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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1987

EL "NACIONALISMO" NO ES HUMANISMO*

Author: Louis Panabiere


*Este texto es la segunda y última parte de Saber y Poder en Jorge Cuesta, cuya primera mitad publicamos en el número anterior.

LA primera observación esencial que ha lugar a propósito de Cuesta en el tema tan controvertido del nacionalismo, es la constatación de una contradicción- entre su obra y los juicios hechos sobre el escritor. En efecto, es clara para un pretendido "descastado" la insistencia recurrente en sus escritos sobre el problema de las relaciones entre el hombre y la nación. La indiferencia o el encogimiento de hombros en este campo, como es el caso de algunos intelectuales, habrían podido ser significativos de una oposición refractaria a esta problemática. No es así en absoluto. A lo largo de la obra crítica de Cuesta, sea en los dominios de la literatura, arte, hechos sociales o política, se plantea siempre el problema de la cultura nacional; y no es que se plantee. para ser negado o rechazado, sino para ser colocado en una óptica diferente de la del Estado. De ahí ha surgido el malentendido o contrasentido en torno a su obra, ya que para Cuesta se trata de definir la mejor manera de adecuar la cultura mexicana y el mexicano en función de una idiosincrasia fundamental y no de necesidades políticas. Para él, el "Nacionalismo cultural" propuesto por el Estado es lo contrario justamente de una verdadera cultura nacional. La nacionalidad, la identidad original de una cultura no deben injertarse a un proyecto estatal, sino ser la expresión del hombre en un contexto determinado, en el curso de una historia que lo envuelve. La cultura nacional es un hecho humanista, es decir, la posibilidad de surgimiento de un fenómeno humano*, un factor de existencia de separación constitutiva,. Por el contrario, el "Nacionalismo cultural" es un signo negativo, antihumanista en la medida en que somete al hombre a normas culturales impuestas, sustituidas alrededor de hechos culturales arbitrariamente seleccionados. Ser mexicano no es revestirse con la imagen estereotipada de la nostalgia precolombina o de los "insurgentes" antiespañoles. Ello equivaldría a retomar las máscaras que la Revolución había dado la posibilidad de quitarse. Ser mexicano es definirse no por el pasado o por mitos impuestos, sino por una situación "aquí y ahora", que incorpora todos los elementos del mexicano contemporáneo. Constituir una Cultura nacional y constituirse a través de ella no significa encerrarse en imágenes prefabricadas, regresar al claustro materno, sino por el contrario liberarse, romper los moldes del pasado o del pensamiento recibido. Una vez más, reencontramos el eje conceptual del "desarraigo" al que seguimos la pista en todos los niveles del pensamiento y de la vida de Cuesta. El mexicano, para él, se caracteriza precisamente por una tradición de oposición a todas las etapas de su historia, en la época precolombina, en la colonial y en la historia moderna bajo el Porfiriato: He ahí la verdadera tradición nacional:

"De aquí que hasta ridículas aparezcan muchas de las tentativas por dotar a México de un arte y una literatura nacionales".[Nota 1]

Por lo demás, la promoción de un Nacionalismo cultural por el Estado es una enajenación en la medida en que este nacionalismo es una copia de impulsos nacionalistas europeos. Estos tienen tal vez su razón de ser al reposar en un sustrato de arraigo, de tradiciones constitutivas, de necesidad de reforzamiento de un imaginario que podía diluirse, o para Francia o Alemania, hasta de un afán de revancha:

"Se entiende mejor el problema sí se considera el carácter histórico de los nacionalismos europeos que no han correspondido tan sólo a una voluntad política de los Estados, sino que se han encontrado provistos de un contenido tradicional en todos los órdenes de la cultura".[Nota 2]

A partir de la historia de México, es preciso de entrada plantearse la cuestión, para no dejarse llevar por elaboraciones artificiales inconvenientes: "¿Es México una verdadera nación?( ... ) el nacionalismo es una idea europea que estamos empeñados en copiar".[Nota 3]

Así pues, por debajo de la apariencia de originalidad, la preocupación nacionalista no sería sino otro intento de imitar países extranjeros. Al reflexionar detenidamente sobre ello, el razonamiento no es tan paradójico como parece y Cuesta lo demuestra en diferentes pasajes de su obra. La forma cambia, pero el fondo del proyecto es exactamente el mismo:

"Las obras nacionalistas no han logrado otra cosa que imitar servilmente a los nacionalismos de Europa".[Nota 4]

