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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

La solución francesa


Esta tercera solución es la más fácil de definir en vista de que no se trata ni de la propuesta de la BBC ni de la norteamericana. El planteamiento francés no se ha formulado a partir de un estatuto legal, por lo que su realidad es conocida solamente a través de los que están inmersos en ese campo de trabajo. Si dijéramos todo lo que pensamos en este momento, nos arriesgaríamos a desencadenar una serie de dificultades a los colegas que nos han invitado a esta conferencia.

Teóricamente, los franceses quieren orientarse hacia la solución británica pero, seguramente, son más hostiles a la pluralidad de opiniones del capitalismo, manifiesta en las cadenas de radio y televisión, que al monopolio instaurado por los ingleses en un marco de neutralidad.

Si se diera a escoger a los diputados, a los periodistas, al gobierno y, por qué no, a los electores -aunque a estos últimos no estoy tan seguro pero, en fin, a los tres primeros- la opción se inclinaría en favor del régimen británico. Actualmente los franceses ponen a prueba la práctica inglesa sin ningún fundamento legal, incluyendo ciertas intervenciones del gobierno pero sin caer en la neutralización. Consideramos que no basta con expresarse en una votación para el establecimiento de un marco jurídico capaz de resolver el problema, sino que la primera exigencia que se nos presenta debería ser precisamente la de la creación de dicho marco.

Suponiendo que existiera un reglamento francés de la radiódifusión, obviamente éste correría el riesgo de que, una vez constituido, se buscara la forma de eludirlo con el mismo despliegue de ingenio con el que fue creado.

El caso francés es básicamente diferente del inglés porque los ingleses carecen de partido extremista, en cambio, nosotros casi nunca hemos tenido un partido moderado. De esta forma, sería más fácil asegurar una radio neutralizada pues estaría compartida entre dos partidos moderados empeñados en obtener el mismo resultado.

Si hablamos de partidos moderados, podemos decir que, desde los socialistas hasta los independientes no tendrían dificultades para expresarse debido a la inexistencia de una regla de rigurosa proporcionalidad aplicable solamente a los períodos electorales. En general, se toleran las discusiones libres; decimos que en general porque hay etapas donde el gobierno es más susceptible cuando se tratan problemas candentes.

En principio de cuentas, el sistema es impugnable porque no se trata ni del pluralismo norteamericano ni del monopolio neutralizado de los ingleses.

Al fin y al cabo, nos orientamos hacia una reglamentación al estilo británico, pero interpretado de manera algo diferente en razón de las prácticas habituales de los periodistas y de las pasiones de los radioescuchas. Se trata, por así decirlo, de un monopolio neutralizado, cuya neutralidad se verá empañada por las pasiones de unos y otros dentro de cierto clima de amabilidad en medio de la anarquía.

A manera de conclusión nos preguntamos si todavía es necesario definir la radiodifusión bajo el régimen democrático, aunque también cabría cuestionarse sobre el papel de los medios como proveedores de respuestas ante los interrogantes o, si en realidad son ellos los que las dictan.

Como siempre, la verdad está a medio camino, pues es imposible afirmar que la radio de cualquier país sea capaz de hacer algo para darnos una respuesta. De todos modos, el cuidadano común y corriente de los Estados Unidos, de Gran Bretaña o de Francia conoce mejor los problemas que se le plantean gracias a los medios de difusión que lo que ha sabido en el pasado. La radio entonces hace parecer como falsa la ocurrencia de Valéry porque interroga a los ciudadanos sobre cuestiones cuyos datos ya no les son desconocidos por completo. Para el caso, pecaríamos de optimistas si dijéramos que estos ciudadanos manejan los datos cada vez mejor.

No obstante, es muy posible que algunos radioescuchas quieran que la respuesta les sea dictada, después de todo, no estamos tan seguros de que el ciudadano desee fervientemente decidirse por si mismo. Mientras tanto, digamos que la radio es ampliamente informadora y que no es más educativa porque hasta el momento no ha encontrado una fórmula para educar sin ser tediosa. Se sabe que el filósofo francés Alain escribió: "El que enseña bien tiende a ser aburrido también", por la tanto, sólo los buenos maestros son tediosos; pero si nosotros mismos estamos ,Ian seguros de la veracidad de esta teoría, aunque exista el riesgo, sobre todo para la radio, de volverse aburrida cuando quiera ser demasiado educativa. De lo que sí estamos seguros- es de que no toda la radio corre este riesgo con frecuencia.


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