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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

MIJAIL GORBACHOV, PERESTROIKA. NUEVAS IDEAS PARA MI PAIS Y PARA EL MUNDO

Author: Jan Patula


Mijail Gorbachov, Perestroika, Nuevas ideas para mi país y el mundo, Diana, México, 1987, 300 pp., ISBN 968-13-1827-7.

Leer los textos de los estadistas, sobre todo de los que se encuentran en pleno ejercicio del poder, conlleva a adoptar al menos dos actitudes por parte de un lector crítico. Por un lado, uno se siente atraído por la presentación de los motivos en la toma de decisiones, por la argumentación en favor de su línea política, por el análisis de la realidad y por la anticipación deseada del futuro. Estos elementos pueden obtenerse de "primera mano", directamente del artífice de determinada estrategia política, sin intermediación de los verdaderos o presuntos especialistas, sean periodistas o científicos sociales. Es incuestionable que en el último caso, entre el texto del estadista y el lector aparece un filtro de selección e interpretaciones de las ideas originales, filtro que lleva siem pre un sello personal no desprovisto de omisiones o énfasis particulares. Las presentes notas no aspiran a tener otras características.

Pero, por otro lado, no hay que olvidar que el texto de un estadista sobre cuestiones candentes y de plena actualidad suele estar dictado por su afán -por cierto legítimo--- de convencer a la opinión pública sobre lo acertado de su política, por despertar simpatías o, al menos, por romper el hielo de desconfianza de ciertos sectores. Se trata pues en el fondo de un alegato, concebido corno tal desde el principio, más que de un discurso exclusivamente analítico, sopesado y anclado en los hechos, abierto a diferentes interpretaciones.

Obviamente, cada texto de un político (suponiendo que él sea realmente el autor, lo que no siempre sucede) se distingue por su temperamento, estilo y capacidad argumentativa, derivada de innumerables factores imposibles de clasificar en un espacio breve. Sin embargo, me parece inconfundible la característica en el texto de un político activo del propósito explícito o implícito de justificación, defensa y autoalabanza, en diferentes grados, de la política por la cual él se siente personalmente responsable. Esos rasgos lo diferencian de un historiador o un politólogo quienes deberían concentrarse en análisis, intrepretaciones y explicaciones más objetivos.

De hecho, el libro de Gorbachov ---corno él mismo lo dice en el prefacio- fue escrito por invitación de editoriales norteamericanas para explicar el nuevo viraje político de la URSS. El autor presenta su texto de la siguiente manera: "Este libro no es un tratado científico o un pan ficto de propaganda a pesar de que los puntos de vista, las opiniones, conclusiones y aproximaciones analíticas que el lector encontrará están basadas naturalmente en valores determinados y premisas teóricas" (p. 7). Y más adelante precisa que su objetivo al escribir dicho texto consis te en expresar sus pensamientos y reflexiones sobre la perestroika: "los problemas que enfrentamos, la graduación de cambios involucrados, y la complejidad, la responsabilidad e inestabilidad de nuestro tiempo". Veremos en qué medida Gorbachov cumple con su cometido y cómo lo hace.

Al hablar de las causas y los motivos de lanzamiento del ambicioso programa de restructuración del sistema vigente con modificaciones radicales en todas las esferas de la vida soviética, Gorbachov rechaza la tesis prevaleciente en Occidente según la cual todo esto obedecería al desastroso estado de la economía, a la desilusión del socialismo y a una crisis de los valores que sustentan la vida social. Pero al dar su propia explicación, no rehuye ofrecer un cuadro sombrío de la realidad instaurada en los últimos años, por lo cual presenta la actual perestroika como una necesidad cuya demora "podría haber llevado en el futuro cercano a una situación interna exasperante, la cual, para decirlo sin vueltas, se habría recargado con una muy severa crisis social, económica y política" (p.23).