El uso del adverbio "servilmente" traduce bien la voluntad de Cuesta de existir fuera de los modelos europeos; por sí mismo. Es ahí donde se encuentra la verdadera cultura identitaria, porque es necesario observar que la época en la cual se ubica Cuesta representa la cima de los excesos del Nacionalismo en los Estados europeos, De ahí también surge un malentendido sobre la admiración que Cuesta sentía por Julien Benda. No se trataba del hechizo de un espíritu, sino de constatar un encuentro en la medida en que Benda denunciaba el fenómeno nacionalista europeo como un peligro para el libre ejercicio del pensamiento lúcido. En el primer número de la revista que fundó en 1932, Examen, Cuesta tradujo, a guisa de editorial un texto de Benda y es revelador que los periodistas mexicanos hayan creído que se trataba de un seudónimo. En ese artículo, aparece en primer plano la constatación de una fiebre nacionalista, apasionada, no razonada:

---El gran aumento de poder que ha encontrado el sentimiento nacional en estos cincuenta años: (...) estas pasiones son primero el movimiento contra los judíos, segundo el movimiento de las clases propietarias contra el proletariado, tercero el movimiento de los autoritaristas contra los demócratas... el antisemitismo, el capitalismo y el autoritarismo han ganado hoy un poder completamente nuevo gracias a su unión con el nacionalismo". [Nota 5]

El sentido de la denuncia de estos nacionalismos es claro: .son reaccionarios, opresivos y peligrosos para la libertad de pensamiento, al estar sometidos a intereses de Estado. Esos hombres, en Europa, se enajenan en "pasiones" políticas que los ciegan y reducen a la función de instrumentos:

"Inmensas colecciones de hombres que parecían exentas de esos movimientos despiertan a los odios raciales, al régimen de los partidos, al espíritu nacional en cuanto es voluntad de humillar a otros hombres".[Nota 6].

Los intelectuales se vuelven cómplices de esos intereses económicos y de opresión, traicionando su misión de análisis y de lucidez:

"Obvia profundización considerable de las pasiones nacionales se ve en que los pueblos encuentran un significado a sentirse a sí mismos, no sólo en su ser material, fuerza militar, posesiones territoriales, riqueza económica, sino en su ser moral. Con una conciencia antes nunca vista (que los hombres de letras avivan fuertemente) cada pueblo se empuña a sí mismo y se erige contra los otros en su lengua, en su arte, en su literatura, en su filosofía, en su civilización, en su "Cultura". El patriotismo es hoy la afirmación de una forma de alma contra otras formas de alma".[Nota 7]

Europa se sirve de los intelectuales para recuperarlos poniéndolos como un arma al servicio de los intereses políticos. El análisis muestra que ese papel de los intelectuales es posible también en México y Cuesta desea denunciar el peligro que ello significa, en su traducción de Benda:

"Nuestro siglo habrá sido propiamente el siglo de la organización intelectual de los odios políticos, Será uno de sus grandes títulos en la historia moral de la humanidad... el antisemitismo, el pangermanismo, el monarquismo francés, el socialismo no son únicamente profesiones de fe políticas: defienden un modo particular de moralidad, de inteligencia, de sensibilidad, de literatura, de filosofía, de concepción política".[Nota 8]

Después de ello, ¿puede afirmarse que Cuesta, a través de Benda, "traiciona" a su país y la búsqueda de su "nacionalidad" Si vuelve los ojos a Europa es precisamente en este caso, para denunciar el peligro de modelo posible, al observar en el fenómeno nacionalista el riesgo de la regresión, del aniquilamiento anticonstitutivo. Ese nacionalismo cultural ha de proscribirse en México, porque en Europa vemos cómo es la marca de un egoísmo, lo contrario de un impulso colectivo.

"El egoísmo nacional no solamente no deja, por ser nacional, de ser egoísmo, sino que se vuelve egoísmo "sagrado"(...) las pasiones políticas son realismo de una calidad particular y que no interviene poco en su fuerza: son realismo divinizado".[Nota 9]

Esta forma de nacionalismo es un egoísmo sacralizado, y es, al mismo tiempo, una nueva y peligrosa forma de orgullo:

"Mientras que el sentimiento nacional, cuando no era ejercido apenas sino por los reyes o sus ministros, consistía sobre todo en el apego a un interés (deseo de territorios, de ventajas comerciales, de alianzas provechosas), puede decirse que en la actualidad, experimentado (al menos continuamente) por las almas populares, consiste en su mayor parte en el ejercicio de un orgullo. Todo el mundo convendrá en que la pasión nacional, en el ciudadano moderno, está hecha menos de la adhesión a los intereses de una nación-intereses que discierne mal, cuya percepción exige una formación de que carece, que no trata de tener- que del orgullo que tiene por ella... El sentimiento nacional, al volverse popular, se vuelve sobre todo orgullo nacional, susceptibilidad nacional... chovinismo",[Nota 10]

Ciertamente no se trata, como algunos han querido entenderlo, de un desprecio por el pueblo, sino de la conciencia de una nueva forma, extremadamente peligrosa para el pueblo, de la utilización orgullosa del sentimiento nacional: compensación psicológica negativa que permite someterlo mejor en torno al "pan y circo", esencialmente desmovilizador.

