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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

4. El Ateneo Mexicano


a) Historia de la asociación

El 22 de noviembre de 1840, un grupo de intelectuales convocó una reunión en el Colegio de Santa María de Todos Santos. Entre ellos se encontraban Angel Calderón de la Barca, Andrés Quinta na Roo, José Gómez de la Cortina, Juan Bautista Morales, Francisco Ortega y algunos más. Su propósito era formar una sociedad literaria cuyo objetivo sería "propagar los conocimientos útiles, adquirir nuevos y divertirse con el trato mutuo".[Nota 24] Durante esta reunión, Miguel Valentín y Pablo Vergara fueron electos presidente y secretario de la asociación, respectivamente.

Las actividades del Ateneo se iniciaron formalmente el 6 de diciembre de 1840, con la aprobación oficial del gobierno departamental. El reglamento provisional que había sido elaborado establecía que la nueva asociación "no se ocupará de política", a pesar de que los socios fundadores del Ateneo eran, en su mayor parte, liberales moderados profundamente involucrados con los partidos y las logias.[Nota 25]

En las primeras semanas del mes de enero de 1841, el Ateneo inició sus labores de docencia.[Nota 26]Las cátedras y lecturas estuvieron organizadas a través de secciones.[Nota 27]Comenzó a integrarse una biblioteca con donaciones particulares y con la mitad del acervo de la biblioteca del Estado de México, cedida por el gobierno.[Nota 28] Simultáneamente, se organizaron concursos que abrían un debate público sobre temas de gran importancia: la minería, la conservación de los bosques y la educación primaria. Estas actividades atrajeron nuevos socios.[Nota 29]

Con la aparición de la revista El Ateneo Mexicano, publicada entre 1844 y 1845, la organización de la asociación se sistematizó más: durante este período se amplió el número de secciones,[Nota 30] y se nombró una nueva junta de gobierno.[Nota 31] Casi todos los autores que colaboraron en El Ateneo Mexicano ocuparon un lugar preponderante en la vida política de la época.[Nota 32]

Desconocemos las actividades de los ateneístas entre 1846 y 1850. Suponemos que la crisis política por la que atravesó el país durante aquella época hizo disminuir, o acaso desaparecer, sus reuniones. Existen testimonios de que la asociación reanudó sus labores en 1851: en el mes de enero, El Siglo XIX anunció el nombramiento de un nuevo tesorero interino (Pablo Vergara), y publicó la lista de los socios que habían sido admitidos.[Nota 33] El Ateneo quedó así formalmente reinstalado, "a pesar de haber muerto muchos de los socios y de estar ausentes otros".[Nota 34] Tenemos noticias de las lecciones de Derecho administrativo que Teodosio Lares impartió en El Ateneo durante este período. Hacia fines de 1851 o principios de 1852, la asociación desapareció en cuanto tal. Sin embargo, muchos de los ateneístas volvieron a reunirse en otras asociaciones, dando así continuidad al proyecto.[Nota 35]

b) Las ideas

La importancia que los pensadores decimonónicos dieron a la formación de asociaciones científicas y literarias, estaba fundada en la convicción de que en la época moderna, el sabio, el profesor, el hombre de letras, el artista, no podían ya producir en for ma aislada. Se pensaba que la transformación de la condición del hombre de la masa demandaba la búsqueda explícita de una coherencia entre las orientaciones del saber y las "necesidades más urgentes del pueblo" y que esto sólo podría lograrse mediante la conjunción de los esfuerzos de los privilegiados. Concientes de su misión histórica -regenerar al pueblo ignorante-, los ateneístas declaraban estar animados por "el sublime deseo de ser útiles a sus conciudadanos"; añadiendo que, "hay en el hombre sabio una generosidad infatigable que trabaja sin otra mira que el beneficio de la humanidad, que madura con paciencia y sensatez los frutos que desea derramar, huyendo igualmente del presuntuoso arrojo de la sofistería, que de la indolencia del egoísmo".[Nota 36]

Con base en estos principios, el proyecto de educación popular que animó la vida de El Ateneo estuvo articulado en torno a tres objetivos: "'introducir la instrucción en muchos ramos de ciencias de que habíamos carecido hasta el día de hoy, y que por lo mismo, eran totalmente desconocidas al mayor número de habitantes de nuestro suelo"; adaptar a México "los métodos más modernos de Europa"; en fin, "facilitar la instrucción, conciliando los medios de que se vale para darla con los intereses privados de los que la solicitan".[Nota 37]