En mi opinión, no existen diferencias de fondo entre los estudiosos occidentales y el mismo secretario general del PCUS en cuanto al deterioro constante de la situación económica en la Unión Soviética a partir de la segunda mitad de los años setenta, en la llamada era brejneviana. Pero la explicación que ofrece el máximo dirigente soviético de dicha situación se detiene en la apariencia de los fenómenos negativos, sin in dagar las causas profundas del problema; a saber, por qué ha ocurrido este estancamiento en los principales indicadores económicos. No me parece convincente su explicación al decir, "la riqueza de nuestro país, en términos de recursos naturales y mano de obra, nos ha echado a perder; incluso podría decirse que nos ha corrompido, Esa es, de he cho, la principal razón por la cual fue posible para nuestra economía desarrollarse extensamente durante décadas" (p. 18). Es acertado atribuir al desarrollo económico extensivo durante tanto tiempo los frenos estructurales para el crecimiento dinámico y con menores costos materiales y humanos. Pero se olvida o, mejor dicho, prefiere callar la responsabilidad política por tal estado de cosas, haciendo creer que el desarrollo económico extensivo fue el fruto natural del desenvolvimiento de las fuerzas productivas per se y no una medida política mantenida desde finales de los años veinte por la cúpula dirigente del partido y el Estado.

Motivos pragmáticos, como mejorar la condición económica, asegurar un alto crecimiento en las principales ramas industriales, agrícolas, culturales y de servicios, elevar el nivel de vida de la población, se sitúan en el centro de las preocupaciones del secretario general del partido. Pero no se limitan exclusivamente a ellos, ya que abarcan también motivos de orden ideológico. En palabras de Gorbachov -altisonantes como pocas en el texto- esta razón ideológica está impulsada por "nuestra conciencia preocupada. por el indomable compromiso con los ideales que heredamos de la Revolución y como resultado de una búsqueda teórica que nos dio un mejor conocimiento de la sociedad y reforzó nuestra determinación de seguir adelante" (p. 25). En concreto, Gorbachov encuentra la fuente de inspiración en las obras de Lenin y sus ideales socialistas, de los cuales habla con términos cuasi-religiosos (cfr. p. 25). Cabe preguntarse en este contexto, ¿no fueron acaso las interminables referencias a Lenin y sus ideas una constante de los discursos de todos los dirigentes soviéticos, empezando por Stalin? No hay que olvidar que fue precisamente Stalin quien modificó la obra del dirigente bolchevique en un cuerpo cerrado de doctrina y que él mismo se erigió en su discípulo más fiel e intérprete más autorizado de su obra. La recurrencia a Lenin no es una medida táctica, calculada a calmar los celos de los guardianes de la ortodoxia, sino que proviene de un hecho obvio que Gorbachov no esconde en ningún momento, a saber: que a la cabeza del programa de la perestroika se sitúa el partido comunista y sólo a él le corresponde impulsar, dirigir y responsabilizarse por los resultados finales de la restructuración. Sería extraño que Gorbachov, máximo dirigente del partido y formado por él, pudiera concebir un programa radical de reformas estructurales del sistema de otra manera, pensando en excluir o relegar al partido.

Es pertinente en este contexto precisar que las referencias que hace Gorbachov a la obra e ideas de Lenin corresponden al último período de la vida del fundador de la URSS, a su desesperada lucha contra la burocratización del sistema y contra los abusos del poder centralizado y sofocante de las iniciativas individuales y sociales. Gorbachov reivindica las tesis de Lenin de 1921-1923 respecto a la necesidad de reintroducir los mecanismos económicos en la gestión y administración de las empresas en oposición al voluntarismo y la coerción política, militar y po liciaca instaurada en la Rusia bolchevique inmediatamente después de la revolución de octubre de 1917. Gorbachov es muy explícito en este sentido remarcando: "las obras de Lenin en los últimos años de su vida concitaron una atención particular (...) sus doctrinas sobre la necesidad de tomar en cuenta los requerimientos de las leyes económicas objetivas, sobre el planteamiento y la contabilidad de costos, el uso inteligente de las relaciones dinero-mercancía y los incentivos materiales y morales" (pp. 25-26).

Es muy significativo que Gorbachov compare el actual programa de la perestroika con la NEP de 192 1, una política audaz y controvertida en su momento, que se propuso poner fin al comunismo de guerra e iniciar un vasto programa de reconstrucción económica con base en el estímulo al productor directo, la iniciativa de la gente y la implantación de cálculo económico de beneficios y costos en el sector estatal. Gracias a estas medidas, que en su tiempo fueron inipugnadas por una gran parte de los dirigentes bolcheviques, el país logró restituir la red de intercambio entre las ciudades y el campo y recuperar en un lapso sorprendentemente breve los niveles de producción en los principales rubros económicos de antes de la primera guerra mundial. Gorbachov compara la perestroika con la NEP para enfatizar la extensión y la profundidad de los cambios que la URSS se aboca a realizar en lo inmediato como sucedió con la NEP en los años veinte, pero no se trata de repetir aquella estrategia económica, como han vociferado algunos periodistas en el Occidente. La situación actual es radicalmente diferente de la de aquella época y resultaría prácticamente imposible regresar a estratagemas políticas y económicas de entonces.

