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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

LA SIGNIFICACIÓN POLÍTICA DE LA RADIO Y LA TELEVISIÓN

Author: Raymond Aron

Presentación
El Tercer Hombre
La Información Requerida para Emitir un Juicio
El Caso Británico
El Caso Norteamericano
La solución francesa
La radio bajo los regímenes totalitarios
La televisión y la política

Presentación


EL PRESENTE texto, reproducido por la revista Mediaspouvoirs número 6, de marzo de 1987, bajo el rubro Analyses (Les Classiques de la Communication) transcribe una conferencia de Raymond Aron dictada en 1957 acerca de la significación política de la radio y la televisión. No se trata únicamente de la opinión personal del gran politólogo y filósofo francés, permanente contrincante intelectual de Jean Paul Sartre, sino de un análisis de los medios de comunicación en diferentes regímenes políticos (Inglaterra, Estados Unidos, Francia, países totalitarios) a la luz de los estatutos jurídicos y, sobre todo, de las prácticas observadas en cada uno de ellos. Es, desde la perspectiva actual, un documento histórico de primer orden, tanto más que aborda experiencias novedosas en el plano político de la televisión. Corresponde al lector confrontar estas primeras aproximaciones al uso político de la radiodifusión con la realidad actual tanto en los países analizados por Raymond Aron como en México. Concretamente, valdría la pena reexaminar las ideas del autor respecto a la objetividad de los medios de comunicación en el contexto sociocultural y político de cada uno de los países.

Dado que el texto es una transcripción de la conferencia dictada por Raymond Aron, conserva el estilo coloquial propio de esta forma de expresión, lo que origina una dificultad en su con figuración escrita en el momento de la traducción.

Cuando meditamos acerca de la significación política de la radiodifusión nos vienen a la mente innumerables y obsesionantes recuerdos. En efecto, nos resulta dificil despojar de su dimensión radiofónica tanto los hechos que heinos vivido como cualquiera de los grandes acontecimientos de nuestra época. Así, Hitler resulta inconcebible si no nos percatamos de la repercusión de sus estrepitosos alaridos a través de las ondas hertzianas. También, los años de guerra -durante los cuales los pueblos sometidos sólo se pudieron relacionar con el mundo exterior gracias a la radiodifusión- siguen profundamente marcados por el hecho de que la palabra está presente hoy día y en todas partes, a pesar de que los emisores desconocen a sus interlocutores. Igualmente, la voluntad de cortina de hierro de ciertos regímenes para impedir que la palabra de otro universo cultural franquee su línea de demarcación se ha visto abatida, por así decirlo. Este esfuerzo por detener la palabra se evidenció inevitable e ineficaz a la vez por parte de estos regímenes, ya que las ondas hertzianas lograron penetrar a pesar de todo.

De ahí que la verdadera dificultad del tema a tratar no sea precisamente la de despejar el sentido político de la radio, sino la de hablar acerca de su especificidad. En cierto modo, toda la política actual se ve afectada por el hecho de que no solamente escuchamos lo que sucede sino, gracias a la televisión, también somos testigos oculares de los acontecimientos.

Para tratar de abarcar lo esencial y para analizar la influencia de la radiodifusión, tomaremos como punto de partida una idea por demás trivial, en el sentido de que una de las características de las sociedades modernas es la de que sus gobiernos están con denados a hablar, a explicarse. No pueden pasar por alto ni la justificación ni la discusión sobre lo que hacen o dicen, si consideramos que en la actualidad toda política es un diálogo interminable.

Se nos podría objetar que ese carácter "dialógico" de la política no es exclusivo de nuestra época, pues es obvio que nunca hubo política que comportara tantos diálogos como la ateniense, comprobado a través de la obra de Platón y de la del historiador Tucídides, autor de infinidad de discursos cargados de gran significación.

Sin embargo, el diálogo en las sociedades modernas consiste particularmente en que la palabra de los gobernantes se dirige a todos, a diferencia de la palabra ateniense, que sólo se difundía a una minoría de ciudadanos dedicados a la guerra, que no trabajaban y que disponían de tiempo libre. Ahora bien, el diálogo político en las sociedades modernas, tiende a hacerse extensivo a todos los hombres y, en este sentido, se vuelve universal y convierte a la ciudadanía en ciudadanos activos.

Para comprender mejor lo que queremos decir con respecto a esta necesidad de hablar, es conveniente recordar algunas tentativas llevadas a cabo por el régimen de Vichy. [Nota 1] En la primera fase del gobierno del mariscal Petain, los tradicionalistas estimaban que la discusión política y constante de las ideas era perniciosa, pensaban que sólo los gobernantes debían reservarse esa exclusividad, cuando se trataba de tomar medidas y cuando tenían que justificarse.

Para ilustrar mejor este caso, citemos el ejemplo de Charles Maurras [CMT 1]cuando escribía a propósito del colaboracionismo. En uno de sus textos famosos justificaba acertadamente este rechazo por la polémica; alguien le preguntaba: "¿Está usted de acuerdo en colaborar con los alemanes?" Y respondía: "No". "¿Está usted en contra?" Respondía de la misma manera: "No, gracias al cielo, ya no estamos en la época en que los gobernantes tenían que justificarse ante sus gobernados y explicarles lo que hacían o dejaban de hacer".

No faltaba esa clase de argumentos en favor de esta negativa en un país ocupado. Sin embargo, los gobernantes durante la ocupación no pudieron sostener esta postura. ¿Por qué? Por el simple hecho de que ya existía la radiodifusión y ellos tenían la obligación de dirigirse diariamente a todos, además de que no podían dejar de dar una interpretación de sus acciones. Fue entonces cuando surgió un equívoco irresoluble: dado que los gobernantes que hablaban a los franceses se encontraban bajo el control de los alemanes, para la ciudadanía no fue claro quién disponía realmente del micrófono.

Se nos puede hacer una segunda objeción cuando hablamos de la política como sinónimo de discusión: ¿acaso la políticadiálogo no se ha originado gracias al sistema parlamentario?; ¿acaso tampoco existió el diálogo en los Parlamentos en los siglos XIX y xx mucho antes de la aparición de la radiodifusión? y, ¿no es cierto que el verdadero diálogo se desarrolla fuera de la radio entre los parlamentarios o entre éstos y los gobernantes?


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