©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

JOSÉ GAOS Y EL FUNDAMENTO FILOSÓFICO DE LA HISTORIA DE LAS IDEAS

Author: José Luis Abellán[Nota 1]


CUANDO José Gaos llega a México en 1939, tras la derrota republicana en la guerra civil española, lleva a sus espaldas una convivencia filosófica con su maestro José Ortega y Gasset prolongada durante toda su juventud desde los años de estudio en la Facultad de Filosofia y Letras de la entonces Universidad Central, de Madrid. En ese período había asimilado una serie de principios filosóficos, originarios del maestro, que a partir de su llegada a tierras americanas, van a convertirse en las bases teóricas que fundamentan la Historia de las Ideas corno disciplina con autonomía propia.

El concepto axial de dicha fundamentación es el de "circunstancia" una vez sometida a profunda elaboración filosófica, de acuerdo con la cual ésta constituye un entramado dialéctico del "yo" con las "cosas" en modo tal que convierte la vida individual en realidad radical. Cuando Ortega escribe en su primer libro: "yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo", está implicando la existencia de una "perspectiva" individual para cada circunstancia, con lo que "perspectivismo" y "circunstancionalismo" inciden en una unidad de sentido, que exige a su vez un proyecto de salvación en el que la cultura -como expresión específica de la vida humana- y la razón --como manifestación suma de la cultura- quedan involucradas. Ahora bien, si lo que hay que salvar es una circunstancia en sus múltiples y concretas determinaciones, quiere decirse que, la cultura y la razón han de ser vitales. Cultura vital y razón vital son imperativos de un impulso cultural que no es pura faena académica y de una razón circunstanciada que se opone a la razón pura.

A partir de una posición filosófica semejante se cobra conciencia de que la "circunstancia" no es algo inmóvil y estático, sino que representa un dinamismo propio de su naturaleza temporal, lo que convierte a la "razón vital" en "razón histórica" apta para captar el proceso diferenciador que va afectando al paso de unas a otras circunstancias. Este es el bagaje orteguiano con. que José Gaos llega a México y el que le va a permitir elaborar la fundamentación filosófica de la Historia de las Ideas.

Los antecedentes a un planteamiento semejante hay que buscarlos en España antes de la guerra civil y del exilio de Gaos a México; durante los años de la Segunda República, y aún antes, se había planteado la polémica sobre el valor filosófico de la obra de Ortega, que muchos le negaban plenamente, considerándola como de interés exclusivamente literario, todo lo alto que se quiera, pero sin pasar nunca de las fronteras de la mera literatura.

Ya entonces salió Gaos al paso de la desvalorización filosófica de su maestro, que creía originada por la forma periodística "aquellos folletones de El Sol, de atractiva memoria"-, y propone ante la incomprensión con que se había recibido su primera obra -Meditaciones del Quijote- el siguiente experimento: ,,arranque el lector del citado libro el prólogo y la meditación preliminar, poniéndoles una cubierta que diga: Ensayo de una nueva teoría de la realidad y de la filosofia. Lea el volumen así reeditado por él -añade Gaos- y encontrará perfectamente justificado el título que le habrá puesto".

La obra de reivindicación de la filosofía orteguiana representa algo mucho más importante que la de incorporar un pensador más -por muy importante que sea- a nuestra historia. Se trata de reivindicar los valores anejos a las formas peculiares del pensamiento hispánico. La salvación de "la enorme circunstancia que era el maestro" es para Gaos caso paradigmático de algo más importante y profundo: la posibilidad misma de una filosofia hispánica, según los moldes con que ésta se había desarrollado en el pasado y que parecen más adecuados a la idiosincrasia de nuestros países. 0, reproduciendo la interrogación que el mismo Gaos escribió: "¿Qué esperanzas puede tener un español de llegar a tener una filosofía?". De esta interrogación surge la siguiente reflexión: "La negación de la índole de filosófico al 'pensamiento' hispánico es conclusión del razonamiento que puede sintetizarse en esta fórmula: Filosofia es la Metafísica de Aristóteles, la Ética de Spinoza, la Crítica de la razón pura de Kant, la Lógica de Hegel.

