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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

La ciencia y la novela policiaca


A primera vista, como señala César Sepúlveda,[Nota 6] especialista en la materia, el género literario de las novelas policiacas no adeuda cosa alguna a la ciencia; nada se ve más apartado de la disciplina científica. La imagi nación pura es lo que parece presidir el tema, en ocasiones desbordado, construyendo situaciones irreales, dibujando imágenes fantásticas, idealizando personajes, siempre aparentemente sin bases sólidas. Cuando no tropieza con lo sobrenatural, el lector de tales obras se encuentra con situaciones increíbles, panoramas artificiales, desconectados del mundo en que vivimos.

Sin embargo, y por lo que vamos a exponer aquí en forma somera, creemos que la ciencia y la tecnología han jugado, directa o indirectamente, un papel muy importante en lo que a este género literario se refiere; también a la inversa, que la novela policiaca ha influido en el desarrollo científico y tecnológico.

Que el arte de escribir novelas tiene que ver con la ciencia y la técni ea, así como que la narrativa policiaca tiene conexión con la ciencia, lo demuestran muchos autores, distinguidos literatos, que a veces también han sido hombres de ciencia. Un ejemplo es el eminente novelista británico Sir Charles Snow, fallecido en 1980. Destacado científico, pro fesor de la Universidad de Cambridge, por una parte defendió con brillantez la necesidad de complementar las humanidades y las ciencias, en su polémica con Leavies (Las dos culturas y la revolución científica); por otra parte, escribió más de diez novelas formidables, siendo la última una historia policial, Capa de barniz (1979), donde emplea conocimientos científicos profundos de medicina forense para describir paso a paso, de manera cautivante, la autopsia de la víctima. No fue ciertamente demérito del Dr. Snow dedicar su talento a esta clase de literatura, que para muchos se antojaría barata e intrascendente, pero que sin embargo, además de divertir al lector, estimula su interés para empresas intelectuales de otra índole. Tal vez para Snow este género constituía un divertimento entre sus complicadas tareas científicas.[Nota 7]

La compleja psicología del creador de historias de crímenes o del fabricante de novelas detectivescas tal vez tenga algo en común con la del genio científico. En esencia, el espíritu inventivo del escritor no parece diferir mucho del del investigador científico. Como quiera que sea, algunos de los relatos policiales se sustentan en elementos científicos, que facilitan la deducción y la solución del hecho delictuoso.

Los puntos de contacto entre la ciencia y la narración policial se encuentran desde los orígenes del género, es decir desde que Edgar Allan Poe escribe sus primeros relatos sobre crímenes. El atormentado autor norteamericano ofrece desde el comienzo de su carrera indicios de hombre de ciencia. En su famoso cuento "El doble asesinato de la calle Morgue" Po,e emplea elementos científicos, si bien rudimentarios, y también cierto análisis científico para la solución del caso. Por supuesto, la ciencia aplicable a la solución de problemas policiales se encontraba en pañales en esa época (184 l).

En el "El escarabajo de oro", escrito en 1843, Allan Poe pone a su personaje Legrand a resolver criptogramas, que le permiten descubrir un entierro de despojos humanos, y debajo de ellos un tesoro. La manifiesta habilidad de Poe en sus narraciones detectivescas sería imitada en lo sucesivo: mantenimiento del suspenso hasta el final, conduciendo al lector a través de un proceso científico o seudocientífico. Su maestría en la urdimbre de hechos probables e improbables, mezclados con datos científicos y técnicos -así como su espíritu de incurable mitómano-- se revela en todas sus obras. Lo má s interesante de Poe, como observa alguno de sus biógrafos, es su capacidad para integrar el poder y la responsabilidad del hombre, criatura racional, con las facultades del ser instintivo e imaginativo. Es decir, otra vez, la reunificación de la ciencia con la imaginación, que tan brillantemente él pudo lograr.

Señalabamos páginas atrás, que sin los relatos de Poe, con su detecti ve Auguste Dupin, probablemente no hubiera surgido el gran Sherlock Holmes. Pero también apuntamos que Conan Doyle, en lo que respecta al género policiaco, superó a su maestro. El es¿ritor británico poseía amplios conocimientos científicos, era médico, y su personaje utiliza el análisis científico y la experimentación, cristalizando técnicas para dilucidar hechos delictuosos, especialmente los realizados por el malvado profesor James Moriarty, su implacable antagonista.

El propio Sherlock Holmes describe así el método que utiliza: "aquellas facultades de deducción y de síntesis lógica que han hecho mi provincia especial". Conan Doyle tomó el método de uno de sus profesores en la Escuela de Medicina de Edimburgo, el doctor Joseph Bell, quien hacía diagnósticos con sólo observar las peculiaridades del vestuario y los modales del sujeto, llevando así la detección a una ciencia exacta. La deducción pues, era el método del incomparable detective, quien después de la observación de los pequeños detalles, lograba resultados sorprendentes.

Además de la evidente conexión entre la ciencia y la novela policial, puede verse al cultivador de este género, en cierta forma y en algunos casos, como un sociólogo, como un crítico de la sociedad y su tiempo. En las novelas de Conan Doyle, por ejemplo, los policías aparecen como seres desprovistos de imaginación, mediocres y hasta tontos. Los crímenes no se resuelven sino por el talento de su detective. Pero también Doyle es un moralista, pues las aventuras de Sherlock Holmes propenden a demostrar que la sociedad existente es buena y que sus le yes son excelentes, y que el delito es una aberración que debe extirparse.[Nota 8]

Además de buen médico, Conan Doyle puede ser considerado como un científico, con un genuino impulso de investigar y explorar. Su búsqueda de la verdad lo llevó al espiritualismo y al misticismo, y a re alizar experimentos de telepatía; raro destino para un autor de historias de crímenes.

