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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1987

"AFINIDADES ELECTIVAS ENTRE SOCIOLOGÍA Y LITERATURA"

Author: José Ma. Gonzalez


¿PODEMOS hoy ya dar por concluida la polémica entre las dos culturas? La disputa entre las ciencias del espíritu y las ciencias de la naturaleza convertida, gracias a la controversia entre C.P. Snow y F.R. Leavis, en una disputa entre dos culturas irreconciliables, hunde sus raíces en discusiones precedentes del siglo XIX. Y, tal vez acercando la polémica a nuestros lares, podríamos decir que la separación de las dos culturas se encarnaba en la vida cotidiana de aquel Bachillerato que tuvimos que soportar hace años, en la enemistad y enfrentamiento declarado entre los de "ciencias" y los de letras Esta no sería más que una forma doméstica, provinciana e inconsciente de participar en una polémica más amplia que impregna gran parte del horizonte cultural occidental en los siglos XIX y XX.

Pues bien, en los últimos años asistimos a diversos planteamientos que intentan superar la dicotomía entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu, introduciendo un tercer elemento de discordia. Haber más, por un lado, ha hablado de un tercer tipo de ciencias, las ciencias crítico-reconstructivas, que se basan en un interés del conocimiento propio: el interés en la emancipación del género humano a través de la reflexión racional. Pero este artículo no quisiera ser un grano de trigo más que sirva para aumentar el granero de la "moda Habermas". Desearía referirme, más bien, a otro planteamiento distinto: el de Wolf Lepenies en su reciente obra "Die drei Kulturen" (Las tres culturas).[Nota 1]

Lepenies afirma la necesidad de considerar a las ciencias sociales en general, y a la sociología en particular, como una tercera cultura entre la ciencia y la literatura. La sociología surge con pretensiones de cientificidad y, al mismo tiempo, entra en competencia desde la primera mitad del siglo XIX con toda una serie de literatos y críticos que configuran la élite intelectual. Literatos y sociólogos, literatura y sociología, compiten desde hace ciento cincuenta años en describir e interpretar la sociedad burguesa, en analizar las consecuencias de la industrialización y en ofrecer al hombre moderno una orientación de su conducta y de su ser-en-el-mundo.

Sobre esta concurrencia entre literatura, sociología y ciencia habla Lepenies en su libro desde la perspectiva, además, de tres culturas nacionales: Francia, Inglaterra y Alemania. Yo quisiera referirme, más modestamente, a las "afinidades electivas" entre literatura y sociología en el caso concreto de Max Weber.

Pero antes, una palabra sobre las "afinidades electivas". Lo he elegido como título porque lleva en sí impreso un hilo conductor que une las tres culturas: la científica, la literaria y la sociológica. Como es bien sabido, la idea de "afinidades electivas" es utilizada por primera vez en 1775 en el tratado de química titulado "De attractionibus electivis". Aquí Torbern Bergman, químico sueco, utiliza el término para referirse a las combinaciones químicas en que dos elementos fuertemente unidos se disocian de una manera necesaria en presencia de un tercero que ejerce sobre uno de los dos una mayor atracción o afinidad que la ejercida en la primera combinación.

Goethe, como científico, se interesa por el tema y lo convierte además en un tema literario al publicar en 1809 su novela titulada precisamente Die Wahlverwandschaften (Las afinidades electivas). Aquí Goethe aplica el concepto a las relaciones humanas. Así, en el capítulo IV de esta novela, el capitán, tras explicar la utilización química del concepto, hace la siguiente generalización:

"Imagínese una A íntimamnente unida con una B, sin poderse separar ni por muchos medios ni por mucha fuerza; imagínese una C que tiene esa misma relación con una D; ponga en contacto ambas parejas: A se precipitará sobre D y C sobre B, sin que se pueda decir quién abandona antes a quién, ni quién se ha vuelto a unir antes al otro".[Nota 2]

A continuación, el contertulio aplica esta generalización al caso concreto de las relaciones entre los cuatro protagonistas de la novela. Y toda la obra es una reflexión sobre el conflicto entre el amor matrimonial, institucionalizado, y la pasión incontrolada y desbordante: una afinidad mayor rompe necesariamente y con una fuerza demoníaca irresistible una unión anterior.

