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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

El Caso Norteamericano


Nos parece que la solución norteamericana se sitúa en el extremo opuesto. Esta radiodifusión es democrática pero eso no quiere decir que sea neutra. El sistema democrático tiende a respetar el principio de libertad, al menos el de la pluralidad, pero tiende también a dejar que la radiodifusión sea una fuerza relativamen te independiente, comparable a la de la prensa.

En Estados Unidos existen múltiples cadenas en manos privadas. Los periodistas más importantes, llamados columnists, de las radiodifusoras, son comparables a los de los diarios, exagerando incluso ciertas caraterísticas de la prensa escrita norteamericana.

Es probable que todos ustedes conozcan el nombre del famoso columnist de la prensa radiofónica especialista en predicciones y a quien se le anunciaba así: "ahora van ustedes a escuchar al famoso columnist cuyas predicciones han acertado en un 83%". Quizá nos equivoquemos en cuanto al número; lo importante en este caso es destacar el estilo que, por otra parte, es inconcebible en Gran Bretaña.

Mientras que la radio norteamericana se esfuerza por lograr popularidad a toda costa, la radio inglesa se empeña en preservar su tono de dignidad. De tal modo, la radiodifusión norteamericana admite de buen grado lo que llamamos en Europa "la vulgaridad" casi siempre desdeñada por los ingleses. También la radio norteamericana, al dirigirse a millones de personas, ha creado un estilo particular de periodismo político adaptado directamente a la televisión.

Convendría preguntarse si esta forma se su jeta a los principios que la radiodifusión democrática tal y como los hemos definido el inicio de esta conferencia.

En cuanto al ideal de libertad, la radio en Norteamérica es indiscutiblemente democrática; incluso aún niás que la inglesa, pites esta última implica prácticamente -un monopolio estatal neutralizado por los partidos, siendo en el fondo un monopolio de Estado. En cambio, en Estados Unidos, la radio es democrática según la concepción norteamericana, lo que equivale a decir que es plural, pues otorga gran posibilidad e influencia a múltiples grupos. En realidad, esta democracia está basada en el régimen de competencia, o mejor dicho, de abierta competencia in herente a cada partiáo y al sistema político en general.

La radio norteamericana comparte el mismo principio de Iibre competencia que se da en cada partido o entre diferentes partidos políticos, por consiguiente, la administración estatal puede hacer uso de la radiodifusión sin rebasar las prerrogativas de los grupos privados.

En este sentido conocemos, por ejemplo, la influencia que ejercieron las charlas por radio del presidente Rosevelt. difundidas semanalmente. Hasta la fecha, el presidente de Estados Unidos puede dirigirse al conjunto de la opinión pública por radio y televisión, sin ninguna dificultad. Igualmente, cualquier partido puede comprar espacios en los medios audiovisuales.

Sin embargo, este tipo de organización presenta tina doble problematica. Por tina parte, es posible preguntarse en qué nie dida los grupos económicos poseedores de cadenas de radio y televisión, imponen su voluntad a los informadores de los medios Creemos que, en la práctica este riesgo es niás limitado de lo que se piensa y no se debe precisamente a la. organización jurídica sino a. las prácticas consuettidinarias. Tanto los dirigentes como los dueños de las cadenas de radio y televisión otorgan a los reporteros y comentaristas una libertad bastante amplia. Tomemos un ejemplo válido tanto para -la prensa escrita como para la radiofónica. Un columnist norteamericano puede escribir cit un periódico republicano cualquier artículo favorable III partido demócrata debido a que él no se sie me responsable de las opiniones del diario, ni éste de las del periodista.

Precisamente ahí radica la libertad de la cual carecen los columnistas franceses y que tanto envidian a los norteamericanos Evidentemente en Francia no se da el caso de opiniones contrarias a la línea oficial del periódico, en cambio, es -inuy posible que el periodista se rehúse a tratar tenias con los cuales difiere su diario.

Por otra parte,. los periódicos liberales se inclinan tanto a la derecha como a la izquierda dejando a sus colaboradores, por lo menos a los de mayor prestigio, tin margen de libertad según su línea bajo la condición de no sobrepasar cierto límite.

Un segundo riesgo consistiría en lo relativo a las posibilidades del uso del tiempo de la palabra en forma desigual puesto que su concesión depende directamente del dinero. No hay duda que las oportunidades para dar la palabra en los niedios no se reparten equitativamente, pues se necesita dinero para comprar el tiempo y no todos los partidos poseen igual riqueza.

El estilo de la radiodifusión norteamericana no es precisamente el de ser un servicio público neutralizado, sino más hicipluralista en la medida en que existe una propaganda numerosa no tan exenta de cierta virtud educativa. De hecho, la pluralidad en las inentiras, en el peor de los casos, tiene por lo menos el inérito de inspirar cierto escepticismo sobre cada tina de ellas, además, por el simple hecho de que los medios acepten una pluralidad de opiniones, se excluyen muchas mentiras. Sólo pueden ser dichas algunas cosas bajo la condición de que nadie sea capaz de responderlas. La pluralidad, en un sistema de radiodifusión política, crea una dimensión de libertad, generándose con -ella una dimensión educativa Esta última varía, pues no basta con oír discursos contradictorios para lograr que el auditorio se instruya.

Con lo anterior tocamos otro punto, nos referimos concretamente a la capacidad educativa de la radio, dependiente más bien de la buena voluntad de los radioescuchas que de las intenciones de los emisores A fin de cuentas, desde la aparición de la radio, las cadenas radiofónicas y televisivas han provocado la exigencia de ser escuchadas, de este modo según sea la forma o el estilo de -hablarle al auditorio, se tiene o no la posibilidad de aceptación. De buena gana sostenernos la teoría de que el riesgo más peligroso. que corre la libertad de prensa proviene de los lectores, quienes al dar de baja sus suscripciones, sólo consiguen que los periódicos caigan en el conformismo.

De la misma manera, los deseos de los radioescuchas no hacen más que limitar la acción educativa de la radio, pues creemos que los locutores se inclinarían de buena gana hacia los discursos educativos si estuvieran seguros de ser escuchados, lo que nos lleva a afirmar que la educación del público depende tanto de la cultura general de la nación como de la radiodifusión en sí.


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