La relación de la ciencia con este género literario es más notoria aún en la versión moderna del relato policiaco, al que se añaden temas como el espionaje y la ciencia ficción, que emplean gran variedad de re cursos científicos y tecnológicos como, por ejemplo, instrumentos letales refinados, equipos de detección, dispositivos de comunicación, mecanismos de transporte raudo, tóxicos singulares, sofisticados laboratorios, etc., que dan colorido y sustancia a las narraciones policiales.

Aunque menos conocido que Fleming, el que dio verdadero impulso a esta nueva versión literaria fue el, también inglés Eric Ambler, quien produjo novelas de espías, más creíbles y de mayor realismo, al explicar con sumo cuidado los detalles de la historia, especialmente los científicos. Ambler, como antes Conan Doyle, está dominado por un deseo de investigar y explicar, perfectamente comprensible dado que fue estudiante de ingeniería electrónica.

Aunque habría mucho más para decir, lo anterior pone de manifiesto la estrecha relación entre la ciencia y este género literario. También es importante señalar las aportaciones de la novela policiaca al desarrollo científico y a la tecnología.

Así como el extraordinario novelista francés julio Verne se anticipó varias décadas a avances de la ciencia concibiendo un submarino atómico, un viaje a la Luna y otros prodigios que mucho tiempo después la tecnología haría realidad, también los cultivadores del género policial se han adelantado muchos años a la aplicación de técnicas novedosas o inverosímiles a primera vista, que hoy en día son de uso cotidiano en los laboratorios de criminalística, tales como el análisis de sangre, el estudio de pelos, la balística y la dactiloscopía, por señalar sólo algunos ejemplos.

Volviendo a Sherlock Holmes, el prototipo del detective policiaco, en muchos episodios aparece como un excelente químico analista, como aquél donde nos recuerda a Arquímides, cuando lleno de júbilo grita: "¡ya di con ello! ya di con ello!", refiriéndose al descubrimiento que acababa de hacer de un reactivo precipitado por la hemoglobina. Esta acción corresponde al relato "Estudio en escarlata" publicado en 1882. Lejos se encontraban los estudios de Landsteiner sobre inmunología que le valieron el Premio Nobel de medicina en 1930. Exagerando, podríamos decir que a quien le hubiera correspondido el premio era a Sherlock Holmes.[Nota 9]

Siguiendo la línea de buscar puntos de conexión entre la novela policiaca y la ciencia, encontramos muchas referencias interesantes. El hecho de que Holmes llevara siempre consigo una lupa y sólo en conta das ocasiones revólver, revela claramente cómo en él prevalece el científico sobre el policía. La famosa lupa, con la cual se le ha caracteri zado en infinidad de ilustraciones y películas, le servía para descubrir pequeños indicios cuyo posterior análisis contribuiría decisivamente al esclarecimiento de los hechos criminosos. Sobre todo, por cuanto se refiere a la impresión de huellas dactilares o dermatoglifos ---como se llama en general a cualquier conjunto de líneas de la piel-, cuyo estudio sistemático sería llevado a cabo años después por el británico Francis Galton, también creador de la eugenesia.

Otra rama de la criminalística moderna que tiene antecedentes en las novelas "clásicas" del género policiaco es la balística, sobre todo en lo que se refiere al estudio de los daños producidos por el proyectil de un arma de fuego, que hoy constituye el objetivo de la balística de efectos. Varios de los famosos detectives novelescos se preocuparon en su momento por analizar estos fenómenos, midiendo distancias, suponiendo posiciones de víctima y victimario, etc. No nos atrevemos a afirmar que Lacassagne o Balthazard, iniciadores de esta disciplina, hayan basa do sus primeras investigaciones en tales novelas, pero por cierto desde los orígenes de la literatura policial se advierte la importancia de exa minar armas y proyectiles para el esclarecimiento de un crimen.[Nota 10]

En las primeras novelas policiales de la versión moderna del género -década de los treinta- ya se describen infinidad de equipos, aparatos y armas inverosímiles por su sofisticación. Sim embargo, al pasar de los años, muchos de esos extravagantes instrumentos se fueron convirtiendo en realidad gracias al acelerado desarrollo de la tecnología. Baste un solo ejemplo: en 1936, Eric Ambler, escritor inglés al que ya nos hemos referido, publica su novela La oscura frontera, en la cual describe con lujo de detalles la bomba atómica -aún no construida-, haciendo uso de su agudo poder de deducción, después de estudiar a fondo las investi gaciones de Rutherford sobre el núcleo atómico.

Finalmente, sólo añadiré como otra aportación de la novela policial, el hecho indudable de que ha logrado "una lúcida reflexión sobre la realidad, una aproximación y una respuesta al problema de la violencia", que seguramente es aprovechada por sociólogos, criminólogos, criminalistas y penalistas.

Termino con esta cita de Borges:

"¿Qué podríamos decir como apología del género policial? Hay una que es muy evidente y cierta: nuestra literatura tiende a lo caótico. Se tiende al verso libre porque es más fácil que el verso regular; la verdad es que es muy dificil. Se tiende a suprimir personajes, los argumentos, todo es muy vago. En esta época nuestra tan caótica, hay algo que, humildemente, ha mantenido las virtudes clásicas: el cuento policial. Ya que no se entiende un cuento policial sin principio, sin medio y sin fin... Yo diría, para defender la novela policial, que no necesita defensa; leída con cierto desdén ahora, está salvando el orden en una época de desorden. Esto es una prueba que debemos agradecerle y es meritorio. "[Nota 11]


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