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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

5. Educación para la democracia


La vida intelectual del México independiente estuvo en manos de una élite que se concibió como el único grupo capaz de definir un proyecto político para la nueva nación. Dicho proyecto fue generado y desarrollado en diversos espacios, entre los que se contaron las asociaciones culturales donde los ilustrados se reunían para discutir temas variados, sin aparente finalidad política.

Un historiador de la Revolución Francesa, Augustín Cochin (1876-1916), interpretó la irrupción del "fenómeno democrático" en una sociedad con un pasado monárquico, en relación con el trabajo que se llevó a cabo en dichas asociaciones. Para este autor la consolidación del orden democrático estaba estrechamente vinculada a la reproducción de un nuevo "modelo social" -basado en el individualismo moderno-, que las logias y las so. ciedades de pensadores contribuyeron a difundir a partir de la segunda mitad del siglo xvin en Francia.[Nota 43]

De acuerdo con Cochin, la condición para ingresar en logias y sociedades de pensadores era que los aspirantes se despojaran de los elementos concretos que determinaban su inserción dentro de la sociedad -la profesión o el nivel económico-, y reafirmaran su apego a las ideas. Lo importante no era que existiera un acuerdo en cuanto al contenido mismo de éstas (recordemos que en El Ateneo coexistieron tendencias políticas opuestas), sino el hecho de que cada uno de los asociados pudiera ser considerado como un ser pensante y conciente del poder de la razón. A diferencia de las antiguas corporaciones, donde la referencia a la profesión, la clase y la raza eran elementos esenciales para definir la membresía, las asociaciones de ilustrados se formaron en función de una identificación ideológica que traducía el compromiso personal de cada uno de los asociados con una nueva concepción social basada en la noción de individuo.

La estructura misma de las asociaciones científicas y literarias reflejaba la moderna concepción individualista. En primer lugar, la organización interna semejaba aquella de una república ideal --- con sus leyes, sus premios, sus sanciones, sus magistrados, su pueblo-, en la que se practicaba una democracia pura; esto es, la icción del gobierno directo del Pueblo, que el Jacobinismo llevó hasta sus últimas consecuencias en la época del Terror. Por otra parte, el principio de igualdad que regía las relaciones entre los asociados era una réplica de la noción abstracta que en una democracia queda plasmada en la dimensión jurídica, y que confiere a todos los individuos los mismos derechos. En fin, los mecanismos que regían el intercambio de ideas entre los pensadores permitían extraer la Opinión otra de las piezas clave del modelo democrático- a partir de la realización de un trabajo de síntesis sobre las opiniones individuales. Dichos mecanismos traían aparejada la anulación de las convicciones personales de cada uno de los miembros, en aras de la elaboración de un consenso que, al ser presentado como producto de la voluntad general, se convertía en una forma de poder,susceptible de impugnar la legitimidad de las relaciones sociales que no estaban fundadas en el principio de la libre asociación de individuos. Por ejemplo, las relaciones que prevalecían en las comunidades indígenas y en la Iglesia.

El corolario a esta interpretación es que las academias y las sociedades de pensadores fueron uno de los instrumentos a través de los cuales la élite logró conservar el derecho a dirigir y gobernar,aún cuando de acuerdo con los principios democráti cos cualquier miembro de la sociedad pudiera en principio acceder al poder. Francois-Xavier Guerra ha señalado en este senti do que la difusión del individualismo moderno dio lugar a una "sociedad política radicalmente diferente, con nuevas formas de organización y de acción, con un nuevo sistema de representaciones y valores",[Nota 44] en el seno de la cual se consolidó una red de relaciones personales que dieron una base al Estado mexicano a partir de la derrota de los conservadores. La hipótesis de Guerra es que la estabilidad de los regímenes de Juárez y Díaz estuvo sustentada en las formas de organización social que existieron en las primeras décadas del siglo XIX.

Hay que añadir que si bien las academias y las sociedades de pensadores permitieron a la élite absorber los elementos innovadores que configurarían el orden democrático, el proyecto educativo que en ellas se gestó mantuvo vivo el legado colonial. Es decir, después de la Independencia, la educación seguía siendo concebida como parte integral de un programa político similar al que la "minoría selecta" aplicó en el último tercio del siglo XVIII, primero en España y después en las colonias americanas.

En tanto que educadores, los ateneístas se concibieron, pues, como promotores del "bien común" -categoría en perfecta coherencia con los principios que fundaron la monarquía absoluta- dentro del marco de un sistema democrático, donde la educación constituye un derecho y no una obra de benevolencia. ¿Puede esto explicar el fracaso de la educación utilitaria, dirigida a incrementar el número de los iguales en una sociedad donde, a pesar de la ruptura con la monarquía colonial, el ejercicio de la libertad y la igualdad estaba reservado a una minoría?


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