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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

2. Educación e Igualdad


En una reflexión acerca delprincipio de igualdad, José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827) señaló que "la igualdad sancionada por la Constitución es la igualdad de las virtudes para el premio y de las penas para los delitos; es la igualdad delante de la ley, que obliga lo mismo al monarca que al más ínfimo de sus súbditos".[Nota 3] "La igualdad aparece como un derecho que delimita la esfera de acción del individuo en la sociedad. El goce de este derecho acarrea obligaciones, así como la sujeción a la ley:

... la igualdad que nos señala y sanciona la ley fundamental de la monarquía española es la de las virtudes sociales, por las que todo hombre, sea quien fuere, debe contribuir al bien universal de la sociedad en que vive; debe sacrificar sus intereses particulares al interés general; debe cooperar al bien común con sus talentos, con su industria, con sus propiedades, con sus virtudes ( ... ) Luego, la igualdad sancionada por nuestra Constitución es la igualdad moral que consiste en que cada uno sea mantenido en sus derechos, en su estado hereditario o adquirido, en sus posesiones, en su casa y, finalmente, en su libertad sujeta a la subordinación necesaria, a fin de que los demás sean mantenidos en la suya.[Nota 4]

A partir de estos supuestos, Fernández de Lizardi planteó que la diversidad de condiciones es el rasgo distintivo de las modernas sociedades civiles: " Las muchas necesidades, las pasiones y la debilidad de nuestros sentidos, que no pueden acordarse en un mismo punto ni percibir los objetos de un mismo modo, han formado sobre la tierra las sociedades civiles, y son éstas tina prodigiosa diversidad de condiciones".[Nota 5]El autor recurre a la imagen del cuerpo social para fundamentar su argumento: [Nota 6]

La sociedad civil es un cuerpo moral compuesto de muchos miembros; y así corno en el cuerpo natural no pueden todos los miembros ser semejantes por razón de la diversidad de sus funciones que piden diferente conformación de órganos, también en un cuerpo moral es preciso que haya personas que se apliquen a los diferentes empleos a los que se les destina, para que se remedie a un tiempo sus diferentes necesidades.[Nota 7]

La diversidad de condiciones se traduce, pues, en una diferenciación creciente en lo que -concierne el estado social de los individuos: "Unos son eclesiásticos, otros legos; unos toman el partido de las armas, otros el de la toga; algunos se dedican a las ciencias, otros a las artes; éstos son negociantes, aquéllos artesanos; unos superiores, otros inferiores; el uno es amo, el otro criado; aquél destinado a mandar, éste para obedecer".[Nota 8] La legítima igualdad no significa entonces "igualación", sino Igualdad de remuneración en los premios y castigos; igualdad ante la ley pública que prescribe las obras buenas y abomina las malas; igualdad de relaciones, esto es, que en su posibilidad natural o de su fortuna, cada uno ha de contribuir al bien general: el alto en la medida de su estatura, el rico como rico, el mediano como mediano, el pobre como pobre, el sabio como lo que es, el magistrado y demás funcionarios públicos en el desempeño de sus ministerios, contribuyendo todos con esa igualdad relativa a mantener el edificio del bien y de la prosperidad".[Nota 9]

A partir de la afirmación de que la Constitución de 1824 no confirió a todos los mexicanos, una Igualdad absoluta", Fernández de Lizardi deduce que las diferencias que se desprenden de la diversidad de condiciones y que dividen a la sociedad en clases superiores e inferiores, continuarán existiendo después de la independencia. La función de la educación en una sociedad democrática, dice, es permitir que estas diferencias sean reconocidas, a fin de que cada cual acepte desempeñar la función social que le corresponde.

De acuerdo con los principios ilustrados, la difusión de esta educación debía llevarse a cabo "desde arriba", al tiempo que cumplía con dos requisitos esenciales: transmitir conocimientos prácticos que permitieran a todos los individuos vivir de una actividad productiva, y hacer llegar a las masas una educación política elemental. Sobre este último punto, Fernández de Lizardi insiste en que no puede esperarse que la democracia se consolide entre la gente ignorante o la llamada "plebe", que es "la más pobre, la más viciosa y también la más a propósito para ser esclava. Necia, cobarde y atrevida, desconoce sus derechos; besa con abatimiento la mano del tirano que los encadena, desagradece los beneficios, cierra los ojos a la luz, desprecia su misma Ii bertad, y bien hallada con la opresión se enfurece y se alarma contra los que tienen la noble osadía de hacerse libres". [Nota 10]

Estas tesis fueron compartidas por los contemporáneos de Fernández de Lizardi. El fundador de la Escuela Lancasteriana en México, Andrés González Millán (?- 1830) señalaba, por ejemplo, que la educación es esencialmente un nivelador de la opinión que conduce al reconocimiento y a la aceptación de las diferencias que dividen a la sociedad. De acuerdo con este pedagogo, buen conocedor de las ideas educativas más avanzadas de su tiempo, una vez nivelada la opinión, las "primeras jerarquías no desdeñan las subalternas ... considerando las estrechas obligaciones anexas a la menor superioridad de representación"; asimismo, añade, "ni el último menestral se abate o confunde, porque, conoce que su ser y existencia es tan provechoso y necesaria como la del legislador, la del héroe mismo". [Nota 11] La idea que la educación nivela las opiniones sin igualar la condición social de los individuos fue reformulada en los años siguientes por los liberales.

Para Lorenzo de Zavala, la condición social de los individuos no podía ser transformada radicalmente por la educación, en el sentido de que el hombre de la masa sólo era capaz de acceder a una instrucción elemental que le permitiera asimilar las nociones indispensables para vivir en una sociedad moderna. Zavala puso de manifiesto la imposibilidad de que se -generalizase en las clases incultas de la nación un género de conocimientos profundos, suficientes a que cada ciudadano pudiese dar razón de su creencia y opinión política".[Nota 12] Según él, hacer llegar al pueblo los conocimientos necesarios para elevar su condición y no sólo para nivelar las opiniones, demandaba la existencia de una tradición; es decir, la existencia de "una larga serie de generaciones, con instituciones locales en las que fuesen llamados a educarse los hijos de los mexicanos que no han podido recibir los beneficios de la educación".[Nota 13]

La ausencia de una tradición propia y el prolongado apego a la herencia española que, paradójicamente, no era posible abandonar antes de que se constituyera una cultura mexicana autónoma, explica en última instancia el que se afirmase un concepto específico de educación para una masa considerada ignorante y supersticiosa. En efecto, las reflexiones acerca de la cuestión educativa de la época que siguió a la independencia establecieron que la mejor manera de regenerar a la sociedad y nivelar la opinión de los individuos, era inculcar en las masas una educación que hiciera posible el desempeño de los oficios útiles. Además de promover el bienestar social, dicha educación estaría orientada hacia un entrenamiento técnico, y por consiguiente, no precisaría de la existencia de una tradición cultural sustancial. Analicemos el nuevo concepto de educación dirigido a las masas.


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