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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1988

La televisión y la política


Tenemos la impresión de haber abusado de la paciencia del auditorio pero quisiéramos abordar un tema que a nuestro juicio tomaría todavía algo de tiempo, nos referiremos a la televisión. Hasta ahora hemos aludido a la relación existente entre la radio y la política. Si aún no hemos tocado aquel tema es porque en Francia todavía no cuenta con la suficiente difusión para ser tomado en consideración como un factor político. Hasta este momento la televisión es un fenómeno marginado en comparación con la influencia ejercida por la radio.

No obstante, en Inglaterra es lo bastante conocida como para desempeñar un papel importante en el marco político, pero según tenemos entendido, la televisión preferentemente se encarga de "despolitizar" en lugar de "politizar" a los ciudadanos. Hace poco mencionamos, a proposito de la radio bajo el régimen totalitario, que los ahora denominados medios de comunicación de masa, tienden a distraer la atención del público y a dictar una ideología conformista. Actualmente la televisión inglesa, no solamente es poco política sino es más bien partidaria de la despolitización. Esta acción está encaminada a producir en el teleespectador imágenes que le hacen olvidar su trabajo cotidiano y abandonar sus reuniones sindicales o políticas.

La televisión nos hace ver los acontecimientos en lugar de oírlos, esta sustitución del oído por la vista tendrá seguramente sus propias consecuencias. Citemos el ejemplo de la entrada de las tropas alemanas a Viena en 1938; en el lugar de los hechos se encontraba un reporte ro de una estación privada, éste hizo que los franceses escucharan el ruido de las botas alemanas sobre el pavimento de las calles de Viena, con lo cual aseguró que este acontecimiento, por más alejado que estuviese, en realidad viviera se en los hogares de millones de franceses. En cambio, la televisión presentaría ante los ojos del gran público una larga secuencia de imágenes políticas sobre el caso, diluyendo con ello el impacto logrado por la radio.

Una de las primeras consecuencias de la televisión -mil disculpas por esta impertinencia- será precisamente la de "despoetiza" los hechos. No creemos que el ciudadano medio de los Estados Unidos alimente un culto especial por los dirigentes de los partidos más importantes en el momento en que éstos nombren a sus candidatos a la presidencia. Sin enibargo, la sola presentación de este hecho por televisión tiende más bien a reducir el respeto de cualquier ciudadano por los políticos. ¿Por qué razón? Porque en nuestra opinión, esos políticos no son precisamente estrellas de televisión. En efecto, cuando los políticos se ven sometidos al suplicio de las cámaras, la estima del ciudadano decae muy a menudo, en comparación con la situación previa al descubrimiento de la televisión.

A pesar de que no todos los políticos tengan dotes para aparecer en televisión y de que no todos posean voz de locutores, muchos de los que conocemos le deben su oficio, en gran inedida a su voz; no necesariamente se trata de los mismos que imponen su presencia ante las cámaras. Tal es el caso de im hecho por demás curioso: una comisión encargada de elaborar tina encuesta sobre un senador norteamericano del cual se hablaba cori bastante frecuencia en las primeras planas de un diario, encontró que su popularidad decaía estrepitosamente cuando por primera vez millones de teleespectadores norteaniericanos de buena voluntad y en el que cifraban su confianzá, lo vieron por televisión.

En variadas circunstancias, la imagen hace más difícil la mentira que el solo hecho de oírla a través de la voz. Es muy posible que una plétora de políticos pueda hacer creer las mentiras que dice tan sólo con la voz, pero de seguro le resultará más dificil cuando se presente con toda su corporeidad en televisión.

En general diríamos a riesgo de equivocarnos, que la imagen hace más dificil la mentira que la voz. Se puede falsear la presentación de los hechos por medio de imágenes, pero sería mis complicado para los políticos encontrar una técnica televisiva comparable a la de la radio.

Llegó el momento de concluir y nos preguntarnos qué hay que hacer en estos casos. Por definición las observaciones planteadas no pueden someterse a tina conclusión rigurosa, sin embargo, nos vemos en la necesidad de expresar por lo menos una de entre otras posibles. Consideramos que la era de la radiodifusión y de la televisión es la época de la ciudadanía universal porque estas se dirigen a todas y todos tienen la posibilidad de participar en la vicia política. La mayoría sabe leer y escribir y aún citando muchos no sepan tienen la capacidad de comprender lo que pasa en sus pantallas de televisión.

A pesar de vivir en la era de la ciudadanía universal no todos los hombres comparten el mismo universo cultural. En la práctica, hay mucha diferencia entre un ciudadano inglés que vive en el universo cultural del Times o del Manchester Guardian y aquél que vive en el universo cultural creado por las revistillas, los periódicos dominicales de gran tiraje y los que generan tin ambiente extraño donde prevalecen el sexo, el crimen, el amor y lo novelesco sobre las preocupaciones políticas.

La era de la radio y la televisión es, en teoría, donde todos los hombres viven en el mismo universo cultural y donde se encuentra, a pesar de todo, reconstituida la diferencia entre dos culturas y dos políticas disímbolas y extrañas.

Digamos, aunque corramos el riesgo de llegar a una conclusión a toda costa, que el horizonte de la radio es el de un espacio simultáneo para hombres que viven en dos universos culturales. Por lo pronto no creernos que esto se haya logrado. La BBC ofrece progainas destinados a los lectores del Times y del Manchester Guardian y no Cuenta con tantos auditores fuera de los happy few.

Las otras cadenas de radio se dirigen a los consumidores de periódicos sensacionalistas.

Sin embargo, la radio es superior a los diarios destinados a ese público. Los canales 1 y 2 crean un universo cultural que no es ni el de los happy few ni el de los lectores asiduos al sensacionalismo. La radio proporciona noticias en tin tono objetivo, también ofrece elementos que al conocimiento y propone ideas y argumentos en forma amena sin olvidar los temas sujetos a la discusión política, eventualmente presentados con cierta intención educativa.

La radio es ya tin intermediario entre los dos universos culturales compartidos por ciudadanos de tina misma comunidad

Supongamos que dentro de mucho tiempo esos dos universos culturales logren fundirse en uno solo, entonces la radiodifusión habrá cumplido con su cometido, y de no ser así le bastaría con lo que aspira a ser: una gran fuerza del mundo moderno.

Traducción y nota introductoria de Rosa Ma. Aponte.


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