Por último, Max Weber traslada el tema desde la literatura a la sociología en uno de los puntos fundamentales de su argumentación sobre la ética protestante. Aquí las "Walhverwandschaften" se convierten en la clave de bóveda explicativa de las relaciones entre la ética del protestantismo ascético y el capitalismo. O, generalizando, disertando sobre las ideas y la sociedad. Es el momento en que Weber quiere desmarcarse de las interpretaciones mecanicistas e idealistas. Rechaza una interpretación economicista que pretenda explicar la Reforma protestante como una necesidad de la evolución histórica debida a transformaciones de orden económico. Pero también reniega de la tesis doctrinaria que quiere entender el capitalismo como un mero producto de la Reforma. Y ahora hace su aparición la idea que Goethe había tomado prestada de la química de su tiempo. Dice Weber:

"Dada la variedad de recíprocas influencias entre los fundamentos materiales, las formas de organización político-social y el contenido espiritual de las distintas épocas de la Reforma, la investigación ha de concretarse a establecer sí han existido, y en qué puntos, "afinidades electivas "entre ciertas modalidades de la fe religiosa y la ética profesional".[Nota 3]

Weber no aplica el concepto sólo al caso de la ética protestante, sino también a las relaciones más generales entre ideas y sociedad. Las ideas son "afines" a las necesidades de los individuos y los grupos que las mantienen. No se puede pensar cualquier cosa, sino que el pensamiento requiere una "estructura de plausibilidad" que lo haga creíble. Sólo podemos mantener ciertas ideas en el contexto de la vida de un grupo y de sus intereses vitales. Pero, por otro lado, no hay una determinación estricta. Tenemos la posibilidad de "elegir", de entre todas las ideas "afines" a una situación histórica o a una posición social, aquélla o aquéllas que queremos realizar.

Así pues, el concepto de "afinidades electivas" atraviesa las tres culturas: surge en la química, es redefinido literariamente para analizar la química de los afectos humanos y, por último, es trasladado a la sociología para explicar literariamente las relaciones, no siempre claras, entre el pensamiento y la realidad social.

Pienso que las relaciones entre sociología y literatura son bastante complejas. Hay influencias mutuas claramente reconocibles, pero también existen, a veces, caminos paralelos e incomunicados. En más de una ocasión ha habido interpretaciones sociológicas y literarias de una época que han coincidido plenamente y que, sin embargo, han permanecido en la ignorancia mutua. Sociología y literatura son, pues, dos registros diferentes de análisis de la realidad social que pueden influirse mutuamente, pero que también, y por desgracia es lo más frecuente, pueden ignorarse.

Quisiera ejemplificar en torno a la obra de Max Weber tres formas de "afinidades electivas" entre estas dos culturas. En primer lugar, lo que podríamos llamar descubrimientos independientes: La ética protestante de Weber y Los Buddenbrook de Thomas Mann. Ambas obras tratan el tema de las relaciones entre ética protestante y desarrollo del capitalismo. Podemos afirmar que Thomas Buddenbrook no es sólo un concreto burgués alemán, sino el símbolo del burgués moderno sobre quien escribe en la misma época Max Weber. Es el "tipo ideal" del "ético productivo", sobrecargado y sobreentrenado, que trabaja hasta el agotamiento y sujeta su vida a un método, convirtiendo su tiempo en tiempo de trabajo, impulsado por el ideal ascético del deber profesional e impulsando, a su vez, el desarrollo del capitalismo.

