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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

El Tercer Hombre


Ni por un momento pondríamos en duda el hecho de que el origen de la discusión política, en los regímenes modernos, se encuentra efectivamente en el Parlamento, pero pensamos que la radiodifusión agrega al diálogo un interlocutor esencial en todos los regímenes políticos. En efecto, en el régimen democrático se desarrolla un doble diálogo, a saber, el que se da entre los elec tos y el de éstos con los gobernantes. Ahora bien, en todos esos diálogos existe un tercer hombre llamado el elector. Este elector no puede ser excluido del diálogo parlamentario, precisamente porque existen instituciones admirables o satánicas que le hablan al conjunto de los ciudadanos todos los días.

Incluso en los regímenes totalitarios no es posible ese tercer interlocutor. Para nosotros, un régimen totalitario es esencialmente aquél donde los gobernantes quieren reservarse el monopolio de la palabra legítima y el monopolio de los medios publicitarios, declarando, al mismo tiempo, que su palabra, su justificación de los hechos y su interpretación son las únicas verdaderas.

El monopolio de la palabra legítima comprende el de la radiodifusión y el de la televisión por parte del Estado. Afortunadamente, la radio proporciona a los gobernantes un poderío insospechable pero limitado debido a la presencia de ese tercer hombre, que es a la vez un intruso. Entre Hitler y los alemanes se deslizaba un tercer hombre: la radio inglesa. También entre los gobernante húngaros y los habitantes de 1956 a 1957 se interponía otro tercer hombre: todas las radios extranjeras que hablaban entonces de la insurrección del pueblo húngaro.

Ahora quisiera hablarles de la significación política de la radiodifusión en- los regímenes democráticos, es decir, la que incluye al elector-tercer hombre, en primer término, para después referirme a los regímenes totalitarios, a saber, los que comprenden al tercer hombreintruso.

Para hablar de la radiodifusión en los regímenes democráticos, nos vemos en la necesidad de analizar dialécticamente los términos de educación, propaganda y libertad, aunque quizá suene pedante.

Es incuestionable que toda radiodifusión democrática se basa en el compromiso de conciliar las exigencias en los planos de la educación, la propaganda y la libertad. En el caso ideal, la radio debería ser educativa, pero si es demasiado educativa, se convertiría en propaganda y, de ser así, dejaría de ser libre.

Probablemente ustedes conocen una fórmula célebre y perspicaz que, a propósito de la política, Paul Valéry escribió en alguna parte: "la política ha sido durante siglos el arte que impide a los hombres se inmiscuyan en lo que les atañe; luego, en nuestra época ha llegado a ser el arte de interrogarlos sobre lo que ignoran".


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