"Es así que Los motivos de Proteo, Del sentimiento trágico de la vida las Meditaciones del Quijote, La existencia como economía, desinterés y caridad, se parecen muy poco a aquellas obras.

"Luego, éstas no son Filosofia.

"Mas, ¿Por qué no razonar de esta otra manera?

"Los motivos, El sentimiento, las Meditaciones del Quijote, La existencia se parecen muy poco a la Metafísica a la Ética, a la Crítica, a la Lógica.

"Y son Filosofia.

"Luego Filosofia no es exclusivamente la Metafísica etc., sino también Los motivos, etc.".

En el año 1950, Gaos comentando la obra de Eduardo Nicol, Historicismo y existencialismo, tropieza con la opinión de éste que le niega carácter de filósofo a Ortega. "Para la validez de la conclusión -comenta Gaos- me parece requisito la aplicación del mismo método a los demás filósofos, sin excluir a Nicol, con adopción de este criterio: si los resultados son los mismos la conclusión debe ser 'o todos o ninguno'; sólo si los resultados son exclusivos para Ortega, la conclusión debe ser 'todos menos él', descartadas la posibilidad de que debiera ser 'ninguno más que él,"

Y añade en interesante comentario a pie de página: "un puro absurdo sería tal posibilidad -referida sólo a Ortega. Referida a los filósofos de su tipo, entraña una cuestión profunda y grave: la de la posibilidad de innovación en filosofía, es decir, la de la posibilidad de la historia misma de la filosofía. Se argumenta: filosofía es a, b, c --caracteres tomados a los autores de tipo M; es así que la obra de los autores de tipo N no tiene esos caracteres, sino los caracteres x, y, z; luego no es filosofia. Pero si no se argumenta así, la obra de los autores de tipo N no tiene los caracteres a, b, c, sino los caracteres x, y, z; es así que es filosofia; lue go filosofia no es a, b, c, exclusivamente, sino también x, y, z; si no se argumenta así, debiera considerarse la historia de la filosofia terminada ¿dónde?".

Hemos hecho esta segunda cita que aparentemente no hace más que reproducir el argumento de la primera, porque creemos que en ella se revela el problema que más de fondo le preocupó a Gaos durante toda su vida: el de las relaciones entre la Filosofía y su historia. Si en el párrafo extraído de las Confesiones profesionales, lo que le interesa más a Gaos es la reivindicación de los valores y las formas inherentes al pensamiento hispánico, en esta segunda cita el problema radical es el de hacerse una idea de la Filosofia que admita la innovación, es decir, la historicidad de sí misma. Ésta será la cuestión básica que servirá de origen e inspiración a toda la filosofia gaosiana: el problema de la unidad y pluralidad de la filosofia, que es el problema de su historia. A través de su preocupación por el pensamiento hispánico, Gaos desemboca en lo que ha sido el eje de su actividad intelectual: una "Filosofía de la Filosofia" que dé razón de sí misma y de la historicidad que comporta, sin dejar fuera ninguna de sus manifestaciones. "De lo que se trata --dice Gaos- en el fondo es nada menos que de lo siguiente: de confinar a la Filosofia en ciertas formas pasadas o de dejarle abierta la posibilidad de nuevas formas en el futuro". No se trata, pues, tanto ni principalmente de justificar la actividad filosófica del pensamiento hispánico co mo de hacer posible la innovación y con ello la historicidad de la filosofia misma.

El tema afecta directamente al estatuto epistemológico de la Historia de la Filosofía, cuyo planteamiento tradicional queda hondamente removido en sus raíces cuando se le aplican tres conceptos claves de la filosofia orteguiana. El de "circunstancia", al que ya nos hemos referido; la dialéctica "ideas--creencias", en un segundo momento, y el concepto de "generación", en tercer lugar. A continuación nos ocuparemos someramente de los mencionados en segundo y tercer lugar.

