con el fin de esclarecer y profundizar en el conocimiento de lo real. Además, la memoria colectiva de los pueblos debería estar sensible a cualquier tentación e intentos de imponer las soluciones de tipo fascista o estalinista. Puede ser tanto más cuanto sea mejor informada no sólo de los actos criminales sino de todo el engranaje del sistema y de los recursos sutiles y complejos que explotan para llegar y mantenerse en el poder. En el caso del fascismo abunda la investigación empírica y teórica y hoy día se cuenta con una inmensa publicación de todo tipo al respecto. No es una exageración el afirmar que una biblioteca universitaria no podría albergar el alud de libros científicos, testimonios, documentos y revistas sobre el tema.

En cuanto al estalinismo, la investigación seria y documentada que se hace en la URSS y en los demás países del bloque soviético se encuentra apenas en su fase inicial. Cabe señalar entre paréntesis que las obras literarias, cinematográficas y teatrales se han ocupado mucho más del tema recreando el ambiente, las formas de vida y sufrimiento, la idiosincrasia prevaleciente en aquellos años. Pienso, en concreto, en la aportación artística en Polonia, Hungría en las últimas tres décadas y en la URSS recientemente. Esta ausencia de una investigación científica sobre el estalinismo se debe principalmente a la falta de materiales confiables que podrían constituir la materia prima para tal investigación. En primer lugar, hay que constatar que los archivos soviéticos y en otros países de las "democracias populares" siguen siendo cerradas, excepto casos muy contados, a los historiadores profesionales. En segundo lugar, hay muy escasos testimonios, biografías y diarios de los dirigentes políticos de aquella época. En tercer lugar, resulta de poca utilidad, salvo propósitos específicos, por ejemplo en el estudio del lenguaje político, utilizar los discursos oficiales, los comunicados de prensa y los artículos de análisis en aquellos años para el conjunto de los países comunistas. El rasgo común de todos esos materiales radica en emplear el estilo impersonal, seco, de poco contenido real y de abundancia de figuras retóricas, en cuya consecuencia se crea en el lector la impresión del carácter monolítico de los aparatos del poder. Con estas observaciones me refiero al estudio de la clase política, respecto a sus maneras de pensar, las mentalidades y las preferencias personales de la élite del poder en la era estaliniana.

La aparición del libro: TERESA TORANSKA-ONI.DESESTALINIENS POLONAIS S'EXPLIQUENT, Flammarion, París, 1986, pp. 380; llena en parte el espacio vacío en esta materia y, por ende, contribuye a comprender mejor la idiosincrasia del grupo dirigente estaliniano en Polonia y, como lo tratamos de comprobar más adelante, también de la mentalidad de los altos mandos en otros países del bloque soviético.

La obra que nos sirve para dilucidar la mentalidad estaliniana consiste en la traducción del polaco de una serie de entrevistas con los principales protagonistas del nuevo régimen implantado en Polonia en 1944-45. La idea de interrogar acerca de su papel, las circunstancias del momento, las relaciones mutuas entre diferentes aparatos del poder y las personas que se encontraban entonces en la cima de ellos, incluyendo a los personajes y órganos soviéticos y de otros países de Europa del Este, nació en 1980. Recordemos que en este año se creó en Polonia una coyuntura muy favorable a recuperar el pasado inmediato, esclarecer los puntos oscuros y las manchas blancas, principalmente de la época inicial de Polonia Popular. Junto con el ascenso del sindicato "Solidaridad" y una vasta movilización social surgió la avidez por conocer la genuina historia del país, sobre todo de las tradiciones democráticas, así como de los periodos y los temas más ocultos. Originalmente la idea de entrevistar a los sobrevivientes de alto rango estalinistas fue patrocinada por una casa editorial oficial y tal vez por esta razón ellos accedieron a hablar de su pasado con una joven periodista. Sin embargo, cuando el manuscrito de las conversaciones fue entregado en 1984 para su publicación, la casa editorial, como era de esperarse, se negó a editarlas, ya que el ambiente cambió entretanto de manera muy radical: el estado de guerra, la suspensión y disolución de "Solidaridad" y otras organizaciones sociales, el retorno de la censura, etc., etc. Entonces, una editorial clandestina recogió el texto publicándolo en 1985 como la sensación del año. * En el año siguiente aparecieron ediciones en inglés, francés, alemán, sueco, holandés, sólo para hablar de las que tuvimos en manos o pudimos tener noticias.