Los Buddenbrook novela las experiencias personales y familiares de Thomas Mann, como él mismo reconoce. La obra gravita sobre esa experiencia vivida y no sobre las tesis mantenidas por los sociólogos coetáneos. En esa trabajosa obra de autoinvestigación literaria y política que es "Consideraciones de un apolítico" escribe Thomas Mann:

"Atribuyo alguna importancia a la constatación de que he sentido e inventado completamente por iniciativa propia, sin lectura alguna, por comprensión directa, la idea de que el hombre de trabajo capitalista moderno, el bourgeois con su idea ascética del deber profesional, es una criatura de la ética protestante, del puritanismo y del calvinismo, y sólo a posteriori, poco tiempo atrás, he advertido que esa misma idea había sido simultáneamente pensada y expresada por pensadores eruditos. Max Weber en Heidelberg, y tras él Ernts Troeltsch, trataron acerca de "la ética protestante y el espíritu del capitalismo", y esta idea se halla llevada a su mayor expresión en la obra "Derbourgeois", de Werner Sombart, aparecida en 1913, la cual interpreta al empresario capitalista como síntesis del héroe, del comerciante y del burgués".[Nota 4]

Cuando Thomas Mann se pregunta por el antecedente común a la sociología y a la literatura en esta serie temática "calvinismo, burgués héroe", llega a una conclusión: el intermediario Nietzsche. Sin la obra de Nietzsche, ni el novelista habría podido ver la figura de su héroe tal como la vio, ni el sociólogo hubiera llegado a su principio teórico protestantismo-capitalismo. De esta manera, Thomas Mann admite explícitamente la influencia de Nietzsche en su obra. Por otro lado, el trasfondo nietzscheano de bastantes planteamientos de Max Weber está suficientemente analizado y probado. Pero tal vez haya que buscar la raíz de la coincidencia entre el literato y el sociólogo no en la filosofía de Nietzsche, sino en la obra de Goethe y en la propia experiencia vital de Weber y Mann. Sociología y literatura expresan, en claves culturales diferentes, las vivencias del autor en su propia sociedad.

En segundo lugar, la influencia de la sociología en la literatura podría rastrearse siguiendo la huella de los motivos weberianos en la obra posterior de Thomas Mann. Se podrían comprobar fácilmente estas huellas en "Doktor Faustus", en "La muerte en Venecia" y en "José y sus hermanos". Para esta obra, Mann leyó y anotó profusamente el ensayo de Weber sobre el judaísmo antiguo. Pero no quisiera extenderme más por este camino. Prefiero analizar la influencia de Weber en la literatura en otro caso más difícil: el caso Kafka.

Se trata de una influencia indirecta de Max Weber a través de su hermano Alfred Weber sobre Kafka. Y precisamente en el tema que constituye, a mi juicio, el leit-motiv fundamental de la obra literaria de Kafka: la obsesión burocrática, el absurdo de este sistema de organización social que se ha impuesto de una manera inevitable en todas las facetas de la vida, ahogando la espontaneidad e impidiendo la libertad.

La relación entre Alfred Weber y Kafka es sencilla de. aclarar: Kafka obtiene el 18 de junio de 1906 el grado de Doctor en Derecho con una tesis dirigida precisamente por Alfred Weber, quien poco tiempo antes había sido llamado a la Universidad alemana de Praga como catedrático de "Economía Política". Pero la relación no termina aquí, sino que trasciende lo académico y llega al campo literario. Alfred Weber publica un largo artículo en "Die neue Rundschau" en 1910, titulado "Der Beamte" ("El funcionario"). Pues bien, este artículo es el precedente directo de una de las narraciones más alucinantes de Kafka: "In der Strafkolonie" ("En la colonia penitenciaria") publicado en 1919. De esta manera es posible establecer "afinidades electivas" entre los hermanos Weber y Kafka en el tema de la burocracia. La cara oscura del proceso de burocratización es analizada en dos registros diferentes: el literario y el sociológico. Hoy, cada vez que nos acercamos al funcionamiento real de la burocracia, acabamos calificándola de "kafkiana". Pero también podríamos llamarla "weberiana", haciendo así justicia a la crítica sociológica que ambos hermanos realizan.

Debido a que Max Weber es tenido, y con razón, como el principal teórico de la racionalidad burocrática se hace necesario recordar su crítica amarga y desesperada. En este tema aparece una vez más el doble rostro de Jano que Weber poseía. Si, por un lado, realiza una exposición aséptica, neutral y objetiva del "tipo ideal" de burocracia, por otro, hace una crítica despiadada e intenta poner límites al proceso de burocratización. Me voy a referir sólo a uno de los textos de Max Weber fundamentales para mi argumentación. Se trata de su famosa intervención de 1909 ante la Asamblea del Verein für Sozialpolitik. Aquí, Max Weber, tras declarar su total acuerdo con su hermano Alfred en la crítica a la burocracia, acaba comparando a ésta con un gran aparato mecánico cuyo avance incontenible es imposible de frenar.