Por lo que se refiere a la dialéctica "ideas-creencias", debemos constatar, ante todo, que ambas son dos tipos de "ideas", a las que Ortega califica respectivamente de "ideas-ocurrencias" o de "ideas-creencias"; las primeras son objeto de nuestra posesión intelectual como contenidos propios de nuestra vida, con lo que podemos hacer lo que queramos ("tener ideas, prestarlas, cogerlas, abandonarlas, mezclarlas") como hacemos con lo que poseemos; las segundas -"creencias" propiamente dichas--- son objeto de nuestra suposición intelectual, y en ese sentido más bien son continente que contenidos: "estamos" en las creencias, mientra que "tenemos" las ideas. Como todo aquello con lo que se cuenta y se da por supuesto, cualquier fallo en las creencias cuartea el suelo sobre el que pisamos, introduciendo períodos críticos que convulsionan las vidas individuales o colectivas. Es aquí precisamente donde se introduce la dialéctica "ideas--creencias", pues el fallo de determinadas creencias implica su sustitución por ideas que rellenan el hueco dejado por aquéllas, transformándose a su vez en creencias. El esquema es básico para entender las crisis históricas.

Esta dialéctica es, de modo aún más amplio clave para entender la historia, pues el cambio de tinas épocas a otras es, muy fundamental mente, cambio de unas ideas-creencias por otras, en la medida que ambas son emancipación de las "circunstancias" de cada momento y de cada situación histórica. Como dice Ortega en un texto sobre el asunto: "La idea es una acción que el hombre realiza en vista de una determinada circunstancia y cori una precisa finalidad. Si al querer entender una idea, prescindimos de la círcunstancia que la provoca y del designio que la ha inspirado, tendremos de ella sólo un perfil vago y abstracto. Este esquema o esqueleto impreciso de la efectiva idea es precisamente lo que suele llamarse 'idea' porque es lo que, sin más se entiende, lo que parece tener un sentido ubicuo y 'absoluto'. Pero la idea no tiene su auténtico contenido, su propio y preciso ,sentido', sino cumpliendo el papel activo o función para que fue pensada y ese papel o función es lo que tiene de acción frente a una circunstancia. No hay, pues, 'ideas eternas'. Toda idea está adscrita irremediablemente a la situación o circunstancia frente a la cual representa su activo papel y ejerce su función. ( ... ) Sólo si hemos reconstruido previamente la concreta situación y logramos averiguar el papel que en función de ella representa, entenderemos de verdad la idea. En cambio, tomada en el abstracto sentido que siempre, en principio, nos ofrece, la idea será tina idea muerta, una niornia, y su contenido la iniprecisa alusión hu mana que la momia ostenta. Pero la filosofia es tin sistema (te acciones vivientes, como puedan serio los puñetazos, sólo que los puñetazos de la filosofia se llaman ideas."

La Historia de la Filosofia debe entenderse, según lo expuesto, como Historia de las Ideas, pero para que el esquema quede completo hay que introducir aquí el tercer concepto---clave de esta nueva concepción: el concepto de "generación". De acuerdo con la definición que Ortega nos da del mismo, la generación "compromiso dinámico entre masa e individuo"- es el sujeto de la historia o el protagonista de la misma, introduciendo así un tipo de interpretación de la historia que se mueve a medio camino entre las interpretaciones individualistas de la misma -los protagonistas son los héroes, los genios, los caudillos, los reyes, etc.- y las interpretaciones colectivas -la historia la hacen los pueblos, las naciones, las clases sociales, las civilizaciones, etc---. El concepto intermedio de generación resulta, pues, un instrumento básico para entender el tipo de cambio histórico que se produce mediante la dialéctica ideas---creencias. Así ocurre que tenemos un medio de investigación extraordinariamente útil para los estudios de microhistoria, alejados tanto de las interpretaciones tradicionales de carácter individualista como de los grandes sistemas macrohistóricos propuestos por los mejores filósofos de la historia.