Del libro se desprende claramente qué objetivos persigue la perestroika en el plano de la economía, que "es y seguirá siendo nuestra preocupación principal", según el propio Corbachov. Se trata de un ambicioso programa; nada más y nada menos que de un cambio radical del sistema de funcionamiento económico, "una profunda reorganización estructural de la economía, reconstrucción de su base material, nuevas tecnologías, cambios en la política de inversión y altos niveles de excelencia en la dirección" (p. 28).

Tal reforma, que el secretario general del partido no omite calificar de "revolución" (p. 54), debe ponerse en marcha desde abajo, es decir, desde el nivel de las empresas, eslabón principal de la producción. A este propósito se adecúa la nueva ley sobre empresas productivas aprobada en junio de 1987 y aplicable desde el inicio de este año, que se propone restituir la autonomía fabril en todas las cuestiones operativas, desde el perfil de la producción, pasando por la facultad de manejar libremente los fondos financieros, hasta el derecho de comercializar por su cuenta los productos. Precisamente en las empresas se busca promover la iniciativa de los trabajadores, el sentido de la responsabilidad, el uso racional de los recursos humanos y materiales, en esencia: el dinamismo productivo. Dentro de esta óptica, las prerrogativas de los órganos centrales, de la planificación y de los ministerios por ramas, deberían estar drásticamente reducidas, pero sin llegar a abandonar el sacrosanto principio de la economía planificada. Hasta ahora no se ha elaborado ningún plan detallado de cómo deben funcionar las instancias centrales en su relación con las empresas productivas. Gorbachov lo admite al constatar: "Todavía hay mucho que decidir sobre la determinación de las funciones de los ministerios, la reorganización de la administración territorial y la reducción de personal" (p. 100).

En cambio, surgen dudas acerca de la realización cronológica del programa de restructuración económica. No me refiero a diferentes apreciaciones por parte de economistas soviéticos y occidentales ("entre ellos hay algunos que profetizan su fracaso" sino a la percepción contradictoria, tal como yo la veo, en el libro de Gorbachov. Cuando escribe, "tenemos un largo camino a recorrer antes de que la perestroika cobre impulso" (p. 7 l), el dirigente soviético da prueba de realismo frente a la niagnitud del problema. Pero, por otro lado, la aseveración "el fin de esta reforma es asegurar -dentro de los dos o tres años próximos-- transición de un sistema de gestión excesivamente centralizado, dependiente de órdenes, a uno democrático, basado en la combinación de centralismo democrático y autogestión" (p. 35), peca de optimismo desbordante, sólo explicable por el deseo de lograr en poco tiempo la sustitución de un sistema creado a lo largo de sesenta años, incrustado en las mentes y costumbres de dos generaciones. En mi opinión, las pala bras de Gorbachov sobre este punto son el típico ejemplo del wishfullthinking.

Confieso que me siento aún más enibarazado al intentar entender el propósito de la democratización del sistema en su conjunto, que es el otro pilar de la perestroika, al lado de la restructuración económica. Mi confusión concierne a la concepción que otorga Gorbachov a la democratización del sistema soviético. ¿La concibe como meta en sí, o más bien la entiende como un instrumento, al fin y al cabo, de la reforma económica? En este último caso, se trataría pues de concebirla como un vehículo necesario, en la mejor suposición, o como un anzuelo, en la peor versión, para despertar la adhesión de la gente al proyecto de restructuración económica y así encontrar un mayor soporte social en la fase de su realización. Considero que este problema no es únicamente de matices y de susceptibilidades semiológicas, sino que toca la esencia del programa de la perestroika, a saber, la naturaleza de los cambios anunciados y, por consiguiente, del futuro del régimen soviético. Un lector atento encontrará fácilmente en el texto citas probatorias en uno u otro sentido y sólo sus simpatías o antipatías personales determinarán su adhesión, en consideración a cuál concepción considere como la más fidedigna y mejor sustentada. Por mi parte, creo que en últinia instan cia decidirán los hechos concretos de democratización en la URSS para constatar en qué dirección confluyen los cambios iniciados en 1985.

