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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1987

Conclusión


Como es fácilmente comprensible, la religiosidad y la piedad de los fieles novohispanos propició el desarrollo de distintas empresas artísticas, tanto dentro de la iglesia como entre los particulares, variando, por supuesto, la calidad de las obras. En el caso de la construcción de los santuarios se llamó a los más importantes artistas, aunque desafortunadamente no conozcamos sus nombres pues, tal como señaló hace algunos años Elisa Vargas Lugo, lo importante en esa época era dejar constancia de quién costeaba la obra y a cuánto ascendía la inversión.

Cierto que una investigación documental cuidadosa podría indicarnos algún nombre de artistas importantes. En el caso del Santuario de Guadalupe de México, al menos, sabemos que intervinieron en sendas obras del conjunto -la Basílica y la capilla del Pocito-- dos de los más afamados arquitectos novohispanos: Pedro de Arrieta y Francisco Guerrero y Torres.

Un último punto a considerar dentro de esta breve exposición se refiere a la trascendencia en tiempo y en espacio que logró la figura de María. Esta continuó siendo por varias décadas el punto de unión de los grupos sociales de Nueva España. Fue una especie de aglutinante de esa población heterogénea; sobre todo en su advocación de Guadalupe. La prueba más palpable de esta afirmación es el hecho de que Hidalgo, al momento de iniciar la revolución de Independencia -la tomara como bandera y que el grito de guerra fuera: ¡Viva la Virgen de Guadalupe! En contrapartida los españoles de la ciudad de México, al saber que los insurgentes se acercaban a México, nombraron generala del ejército realista a la Virgen de los Remedios.

El triunfo fue para los criollos, apoyados por indios y castas, y por consiguiente la Guadalupana confirmó su papel protector hacia el antiguo Anáhuac, de ahí en adelante denominado República Mexicana. El arquetipo sobrevivió con mayor fuerza y rebasó el ámbito nacional cuando fue declarada, casi al finalizar el siglo pasado, Reina de México y Emperatriz de las Américas. El patronazgo se extendía y los encargos artísticos se multiplicaron a medida que avanzaba nuestro siglo.

¿Y qué pasó con Nuestra Señora de los Remedios, Nuestra Señora de la Piedad y Nuestra Señora de la Bala? Alguien ha escrito que a nuevos mundos, nuevos santos; y parafraseando podríamos decir que a nuevas realidades políticas, nuevos símbolos: siendo aquéllos tres santuarios sostenidos por españoles, al salir éstos de México el culto a tales imágenes disminuyó considerablemente. Lo anterior, unido a otros acontecimientos ocurridos en el país, como la Nacionalización de los Bienes del Clero, dio por resultado la pérdida incluso de las imágenes. ¿Quién se acuerda ahora de Nuestra Señora de la Bala o de Nuestra Señora de la Piedad'? Esos dos escudos cumplieron con su papel pero se perdieron. De los cuatro baluartes que protegían a México sólo dos quedan en pie: Guadalupe y Los, Remedios, llevándose la palma el primero.

Sin embargo, los cuatro cumplieron con su papel. Dicho en otras palabras antes que símbolos fueron objetos -lugares- necesarios para la vida del virreinato. Nueva España vivió, pues, bajo el signo de María.


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