La edición francesa conserva el título del libro en original polaco "Oni", que significa "Ellos". Con eso, los promotores de edición desearon poner de relieve el sesgo de la idiosincrasia popular polaca que así suele denominar a los detentores del poder para distinguir el "nosotros", la sociedad civil, privada de tener sus representantes ejerciéndolo. Cabe añadir que esta división dicotómica se ahondó aún más en los tormentosos tiempos de 1980-81 y los años siguientes. Las confesiones de los protagonistas estalinianos polacos, arrancadas a veces bajo presión de citas comprometedoras y de revelaciones de otras fuentes, no cambiaron esencialmente la relación entre ambas partes, pese a la defensa o justificación de la política seguida en la posguerra y el papel desempeñado por dichos protagonistas. Pero de ello hablaremos en seguida.

El libro puede leerse en dos niveles que se relacionan íntimamente: como una contribución a la historia contemporánea de Polonia y como un valioso testimonio esclarecedor de los mecanismos del poder, de las mentalidades de la élite gubernamental en todo el bloque soviético. En el primer caso, el texto representa una verdadera mina de datos, muchos de ellos desconocidos a la opinión pública nacional e internacional. En este sentido, se pueden reconstruir los resortes ocultos en la toma de decisiones en los momentos claves de la vida nacional, las diferentes opciones que se planteaban en el momento dado y la elección de una línea, política determinada. Más allá de los recuerdos de los convivios y los antagonismos personales y grupales se despeja el cuadro bastante complejo del ejercicio del poder en Polonia.

Dado que esta élite gubernamental se había formado durante varios años de antes y durante la Segunda Guerra Mundial en la URSS y que compartía el mismo ideal del sistema socio-político a construir que los comunistas soviéticos y de otros países, las entrevistas con los estalinistas polacos de entonces resultan reveladoras para la forma de pensar y actuar de los dirigentes comunistas en muchos otros países en esta época. Tanto más, que el movimiento comunista de entonces ostentaba ser homogéneo como nunca antes ni después. Las organizaciones internacionales comunistas en aquellos años la Tercera Internacional y la Kominform, sirvieron de hecho de vehículo para el sometimiento de las organizaciones comunistas nacionales a los designios de Moscú, a la política personal de Stalin, que habla impuesto por fuerza en la URSS, y al movimiento comunista internacional. Hoy en día se sabe por las revelaciones de los dirigentes comunistas que Stalin había logrado moldear a su imagen y semejanza al conjunto del movimiento comunista, recreando hasta los últimos detalles a los pequeños Stalins en cada país a costa de purgas y represiones.

Esta sumisión voluntaria o impuesta a los caprichos de la "Locomotora de la Historia", tal como fue llamado pomposamente Stalin, se extendió a los dirigentes comunistas del rango de Dimitrof, Togliatti y a los viejos bolcheviques sobrevivientes de las purgas de 1936-38.

Para la mentalidad estaliniana es sintomático el hecho de que sólo uno de los entrevistados, S. Staszewski, responsable de prensa en el Comité Central, rompió definitivamente con su pasado, reconociéndose como apóstata de la doctrina y la praxis comunistas que califica:

"Es el poder de una minoría sobre la mayoría Un reordenamiento social hecho contra la voluntad de la población. La obligación de profesar la doctrina oficial considerada como la única justa y obligatoria para todos. Una intolerancia total hacia otras concepciones sociales y políticas. En fin, el comunismo es el sinónimo de la privación de la libertad, privación de las libertades cívicas fundamentales y la supresión para los ciudadanos de la posibilidad de decidir su destino y el destino de la sociedad en la cual viven" (p. 159)

Por su parte, los restantes dignatarios entrevistados consideran el poder de las "democracias populares" como el de la clase obrera que "dispone de los medios de producción y que tiene a su Partido. La participación obrera en el gobierno se manifiesta en la acción del Partido" (p. 31). No se trata -tal como lo dice explícitamente la entrevistada J. Minc, la directora de la agencia noticiosa en la época estaliniana- de que toda la clase obrera gobierna, puesto que tal esquema habría correspondido con la visión anarquista, totalmente opuesta a la doctrina leniniana. Según esta última, y en boca de la señora Minc, el partido debe ser:

"La vanguardia obrera que gobierna; dicho de otra manera, un cuerpo seleccionado, el más combativo, entre los obreros miembros del Partido, de los representantes de los sindicatos y de los consejos obreros" (p. 31)

Otro aspecto trascendental de la mentalidad estaliniana se ubica en la legitimación del poder comunista. J. Berman, el número dos en el régimen de Polonia de entonces y encargado en el Buró Político de la ideología, la educación, la cultura, la propaganda, la política exterior, la seguridad estatal, incluyendo la supervisión de la policía política, responde de modo tajante a la pregunta si el poder del partido comunista se había apoyado sobre el consenso mayoritario de la sociedad, al afirmar:

"No había cuestión, como tampoco la hay, entregar el poder. Ahora tampoco podemos organizar elecciones libres, mucho menos en este momento que hace 10 ó 20 años, porque las perderíamos" (p. 286)

El derecho a acceder al poder y ejercerlo de manera exclusiva por parte del partido comunista deriva de que sólo él y ninguna otra fuerza pudo haber encontrado a finales de la Segunda Guerra Mundial la aceptación de la dirección soviética, de Stalin concretamente. Esta oportunidad histórica habría legitimado -en la opinión del principal ideólogo estaliniano en Polonia- al partido comunista a adueñarse del poder:

"Ahora puedo constatar una cosa: somos nosotros, los comunistas que hemos salvado a Polonia de lo peor. Sin nosotros, sería hoy día un Ducado de Varsovia (alusión a la restitución muy fragmentada de Polonia en 1806 por Napoleón-J.P.) un país truncado, un pequeño Estado en Europa central con posibilidades del desarrollo extremadamente limitadas si no inexistentes" (p. 290)

A pesar de la simbiosis ideológica de los comunistas polacos con los soviéticos, las relaciones entre ambos no se caracterizaron únicamente por la cordialidad. Aplicando los procedimientos psicoanalíticos se podría desenredar tal vez la actitud amor-odio que casi todos los dirigentes estalinianos polacos manifestaron hacia sus homólogos soviéticos. Por un lado, reconocieron como decisivo el papel de la URSS en la "liberación" de Polonia del yugo nazi y en la implantación del nuevo sistema, calificándolo "casi una copia fiel del modelo soviético" (p. 152). Pero por otro lado, los entrevistados revelaron sus esfuerzos de liberarse un poco de la aplastante tutela soviética, de defender los intereses nacionales frente a las presiones de la directiva soviética en cuestiones como: disminuir la entrega gratis del carbón, impedir el desmontaje de fábricas y equipos ferroviarios en los territorios ex-alemanes que habían sido entregadas a los polacos en virtud de los acuerdos internacionales, retardar la colectivización forzada del campo, mantener hasta cierto grado la tolerancia religiosa y de la Iglesia católica, diluir el imperio empobrecedor de la doctrina del realismo socialista en la vida cultural, dilatar los procesos-shows contra los supuestos "derechistas y nacionalistas", así como retardar las ejecuciones de penas de muerte, etc.

La razón profunda de seguir el doble juego con la cúpula soviética proviene de la naturaleza misma del sistema y de las condiciones históricas que estuvieron en el origen de la toma del poder por los comunistas polacos. La lealtad e identificación total de los gobernantes polacos de entonces con la U RSS no excluyó la percepción de una autonomía relativa para su país. Al menos así lo presentan los sobrevivientes estalinianos polacos. ¿Lo hacen para mejorar su imagen o realmente empeñaban sus esfuerzos en defender en lo posible intereses nacionales polacos? La respuesta definitiva sólo pueden darla los documentos comprobatorios de los archivos. La incógnita sigue en pie, no tanto por la natural desconfianza de los polacos hacia sus dirigentes de entonces como por las noticias, seguramente filtradas de los círculos del poder, según las cuales el mismo B. Bierut, el número uno del régimen, habría sugerido a los soviéticos adoptar el himno nacional soviético como el himno oficial polaco y, en otra ocasión, habría propuesto convertir a Polonia en una república soviética. Según la misma fuente no escrita, Stalin, por su realismo político, habría rechazado tal oferta, considerándola ridícula.