Este nacionalismo cultural es también una regresión y, consecuentemente, un elemento conservador, reaccionario al pie de la letra. Cuesta nunca se cansó de decirlo y a propósito de él, para rehabilitarlo de alguna manera, José Emilio Pacheco denunció su "Casticismo":

"El nacionalismo es un casticismo. Exalta lo peculiar y se vuelve un movimiento conservadora¡ pretenderla exclusividad y excomulgar toda orientación renovadora, todo esfuerzo que busque lo universal. Ahora como en la época de Cuesta, el nacionalista suele ser un solipsista, un ser que se niega a la participación en un mundo cada vez más independiente".[Nota 11]

Esta concepción de Cuesta la esclareció Pluinyéne a propósito del nacionalismo francés y se asocia a la transformación de un instinto de vida en instinto de muerte:

"El instinto de muerte, en la sombría perspectiva de Freud es el movimiento regresivo que, al encaminar al ser vivo hacia este lado de sí mismo, lo arrastra hacia la paz del primero y último sueño: morir, dormir, tal vez soñar... En cuanto a la agresividad, es también el instinto de muerte, pero esta vez extrovertido, desviado de mí para dirigirse contra un objeto, en un movimiento ofensivo a través del cual el impulso destructivo no se ejerce sobre otro mas que para, en definitiva, ahorrarse a uno mismo".[Nota 12]

Este análisis nos parece semejante en todos sus puntos al que realizaba Cuesta. El nacionalismo cultural, en efecto, era para él o regresión o agresividad, dos formas diferentes pero convergentes de autosupresión, olvido de si mismo, en el límite dos maneras de "enterrarse", como lo dice Plumyéne:

"Colectividad narcisista, es decir, sin líbido como objeto, replegada sobre sí misma hasta enterrarse viva en sus profundidades".[Nota 13]

Enajenación, imitación, conservadurismo, orgullo, egoísmo, regresión y narcisismo, otras tantas connotaciones morales negativas que hacen del nacionalismo cultural una especie de "castacismo" más castrador que creador, antihumanista al quedar sometido a necesidades económicas o patrióticas.

Por otro lado, aun considerado desde el ángulo de su valor económico, el nacionalismo es igualmente negativo, porque lo único que hace es levantar barreras y obstáculos al desarrollo.

"La idea de que debemos tener, igual que las naciones genuinas, una economía nacional, se ha revelado particularmente ruinosa, creando barreras para la importación de capitales más baratos que el capital "nacional".[Nota 14]

Además del aspecto negativo desde la perspectiva de la moral, este nacionalismo ni siquiera se justifica en la práctica y, por donde quiera que se le vea, es un espejismo retrógrado y una falsificación:

"La nacionalidad como causa de una falsificación... el principio de la nacionalidad mexicana no será una forma capaz de eficiencia creadora mientras sea una pura capacidad de imitación"[Nota 15]

Porque es la creación del mexicano, en la expresión de una cultura auténtica, lo que preocupa a Cuesta. Lejos de aislarle de la realidad nacional, no quiere que esta realidad se aleje de ella misma, de lo que la constituye en su dinamismo, en su manera de ser, contra las normas impuestas, su propia institución. Por ello, en el análisis que hace de su sociedad civil, Cuesta no propone modelos extranjeros, sino que trata de extraer los particularismos sociales para ver cómo pueden ser verdaderamente asumidos por lo mexicano, de una manera nacional". En su época, nadie mejor que él estudió y se esforzó en comprender el hecho social mexicano en su contexto, con el fin de poder obtener enseñanzas constitutivas de lo que es un hombre, existente en función de su sociedad.

A partir de estos análisis sociales en su obra, deseamos tratar de definir mejor lo que puede ser la conciencia nacional de Cuesta, es decir, no un slogan o un programa político, sino la reflexión de un hombre sobre su identidad.

LAS NORMAS,LA INSTITUCIÓN Y EL INDIVIDUO

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