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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1987

6.Criatura es el hombre de agua y fuego


De entre las cinco series de Villancicos que, por sólidas consideraciones, Méndez Plancarte calificó de "atribuibles" a nuestra monja jerónima, separaré partes dedos singularmente bellas por sus exquisitas comparaciones entre la vida de la naturaleza y el interior del hombre.

Quienes asistieron a la "Santa Iglesia Catedral de la Puebla de los Angeles" a los "Maitines que se cantaron" en la fiesta "del gloriosísimo Príncipe de la Iglesia, el Señor San Pedro en 1690" [Nota 28] se encontraron con este "estribillo exquisito"[Nota 29] en que el gemido de la paloma, el canto que es llanto de la tortolilla, simboliza la compunción del corazón de Pedro, hecho infante, abierto al reino "si no se hacen como niños" una vez consciente de la negación. El despunte de la aurora y su itinerario -sin duda llevado adelante por el corazón humano- hacia el llanto o la risa, es tema del "Siglo de Oro" español; Calderón dice en Eco y Narciso: "Salió otra aurora, no sé / si a llorar o a reír"[Nota 30]. La petrina negación es representada por dos estupendas figuras: el náufrago bajel y el castillo que va a la ruina.

"Cuando perlas de risa

llora la Aurora,

dime tú, Totolilla,

¿por qué lo gimes arrulladora?

-Porque, porque yo me lo sé;

más óyeme tú, que yo lo diré.

Velero un bajel rizaba

apenas del mar la espuma,

tan presumida de pluma

su jarcia, que le volaba;

duro escollo, a quien le lava

con témpanos de cristal,

mar aleve, el pie fatal

escalinándose en él,

en trozos sembró el Bajel:

naufragio que el Cielo llora...

Bien volaba y mal se vía,

esclarecido almenaje

que de airón o de plumaje

a un Castillo le servía:

un temblor que sacudía

los montes como una pluma,

dio con el Castillo en suma

por el suelo y bien se ve

que Pedro el Castillo fue:

estrago que el Cielo llora"[Nota 31].

La caída de Pedro en el lago de Tiberíades [Nota 32] y su negación en el "castillo" del Sumo Sacerdote[Nota 33] están poetizadas en estos versos con maestría singular.

Casi un arrebato místico es el feliz conjunto de un movidísimo estribillo y las no menos felices coplas que parecen jugar a una lid entre el fuego y el agua de los villancicos a San Pedro cantados en la Angelópolis en 1680.

La volátil, nerviosa y bella mariposa -la dulce pero frágil vocación de Pedro- se acerca al fuego -fuego real de las nocturnas fogatas en la casa de Caifás, fuego invisible de la tentación-; sólo el agua fuerza bautismal, primigenia puede salvar el caso. Una figura de la tradición prehispánica, no tenida en cuenta por Sor Juana, la contradictoria "Mariposa de Obsidiana", podría haber hecho aquí su papel:

"¡Que se abrasa, señores,

la Mariposa!

¡Ay Jesús, que se quema

y el aire sopla!

-¿No la veis cómo huye?

Ya se remonta.

¡Mariposa parece

lo que es Paloma!...

Al agua, al agua, Pedro,

que es cosa misteriosa,

tener siempre en el agua

las medras tan dichosas.

Guardaos, guardaos del fuego,

a cuya luz dudosa

errasteis el camino

errasteis la derrota.

¡Llorad, divina Piedra!

¡Volad, mansa Paloma

al pecho del Esposo,

al nido de su roca! [Nota 34]

"Hijo de la paloma" era el nombre original de Pedro. La voz del Amado del Cantar de los Cantares, dice:

"Levántate amada mía,

hermosa mía y ven...

Aparecen las flores en la tierra,

el tiempo de las canciones ha llegado,

se oye el arrullo de la tórtola

en vuestra tierra...

Paloma mía, en las grietas de la roca,

en escarpados escondrijos,

muéstrame tu semblante,

déjame oír tu Voz..."[Nota 35].


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