Esta comparación con la máquina es muy significativa. Para Max Weber, la burocracia mantiene su eficacia gracias a la jerarquía administrativa que regula todos los asuntos objetivamente, con precisión y "sin alma", precisamente como una máquina. De esta forma "la superioridad técnica del mecanismo burocrático es tan indiscutible como la superioridad de las máquinas sobre el trabajo manual". Como engranajes de esta maquinaria, Weber describe la tendencia a aferrarse a un puestecillo para escalar inmediatamente el siguiente, la tendencia conservadora a considerar a la burocracia como una fuerza neutral y superior a los intereses de clase o partido y la pasión por ser "hombres de orden". Estos tres engranajes contribuyen a mantener el buen funcionamiento de la maquinaria. Pero, según Max Weber, se trata de buscar qué "debemos oponerle a tal mecanismo para dejar libre a una pequeña parte de la humanidad de esta parcelación del alma, de este dominio absoluto del ideal de vida burocrático".

En su artículo sobre el funcionario, Alfred Weber hace un análisis histórico del proceso de burocratización y una dura crítica de aquellos que quieren ver el "espíritu del tiempo" en el espíritu muerto y vacío del aparato y mecanismo burocrático. Describe cómo se levanta un monstruoso aparato en nuestras vidas, que posee la tendencia a invadir esferas de la existencia hasta entonces libres y naturales para encerrarlas en departamentos y subdepartamentos. Un aparato que posee el veneno de la esquematización y mata todo lo que le es ajeno, individual y vivo.

"-Es un aparato singular- dijo el oficial al explorador, y contempló con cierta admiración el aparato, que le era tan conocido".[Nota 5]

Así comienza Kafka su relato "En la colonia penitenciaria". El aparato burocrático weberiano se ha transformado literariamente en una máquina de tortura y exterminio. Todo el que haya leído el relato recordará la pormenorizada y "kafkiana" descripción del aparato que hace el oficial ante la indiferencia del explorador. El artefacto ha sido diseñado por el antiguo comandante de la colonia penitenciaria para escribir sobre el cuerpo del condenado, con sangre y hasta la muerte, la disposición que ha violado. Por ejemplo, las palabras que van a ser inscritas en el cuerpo del condenado allí presente son: "Honra a tus superiores". Ante las preguntas del explorador visitante, el oficial juez y ejecutante de la sentencia al mismo tiempo- describe otro proceso judicial "kafkiano" cuyo principio fundamental es éste: la culpa es siempre indudable.

Pero corren malos vientos en la colonia penitenciaria. El procedimiento judicial y el método de castigo son ahora defendidos sólo por el oficial, que se ha convertido en sostenedor de la tradición del antiguo comandante y en jefe de mantenimiento de un aparato que apenas funciona por falta de presupuesto. Después de un intento fracasado de convencer al explorador para que se ponga de su parte y defienda la santa y justiciera tradición, el oficial ocupa el lugar del condenado y se ejecuta a sí mismo en la máquina. Pero ésta también acaba destruyéndose por su mal funcionamiento.

"El rostro del cadáver del oficial era como había sido en vida; no se descubría ninguna señal de la prometida redención; lo que todos los demás habían hallado en la máquina, el oficial no lo había hallado; tenía los labios apretados, los ojos abiertos con la misma expresión de siempre, la mirada tranquila y convencida y, atravesada en medio de la frente, la punta de la gran aguja de hierro".[Nota 6]

La relación entre el ensayo "Der Beamte" y la narración corta "In der Strafkolonie" no es sólo metafórico ni se basa sólo en la continuidad de la idea del aparato. Como Astrid Lange-Kirchheim se ha ocupado de demostrar fehacientemente, hay una coincidencia temática, un solapamiento y paralelismo estrecho entre el ensayo sociológico de Alfred Weber y el relato literario de Kafka[Nota 7]. Es más, "El funcionario" es una fuente directa de "En la colonia penitenciaria".

