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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

La Zeitgeschichte germano-ocidental


La división en cuatro zonas de ocupación de lo que quedaba del Tercer Reich y de su capital, Berlín, propició una rivalidad entre las grandes potencias, que condujo a la formación de dos Estados alemanes en 1949: La República Federal de Alemania (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA). Mientras que el primero quedó asociado con las potencias occidentales, principalmente con los Estados Unidos, mediante múltiples vínculos políticos, económicos y militares, y asumió la responsabilidad moral y material de los crímenes nazis,[Nota 2] la RDA, aliada aún mucho más estrechamente a la Unión Soviética, declaró ser el "primer Estado obrero-campesinb en el suelo alemán", renegando de cualquier herencia con el régimen anterior y de toda responsabilidad por la segunda guerra mundial.[Nota 3] De esto deriva para la RFA el problema de la continuidad estatal y la ambición de representar a todo el pueblo alemán hasta la solución definitiva, concertada en un congreso de paz, tal como reza el preámbulo de la Ley Fundamental, que sustituye a la Constitución de este país.

Por consiguiente, la ciencia histórica en Alemania occidental tuvo que enfrentar el legado histórico con todo el peso de la hipoteca e iniciar la exploración crítica de su pasado reciente. En esta tarea se topó con dos obstáculos, en apariencia insuperables, que bloqueaban el camino para una investigación seria. La primera barrera fue la de la aceptabilidad social del pasado nazi, que la gente no admitía luego de que casi la totalidad del pueblo alemán había estado comprometido activamente con dicho régimen.[Nota 4] La segunda dificultad provenía del peso de la tradición positivista de la historiografía alemana, que rechazaba programáticamente la historia contemporánea como objeto de estudio.

Recordemos que la ciencia histórica alemana se había erigido en la segunda mitad del siglo xix en el modelo a seguir por su rigor metodológico y sólidas bases institucionales de investigación y enseñanza. Entre los principales presupuestos teóricos de L. von Ranke -la figura clave de la historiografla positivista alemana- se encuentra el de la independencia total del historiador respecto del tema de investigación, que no admite ningún compromiso ni juicio de valor sobre los hechos de estudio.[Nota 5]Independientemente de que tales preceptos nunca se han llevado a cabo -ni el propio Ranke podría sostenerlos con su obra- en los medios académicos se estableció la norma de que no podrían ser objeto de estudio los acontecitnientos ocurridos en los últimos 60 años -por los motivos que antes expusimos.

Sin embargo, sería inexacto decir que en la RFA de posguerra no se hicieron estudios sobre la historia contemporánea, sobre la época (te la República de Weimar y de Hitler. Las investigaciones y publicaciones en su mayoría provenían de politólogos, con una visión e interés particulares. El gremio de los historiadores profesionales, ligado a la herencia positivista se mostraba muy reacio con respecto al estudio de la historia contemporánea. La situación resultaba tanto más extraña cuanto que los archivos estatales permanecían accesibles a los interesados. La sola e inmensa documentación reunida con ocasión del proceso a los criminales nazis en Nürenberg podía proporcionar abundante material para la investigación.

Esta reticencia fue rota por un grupo de historiadores de mediana yjoven generación, con H. Rothfels a la cabeza, quienes se propusieron abrir el camino al estudio de la época contemporánea, denominándola die Zeitgeschichte. Según los conceptos de su principal impulsor, ésta debería ser:

La historia de una época que nos invade con tantos nuevos desafíos originados por el derrumbe de antiguas constelaciones y lealtades nacionales, por el cuestionamiento de la soberanía de los Estados individuales, por el intento de integraciones federativas, por la pérdida relativa de la importancia del continente europeo en el mundo, por la terminación de toda la política colonialista, por el aumento de número de habitantes y, a la vez, de las fuerzas productivas, hasta llegar a la automatización del proceso de trabajo, por la ruptura de antiguas formas de expresión artística y por la experimentación de las nuevas, por el surgimiento de capacidades autodestructivas de las ciencias naturales y de la técnica, que representa incluso el peligro de la desaparición (le la vida humana misma, por el despliegue de lo inhuniano en la dimensión nunca antes vista.[Nota 6]