Pero hay que creer como cierto el profundo malestar de los dirigentes polacos en esta época que habían sentido por la constante intromisión de los asesores soviéticos en todos los aparatos del poder, especialmente en el ejército, cuyo jefe supremo había sido el mariscal Rokosowski, un ruso de origen polaco, y en las filas de los temibles servicios de seguridad, calcados según el modelo de la tristemente célebre NKWD. Aparte de los asesores soviéticos instalados desde el principio del régimen, los aparatos del poder de la URSS habían tenido a su disposición toda una red de agentes y soplones polacos cooptados a su servicio ya antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Algunos habían llegado incluso a ser miembros del Buró Político, la máxima instancia del poder. El sentido común nos indica que en esos casos el descontento de los directivos polacos es explicable por el rechazo natural de verse supervisados constantemente y, sobre todo, por ver amenazada su integridad física e incluso la sobrevivencia personal. El testimonio de Berman es muy conmovedor y acertado, tanto más que él había vivido esta experiencia en carne propia y habla tenido información abundante al respecto.

En síntesis, las entrevistas de T. Toranska con estalinistas polacos es un documento excepcional no sólo por la riqueza de datos y vivencias personales sino por las revelaciones acerca de los mecanismos del poder y la idiosincrasia de los cuadros dirigentes en aquella época en Polonia y en otros países del bloque soviético, ya que el proceso era similar en esta franja de Europa. Ellos mismos lo admitieron y no hay razón para no creerles en este aspecto porque los estudios sobre el tema lo comprobaron desde hace mucho tiempo.

Al estar en la cima del poder, los estalinistas creyeron firmemente en la inevitabilidad del proceso histórico, en el carácter progresista del sistema implantado y, por consiguiente, en el papel sumamente positivo desempeñado por ellos en altos puestos de responsabilidad política. Esta convicción los hizo inmunes a las noticias que les llegaban en la noche del estalinismo de la desaparición física de sus compañeros y familiares, de las detenciones arbitrarias de personalidades de la resistencia antinazi, de la guerra civil española, etc. En las entrevistas recordaron aquellos momentos llenos de terror como el precio que había que pagar por el "progreso" y las "transformaciones socialistas". Asimismo, reconocieron 30 años después que se habían cometido "errores" y "abusos" en el ejercicio del poder que habían arrojado "saldos negativos de este periodo". Pero en el balance global de aquellos años prevalecen en su sentir los logros positivos.

El cuadro de la mentalidad colectiva del "hombre estaliniano" que se desprende de las confesiones de altos dirigentes comunistas polacos de aquella época se asemeja al prototipo del "hombre unidimensional" de Marcuse, con algunas notables diferencias de matices propias del sistema instaurado. Los estalinistas de entonces eran en el fondo sus constructores y, a la vez, víctimas de él. A lo largo de las entrevistas se puede reconstruir como de rompecabezas la figura mental del hombre estaliniano más allá de los rasgos físicos y ésta se condensa en la preponderancia ideológica por encima de cualquier otra consideración ética, en el desprecio de los intereses materiales y espirituales del pueblo, los que no coincidían con la línea trazada de antemano e impuesta por la fuerza, en la aceptación de la violencia institucionalizada como el medio para acallara los enemigos reales y prefabricados, en la creencia en la infalibilidad de su política, en la negligencia de los altos costos sociales que su política cobraba. Pese a la constante movilización y la glorificación de las masas, persistió, en el fondo, una fosa de separación entre los dirigentes comunistas de entonces y las bases sociales, principalmente obreras, de las cuales esos dirigentes supuestamente se reclutaban y las que ostentaban representar. Ello se hizo evidente cuando con la desaparición del "Maestro y Guía Universal" en 1953 (5 de marzo) desapareció también el terror que sustentaba el sistema.

Por todo el carácter documental que contiene el libro y la luz que arroja sobre el periodo escasamente conocido queda pendiente expresar los votos para que una editorial en la lengua española se interese por el texto y lo publique lo más pronto posible.


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