Por último, analizaré la influencia de la literatura en la sociología a partir de las relaciones entre Goethe y Max Weber. Quisiera mantener la tesis, un tanto atrevida, de que gran parte de los elementos teóricos que configuran los hallazgos fundamentales de la sociología weberiana son variaciones sobre temas de Goethe. Me parece que una relectura de Weber en clave goethiana sería sumamente interesante y, que yo sepa al menos, está todavía por hacer.

Esto es particularmente cierto en "La ética protestante", donde Goethe aparece de una manera explícita en los puntos fundamentales de la argumentación. Ya me he referido antes al concepto de "afinidades electivas", clave para explicar las relaciones entre conocimiento y realidad social.

En las últimas páginas de La ética protestante, donde Weber expone de una manera más clara su propia postura personal, surge de nuevo Goethe.

"A decir verdad, la idea de que el trabajo profesional moderno posee carácter ascético no es nueva. Es lo mismo que quiso enseñarnos Goethe desde la cima de su profundo conocimiento de la vida, en los "Wanderjahren" y en la conclusión del Fausto, a saber: que la limitación al trabajo profesional, con la consiguiente renuncia a la universalidad fáustica de lo humano, es una condición del obrar valioso en el mundo actual, y que, por tanto, la "acción" y la "renuncia" se condicionan recíprocamente de modo inexorable; y esto no es otra cosa que el motivo radicalmente ascético del estilo vital del burgués (supuesto que, efectivamente, constituya un estilo y no la negación de todo estilo de vida). Con esto expresaba Goethe su despedida, su renuncia a un periodo de humanidad integral y bella que ya no volverá a darse en la historia, del mismo modo que no ha vuelto a darse otra época de florecimiento ateniense clásico" [Nota 8]

Como el propio Weber reconoce, la idea central de "La ética protestante" tiene contraída una gran deuda con Goethe.

Pero no acaban aquí las afinidades. En 1810 y 1817 Goethe lee la autobiografía de Franklin, que deja una huella clara en sus 'Vanderjahren". Pues bien, son también las obras de Franklin (Advertencias necesarias a los que quieren ser ricos, Consejos a un joven comerciante) las que Weber toma como ejemplo del "espíritu del capitalismo", de esa "filosofía de la avaricia" cuyo ideal es el hombre honrado digno de crédito y, sobre todo, la idea de una obligación por parte del individuo frente al interés reconocido como fin en sí- de aumentar su capital.

También el tema weberiano de las consecuencias imprevistas de la acción (tema que germinará más tarde en la teoría funcionalista de Merton) tiene una honda raigambre goethiana. Las consecuencias no previstas de la acción se imponen sobre las intenciones de los individuos y así, por ejemplo, el ascetismo actúa como aquella fuerza--que siempre quiere el bien y sin embargo origina necesariamente el mal". En otros ensayos de sociología de la religión también aparece Goethe. Así, por ejemplo, al final del ensayo sobre el confucianismo, Weber compara al confuciano con el viejo Fausto en su relación con la magia.

Por otro lado, se ha señalado frecuentemente (Winckelmann, Bobbio) que los tipos puros de dominación legítima -tradicional, legal y carismática- tienen su fuente de inspiración en el pensamiento de Goethe. Este señala en los "Wanderjahren" tres etapas de la cultura occidental que representan tres formas simbólicas: Sitte, Vernunft, Glaube (costumbre, razón, creencia).

Y en los escritos políticos, los temas goethianos del "daimon" y del pacto con el diablo resuenan también constantemente. La política es un lugar de lucha irreconciliable entre "demonios" contrapuestos, entre diversas cosmovisiones. "El mundo está regido por los demonios y quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo".[Nota 9]

Esta es, desde luego, un recuento superficial de las "afinidades electivas" entre Goethe y Weber. Una exposición más detallada de las relaciones entre estos dos autores me sobrepasa en estos momentos, ya que sería necesario un mayor conocimiento literario y sociológico. Espero poder hacerlo en el futuro o, al menos, que estas páginas sirvan para transmitir la antorcha y que otro la lleve más lejos.


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