"La posibilidad de educarse debería estar abierta a todos. A las cátedras y lecturas impartidas en El Ateneo asistía "una multitud de personas de todas edades, estados y condiciones, que voluntariamente acuden a adquirir en aquel establecimiento los medios de aplicar el ingenio a las artes, a las ciencias y a las bellas artes, esto es, la verdadera instrucción, el amor al trabajo, y las luces necesarias para conocer nuestros deberes, y asegurar la felicidad posible en esta vida".[Nota 38] Fueron en particular los artesanos -"esa apreciabilísima clase de toda sociedad libre -y civilizada"quienes encontraron en El Ateneo, "medios de instrucción que les sería acaso imposible conseguir, si no existiera aquel establecimiento. En él empiezan a adquirir ideas ciertas de la dignidad del trabajo, y las doctrinas que allí se les inculcan, les muestran el porvenir bajo el punto de vista más propio para animarlos, haciéndoles ver con otros ojos la importancia de la profesión que cada uno abraza, y el distinguido lugar que por medio de ella pueden ocupar en la sociedad".[Nota 39]

A diferencia de universidades y colegios donde además de cos tosa, la educación impartida era "antigua, embrollada, confusa, reducida a ocupación única y exclusiva por espacio de años ente ros, y confinada a ciertos establecimientos rutineros y sombríos ... propios para hacerla odiosa, nula y ridícula", [Nota 40]El Ateneo buscó facilitar y amenizar la instrucción y hacerla compatible con la vida cotidiana del pueblo. Además de que no era necesario realizar gastos especiales, ya que la asociación proporcionaba gratuitamente los libros y los útiles necesarios, las actividades del Ateneo estaban diseñadas para que los alumnos pudieran conservar su trabajo y adaptaba sus horarios a la conveniencia de los asistentes.

La revista El Ateneo Mexicano reflejaba los mismos ideales: en ella se buscó unir la "solidez de principios a la variedad de materias", y despojar la instrucción de su "aspecto ceñudo" para, presentarla "en forma risueña, placentera, y a veces juguetona, a todas las clases de la sociedad".[Nota 41] Esto se tradujo en la presentación de una temática variada que abarcaba la literatura, la historia, las ciencias naturales, la religión, la arqueología, la educación, el derecho, la filosofia, la industria, la arquitectura, así como otros conocimientos que podían ser considerados de utilidad social. Al lado de los artículos de fondo, se publicaron obras poéticas y una serie de noticias relativas a los esfuerzos de hacer llegar al pueblo un nuevo tipo de instrucción. Entre estas noticias encontramos, por ejemplo, un proyecto de Lucas Alamán para impulsar el estudio de la historia, y otro para pro mover la educación técnica para niños.

Los ateneístas pensaron que la producción de este saber enciclopédico era de utilidad social en la medida en que el conocimiento científico y las artes encerraban un potencial para transformar al hombre colonial en un ciudadano libre y conciente de sus derechos. Más que por sus aplicaciones directas al mejoramiento de la vida material, la importancia de las actividades realizadas en esta sociedad de pensadores se desprendía de la posibilidad de enunciar los elementos que favorecerían el surgimiento de un nuevo tipo de relaciones sociales basadas en la libre asociación de individuos, iguales en su esencia.

Para los ateneístas la transformación de la sociedad colonial apuntaba hacia el desarrollo de una sociedad de propietarios, respetuosos de las instituciones y confiados en el progreso. El sostén de esta transformación estaba dado por la realización de un trabajo intelectual: el objeto de la historia, la literatura, la economía o el derecho era, en efecto, esbozar el perfil del hombre nuevo en relación con valores como la propiedad, la cultura y el trabajo.

El proyecto pedagógico de la élite reunida en círculos literarios y sociedades de pensadores descansó, pues, en el supuesto de que el hombre del pueblo tenía que pasar por una transformación para poder ser reconocido como un ciudadano. Esto, a pesar de que en el pensamiento político moderno la noción de ciudadano quedaba referida al hombre en abstracto, cuya especificidad no estaba dada por una determinación social como por ejemplo el interés de enriquecerse o la adquisición de la cultura democrática.[Nota 42]

La imposibilidad de supeditar la noción de ciudadano a la educación o a la propiedad, nos lleva a cuestionar la finalidad explícita del proyecto ateneísta. Es decir, cabe interrogarse si esta asociación cultural de ayuda a las "clases menesterosas" estuvo más bien al servicio de los intereses políticos de la élite ilustrada. El análisis de la organización interna del Ateneo nos ayudará a esclarecer esta pregunta.


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