Percibo otra gran contradicción interna en el texto, que nie parece inocultable. Por un lado, Gorbachov repite muchas veces que todo el pueblo está apoyando al programa de reformas, que está decididamente convencido de los elementos positivos que traerá la perestroika. Para documentarlo, publica fragmentos de cartas de gente común y corriente con fervientes votos en su favor, Pero las mismas cartas relatan casos de obstrucción, sabotaje y frenos estructurales por parte de los aparatos del poder e influyentes personajes en la provincia en lo relacionado con la implantación de los cambios. Gorbachov no es ingenuo para no darse cuenta de que su programa choca con los intereses acumulados, con los privilegios usurpados, con las prácticas de influyentismo e, incluso, de abierta corrupción. En honor a la verdad, hay que reconocer que Gorbachov anota todos esos fenómenos negativos, considerándolos como frenos y obstáculos serios al programa de cambio radical del sistema. Pero además, los relatos de los viajeros, de los periodistas acreditados en Moscú, los artículos de algunos diarios soviéticos informan que la perestroika encuentra una ola de desconfianza, de escepticismo y distanciamiento por parte de los sectores que deberían estar más interesados en su promoción: obreros, campesinos, intelectuales, Persiste el temor de que la reforma económica acarreará más esfuerzo, más trabajo por la misma remuneración. Gorbachov admitió en el discurso pronunciado a los redactores en jefe de los principales medios informativos que se había subestimado la inercia del comportamiento humano y la extensión de las prácticas corruptas (cfr. Excélsior, 14 y 15 de enero de 1988).

En otro orden de cosas, señalaré la nebulosidad que envuelve en este texto las relaciones de la URSS con los demás países del "socialismo real". Para cualquier interesado en esta problemática no queda clara la línea a seguir. Es de conocimiento público que las relaciones con los países que forman la llamada "comunidad socialista", tienen una importancia especial ya que pertenecen a su zona de influencia exclusiva. El secretario general se limita a repetir una fórmula hueca, desgastada por los acontecimientos contrarios: "Cada país es libre de decidir si está dispuesto a cooperar y en qué medida quiere participar en ello" (p. 197), dando a entender que realmente dichos países tienen una clara opción derivada de su plena soberanía estatal. Pero en el mismo capítu lo esboza toda una serie de planes y modificaciones en el funcionamiento de las relaciones comerciales, tecnológicas, científicas y financieras en pos de una mayor integración económica y política. En este contexto critica severamente el papeleo y el burocratismo que se había apoderado del CAME (Comecón) para desbloquear los lazos de una estrecha cooperación interestatal.

Hay otros tópicos en el texto que invitan a una discusión más detallada y más matizada de la que postula Gorbachov. Así por ejemplo, la cuestión de la colectivización del campo, la segunda guerra mundial, el papel de Stalin; problemas históricos que despiertan muchas controversias y están aún muy lejos de quedar esclarecidos. La visión de dichos problemas en el texto contrasta por su afán de justificación y defensa con el discurso del mismo Gorbachov en ocasión del 70 aniversario de la revolución de octubre, cuando el secretario general adoptó un tono mucho más crítico e invitó a los historiadores a explorar esta época, así como anunció formar una comisión del partido para investigar responsabilidades. No entro en debate sobre estas cuestiones por considerar que son aspectos colaterales del principal terna que es la perestroika. También omito comentar la parte del libro consagrada a las relaciones internacionales de la URSS con el resto del mundo, principalmente con los Estados Unidos, por conocerse esta problemática a través de la prensa diaria.

En conclusión, el libro de Gorbachov es un valioso testimonio de un hombre que atrae la atención mundial con su compromiso de impulsar un gigantesco programa de restructuración del sistema soviético y por sus infatigables iniciativas en favor de la paz mundial, concebida como el bien supremo de la humanidad. Además, está escrito en un lenguaje franco y directo, inusual en los discursos de los dirigentes soviéticos. Desafortunadamente, la traducción al español dista mucho de ser fluida y precisa. Las citas esparcidas en la presente reseña darán idea de lo oblicuo que resultan muchos términos, sobre todo, los económicos. Me imagino que en algunos casos la mala traducción puede hasta dificultar la comprensión del texto; así por ejemplo: "planeamiento" en lugar de "planificación" o "planeación" "conducción" en lugar de "gestión", "formidable golpe" en lugar de "duro golpe", etc. Y , finalmente, no entiendo las razones de por qué el traductor se esconde bajo iniciales.

JAN PATULA


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