El marco teórico que acabamos de desarrollar es el que sirvió a José Gaos, al llegar a México, para dar respuesta a los problemas que le preocupaban sobre las relaciones entre la filosofia y su historia, poniendo el fundamento filosófico de una Historia de las Ideas, donde tuviesen cabida las historias "nacionales" de la filosofia referida a los distintos países iberoamericanos.

El problema de la existencia o inexistencia de las Historias "nacionales" de la Filosofia ha recibido tres contestaciones estereotipadas entre aquellos que: 1) las niegan, mediante la idea de que la Filosofía es un quehacer científico basado en una temática universal que afecta a la última realidad del mundo y del hombre -ser, sustancia, esencia, accidente, naturaleza, modo, alma, muerte, espíritu, Dios...- y que rechaza, en consecuencia, por definición cualquier enfoque de tipo nacional; 2) las afirman, defendiendo la especificidad propia de las Historias "nacionales", al abogar por una historia filosófica donde el "espíritu del pueblo" o los "caracteres nacionales" lo tiñen todo; o 3) mantienen una postura intermedia al afirmar el quehacer filosófico como propio de comunidades nacionales, que incorporan posteriormente sus resultados a un cuerpo universal de doctrina, que es el conocido como "Historia Universal de la Filosofia".

Las dos últimas alternativas rara vez logran verse libres de actitudes de carácter nacional o nacionalista, consecuencia, por otro lado inevitable, desde el momento en que se emplea la voz nacional en la formulación misma del problema. El tema conduce a la cuestión de si está o no justificado ocuparse moralmente con ellas, independientemente de su existencia o inexistencia. Entre el internacionalismo empobrecedor y esterilizante de las historias "universales" y el nacionalismo reaccionario y chovinista, se da el común denominador de un irracionalismo metodológicamente inaceptable. Ahora bien, si aceptamos la "nación"---comopodemos aceptar la "región"- en cuanto "hecho diferencial" en la expresión cultural y filosófica de los pueblos, habremos encontrado el término medio equilibrado que puede salvar las hístorias "nacionales" de la filosofia. La cuestión es evidente y se ve muy facilitada si eludimos el término "nacional" en su significado más fuerte, eso es precisamente lo que ocurre con la doctrina filosófica de la "circunstancia", tal como la expusimos anteriormente

En la formulación expuesta aquí encontramos, pues, el primer fundamento de una Historia de la Filosofia entendida como Historia de las Ideas, donde el concepto de "circunstancia" permite acotar a ésta según una convencional fijación de fronteras. La circunstancia puede ser la "comarca", la "nación", la "región", el "continente" ... ; en cualquier caso, su misma naturaleza exige la fijación de un en... geográfico.

"Historia de las ideas en..." --donde sea. Esta es la fórmula de la nueva filosofía que justifica la ocupación con la Historia de las Ideas a niveles muy distintos: Historias "nacionales", "regionales", "continentales", etc. La limitación de la óptica a espacios pequeños o reducidos permite poner en marcha los métodos y los criterios de una microhistoria, donde adquieren sentido las expresiones anteriores limitadas a un tipo de "espacios" que se pierden de vista en los grandes planteamientos microhistóricos. Sólo, pues, cuando hemos logrado neutralizar científicamente la palabra "nación" podemos hablar de Historias "nacionales" de la Filosofia, si bien ello supone haber convertido la Historia de la Filosofia tradicional en una Historia de las Ideas, donde cobran sentido tres afirmaciones fundamentales: 1) la de la identidad cultural; 2) la de las raíces autóctonas, y 3) la de "categorías filosóficas" emanadas de la propia realidad cultural. Es en esta labor, referida a la Historia de las ideas iberoamericanas, donde la aportación de José Gaos cobra pleno sentido.


Inicio del artículoRegreso