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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1987

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN Y LORENZO MEYER, HISTORIA GRÁFICA DE MÉXICO

Author: Jonh Mraz


Héctor Aguilar Camín y Lorenzo Meyer, Historia Gráfica de México Nos. 0 y 1, 1er. Fascículo del Vol. 4. Coordinador general Enrique Florescano, Eds. INAH y Fascículos Planeta, México, 1987; Nº 0,12 pp., Nº 1,16 pp. (ISBN 986-22-0292-2. ISBN 986-220293-0).

¡Ya llegó la decepción que faltaba! Nos parecía, a nosotros -al mundito que se interesa en la historia gráfica y quizá al "gran público" a quien va dirigida esta manera de contar el pasado- que el INAH iba a producir la obra maestra de esa naciente disciplina. Con los recursos económicos y humanos de esa institución, con la colaboración de historiadores de la talla de Enrique Florescano y Héctor Aguilar Camín y con el acceso -tan importante en México pues depende tanto de relaciones personales y políticas- a las grandes colecciones públicas, esperábamos mucho de la Historia Gráfica de México.

Nuestras esperanzas se fundaron no sólo en el equipo que el INAH había formado para esta serie, sino también en algunas obras recientes de historia gráfica. Por un lado, libros como El poder de la imagen y la imagen del poder y Jefes, héroes y caudillos: archivo Casasola habían demostrado una seriedad muy poco vista antes en ese campo. Por el otro lado, si las series subvencionadas por el gobierno que habían aparecido anteriormente tenían sus tropezones -la lamentable pobreza gráfica de Memoria y olvido: Imágenes de México y el oficialismo de Así fue la Revolución Mexicana y de Biografía del poder- por lo menos entendían que un primer paso hacia un cierto rigor consistía en documentar las imágenes que usaban. Obviamente, sin tal documentación no se puede hablar ni siquiera de un "catálogo de ilustraciones" -algo que los coordinadores de Historia Gráfica de México evidentemente "olvidaron".

No esperábamos que esta serie editada por el INAH y Editorial Planeta fuera la versión definitiva -falta demasiado trabajo de investigación en archivos públicos y privados para poder soñar en eso- pero sí esperábamos que esos distinguidos historiadores llevarían a esta tarea la misma disciplina, el mismo profesionalismo, el mismo empeño que han mostrado en sus investigaciones históricas sobre fuentes escritas. A mi parecer, una historia gráfica necesariamente debe empezar con investigaciones sobre el material gráfico, pero suponiendo que tal propósito no se lleve a cabo por lo menos debería existir una relación dialéctica entre la investigación gráfica y la escrita, alguna señal de que se está haciendo una verdadera historia gráfica. Desgraciadamente, por lo que se puede ver en los primeros dos fascículos, no ha habido ninguna investigación gráfica real, y menos una investigación a fondo.

En su presentación nos dicen que van a proporcionar "una documentación gráfica sin precedentes." (p.8, No. 0) ¿Pero, qué es lo que nos ofrecen? En primer lugar, fotos conocidas de memoria que perdieron hace mucho su capacidad de mover o hacer pensar al público: Díaz y su gabinete; Villa, Zapata y la silla presidencial; el motín fuera de la fábrica "Río Blanco". En segundo lugar, fotos copiadas de libros, un hecho evidente por su enorme grano y su pésima calidad. En tercer lugar, fotos en las que no se ve lo que ostensiblemente están tratando de probar con el pie, como en la foto de la página 9 (4: 1) que quiere mostrar una ejecución pero -- ¿quién sabe?- lo que se ve son unos soldados en el primer plano y unos árboles en el fondo. Junto con esas imágenes borrosas van descripciones abstractas que invitan al público a entrar en generalizaciones vacuas. En lugar de usar la particularidad de la foto histórica para presentar la especificidad de la fracción de segundo que embalsama, las fotos aquí sirven -otra vez- para representar y para ilustrar generalidades históricas.

El impacto de la foto histórica reside, en gran medida, en su capacidad para despertar en su público el sentimiento de cómo sería estar en ese contexto. Eso, no se puede hacer con fotos conocidas hasta el hartazgo, fotos copiadas de libros, fotos mal seleccionadas y fotos mal acompañadas con pies inadecuados. Se requiere de una investigación de fuentes primarias, seria y profunda, para llevar al público imágenes frescas, inéditas y específicas. El lugar más obvio para empezar tal investigación -sobre todo para el INAH- es su propia Fototeca en Pachuca. Es impresionante la riqueza de su material, la calidad de sus copias, y los conocimientos del personal que trabaja ahí. También se puede uno dar cuenta de que tiene una gran cantidad de material inédito y de valor excepcional que no ha sido publicado en los volúmenes de Casasola o en cualquiera otra serie posterior. Por las fotos de los primeros dos fascículos de Historia Gráfica de México se ve que no se molestaron en hacer investigaciones en su propio archivo, a pesar de lo que sostienen en su lista de créditos.

La falta de una investigación real de imágenes se hace evidente también en el uso excesivo de pinturas en el fascículo 1 del volumen 4, donde casi la mitad de las imágenes son cuadros o detalles de murales conocidos hasta el aburrimiento. Mientras las pinturas son fundamentales para contar la historia gráfica de las épocas anteriores al siglo XX, su utilización en un periodo donde existen recursos fotográficos sin límite crea más problemas de los que resuelve. Así, en lugar de la objetividad que prometían en la presentación, este uso de pinturas nos aleja más de la realidad histórica que la foto. Obviamente, nos hubieran podido mostrar la visión de Siqueiros, Orozco, o Rivera de la historia mexicana -siempre y cuando el historiador se centrara en el estudio del discurso de esas imágenes, analizando su sintaxis estética en lugar de usarlas para describir y representar Hechos históricos. Esto sí sería un aporte relevante y útil. Pero no es ese su interés aquí; la reproducción de ese material nos deja -en una frase clave de Nietzsche- "bobeando ante pensamientos que otros han pensado." Lejos de ponernos en un contacto sensual con el pasado a través de la frescura de imágenes inéditas -recuperadas por una investigación rigurosa- nos encontramos frente a "más de lo mismo."

Evidentemente, los coordinadores Pensaron que la receta de hacer historia gráfica era fácil: empiezas con una base de dinero fuerte, añades el prestigio del INAH y de unos historiadores conocidos, lo mezclas bien con la investigación de unos jóvenes a quienes si bien les falta la experiencia *en investigación gráfica compensan su carencia con energía y la necesidad de trabajar. Es una historia gráfica como mole de lata; rápido pero insustancial y, en este caso, carísima porque llegará a costar ¡más de 200,000 pesos! Aunque el "gran público" tiene que abrir latas de vez en cuando, siempre prefiere el mole de la abuela, hecho con experiencia, tiempo y cariño. La historia gráfica es una forma de contar el pasado que apenas se está definiendo, que se está cocinando lentamente y empieza a tomar los sabores de la mezcla del rigor de la disciplina histórica y de la técnica moderna. En lugar de ofrecernos una verdadera historia gráfica, esta serie nos ofrece simplemente otra historia ilustrada, y estamos -tanto los historiadores gráficos, como el "gran público" hartos de ese refrito tan banal y aburrido. Los historiadores que coordinaron esta Historia Gráfica de México nos habían enseñado a esperar tanto de ellos -de su disciplina, de su rigor, de su investigación- que es una lástima que no esperaran un poco más de sí mismos... y de las posibilidades de una verdadera historia gráfica.

JOHN MRAZ


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