Desde el principio -fines de los años 50- se desató tina ola de críticas en contra del término mismo, que literalmente significa "la historia temporal". A algunos oponentes, la expresión die Zeitgeschichte les parecía un contrasentido, una contradicción en sí, ya que según ellos el término geschichte (la historia) se refiere al pasado, a lo realmente sucedido" -como expresara una vez el propio Ranke- y zeit (el tiempo), en el sentido otorgado por Rothfels, se relaciona con el momento actual, que presenciamos y vivimos directamente. Para otros críticos, menos atados a la herencia positivista, el término contenía una redundancia, dado que sus dos componentes expresan prácticamente lo mismo el tiempo. Argumentaban- y obviamente con razón- que la historia no puede existir sin el tiempo.[Nota 7]

Tampoco faltaron intentos por sustituir la designación, cada uno esgrimiendo sus argumentos correspondientes. La discusión quedó superada cuando el término Zeitgeschichte se afianzó y adquirió respeto en los medios universitarios y editoriales.[Nota 8]

Otra controversia se centró en torno a la extensión cronológica de la Zeilgeschichie. Cabe recordar que para la historiografía francesa -y la que se ha desarrollado bajo su influencia- la historia contemporánea comienza con el estallido de la Revolución de 1789, porque, se arguye, con esta fecha se inicia una nueva época no sólo para Francia sino para casi todo el globo. En cambio, para los ingleses, la Contemporary History se inicia en 1832, año de la reforma parlamentaria que permitió establecer un moderno sistema representativo en Inglaterra, que sirviera de inspiración a fuerzas democráticas de otros países. Para los historiadores alemanes en cuestión, extensiones cronológicas tan grandes resultaron inadmisibles, por la simple razón de que la historia de su pueblo había sufrido en el espacio de menos de dos centurias múltiples rupturas en los planos político, social, ideológico y cultural.

Los partidarios de la Zeitgeschichte coincidieron en que el punto de arranque para la historia contemporánea debería situarse en 1917, año que abre la "época coetánea".[Nota 9]Insistieron en que aquel año tuvieron lugar dos acontecimientos que marcaron de manera decisiva la evolución de la humanidad: los Estados Unidos entró en la primera guerra mundial y en Rusia estalló una revolución con el objetivo de eliminar el capitalismo y construir un nuevo régimen social. Estos hechos, en la visión de los propagadores de la Zeitgeschichte, son más que nada símbolos de cambios mucho más profundos y de alcance universal, cuyas consecuencias perduran hasta nuestros días. A partir de esta fecha se observa un despunte para un nuevo orden internacional, en el cual los dos Estados asumirán respectivamente un papel hegemónico a escala mundial, con las intenciones opuestas de moldear las relaciones internacionales. Pero también, desde el fin de la primera guerra mundial, presenciamos el declive de Europa en el concierto mundial, así como en el plano interno un resque brajamiento de las estructuras estatales y del orden social, al surgir las ideologías totalitarias del fascismo y el comunismo. También desde este momento se habrán de acentuar nuevas configuraciones y procesos de dimensión planetaria, que son señalados desde la definición misma de la Zeitgeschichte dada por Rothfels.[Nota 10]

La Zeitgeschichte sostiene una visión dinámica de la historia, ya que postula que en el transcurso del tiempo se extiende el espacio cronológico y que las investigaciones iniciadas como coetáneas se irán volviendo "clásicas". Sin embargo, los portavoces de la nueva corriente recomiendan conservar una mínima distancia -aproximadamente de una década- para abordar un tema, con el fin de evitar la emotividad momentánea y reunir documentación más completa. En todo caso, rechazan la rigidez de adoptar un límite entre lo que es "todavía actualidad" y lo que ya pertenece a la historia contemporánea, haciendo hincapié en que la solución de este dilema depende, en última instancia, del planteamiento de las hipótesis de investigación y del cumplimiento de los requisitos para que sea un trabajo histórico.[Nota 11]

¿Ostenta la Zeitgeschichte una particular teoría de la historia que le da cohesión y rasgos distintivos respecto de otras concepciones del quehacer histórico?

