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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1987

Introducción


HACE POCO más de treinta años Pierre Francastel publicó su libro Pintura y Sociedad,[Nota 1] en el cual plantea los lineamientos de la disciplina que él mismo denominó sociología del arte. Uno de los puntos fundamentales en la interpretación de Francastel es que las obras de arte no deben ser estudiadas únicamente como símbolos, sino, ante todo, como objetos necesarios en la vida de los grupos sociales. Añade el autor que, en el caso de las pinturas, en ellas no sólo deben verse temas anecdóticos sino que más bien debemos indagar el mecanismo social e individual que las hace legibles y eficaces.[Nota 2] Por lo que se refiere a la arquitectura, cabe la posibilidad de estudiarla desde el punto de vista de quienes patrocinaron la construcción de los monumentos, a nivel individual o de grupo. Es decir que, así como puede hablarse de una voluntad deforma, es legítimo aludir a una voluntad de patronazgo, cuyo estudio necesariamente lleva al análisis de la ideología del individuo o grupo que patrocina la o las obras.[Nota 3]

La arquitectura novohispana ofrece innumerables ejemplos donde el papel del patrono fue de primer orden. Es el caso de los cuatro santuarios erigidos durante el siglo XVIII en la ciudad de México, que fueron considerados por sus contemporáneos como auténticos baluartes que la protegían; uno a cada viento. Santuarios que estuvieron dedicados a la Virgen María, bajo distintas advocaciones, y cuyas imágenes se convirtieron en blasones ilustres de México.

La figura de María, bajo distintas advocaciones o formando parte de otros temas, llegó a este lado del Atlántico desde el momento mismo de la Conquista, paulatinamente adquirió importancia y en la época barroca conoció una auténtica apoteosis. Todos los habitantes de Nueva España, sin importar su condición social o preparación intelectual, rindieron culto a la Madre de Dios; así lo prueban la plástica, la literatura y otras manifestaciones artísticas.


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