En primer lugar, sus promotores y cultores enfatizan que la Zeitgeschichte realiza una parte integral de la ciencia histórica, de igual modo como la historia contemporánea se inscribe dentro de procesos históricos más largos. Por consiguiente, no corresponde hablar hablar de una sola teoría de la Zeitgeschichte, como sería atrevido proponer una teoría para la historia tout court. Por el contrario, el estudio de la historia contemporánea debería estar abierto a todas las teorías del trabajo histórico, que respectivamente pueden ser útiles a la explicación histórica. Pero en ningún momento debe perderse de vista la obligación de realizar toda investigación de historia contemporánea con el mismo rigor y requisitos metodológicos necesarios para cualquier investigación sobre historia "lejana". Esto se deriva de la obligación de todo historiador de no caer en ser "partidista, servicial cargado de emociones y resentimientos".[Nota 12] Naturalmente, el historiador --de cualquier período que se ocupe- no vive aislado sino que es un ser social, con una determinada visión del mundo, con una formación intelectual propia y con experiencias características de sus condiciones históricas; y todo esto se reflejará de algún modo en el tratamiento dado a su investigación.

En segundo lugar, con relación al hecho de conservar distan cia, presuntamente imposible para el caso de la historia contemporánea, los partidarios de la Zeitgeschichte subrayan que lo determinante no es la distancia cronológica ni la espacial, sino una distancia espiritual que se expresa en el mismo afán de veracidad, explicación mejor documentada y lo más coherente posible.[Nota 13] En el caso de la historia contemporánea puede hacerse sentir una mayor presión por parte de las organizaciones institucionales a fin de propagar la versión oficial de los hechos, es decir, conforme a sus intereses. De ningún modo el historiador debe doblegarse a los requerimientos de los aparatos de poder, sino adoptar una actitud apolítica y distinguir los dos campos; no buscar aplausos ni inquietarse por los disgustos de los detentores del poder,[Nota 14]

En tercer lugar, lo más recomendable en el estudio de la historia contemporánea es la aplicación de diferentes métodos y procedimientos comparativos a fin de destacar tanto lo singular como lo constante, lo paralelo, lo uniforme o lo análogo de fenómenos contemporáneos. Los métodos comparativos se imponen corno imperativo de mucho más alcance en este caso que en el de la investigación histórica clásica, dada la complejidad del proceso histórico contemporáneo, en el que interactúan de manera dinámica las tendencias evolutivas heredadas del pasado con nuevos elementos, cuyos efectos totales aún no se han consumado plenamente. Con esta toma de posición, los historiadores de la Zeigeschichte se reconocen explícitamente deudores de la escuela francesa de los Annales y de la moderna sociología funcionalista norteamericana.[Nota 15]

Por otro lado y respecto a la particularidad de la investigación histórica contemporánea, cabe destacar que la misma se presta particularmente al estudio interdisciplinario, ya que sirve de objeto para varias ramas de las ciencias sociales. Este tipo de estudio puede y debe conducir a un beneficio mutuo en cuanto al uso de diferentes enfoques teóricos y procedimientos metodológicos.

No sólo hay que saludar sino aceptar como mandato ineludible este enriquecimiento. Nuestro inundo se ha ensanchado y diferenciado a la vez; a él pertenece lo externo del hombre: el Estado, la economía, la naturaleza, la política social y la sociedad. Todo ello exige un enfoque multid+isciplinario y una especialización temática; un instrumento que la tradicional ciencia histórica no pudo o no quiso movilizar.[Nota 16]

Otra de las particularidades de la investigación de la historia contemporánea radica en la posibilidad de utilizar nuevas fuentes, desconocidas para la historiografía tradicional: cuadros, películas, grabaciones, entrevistas, etc. Más aún, los historiadores de la época contemporánea son capaces de crear sus propias fuentes -antes imposible de concebir- como son la posibilidad de elaborar y aplicar cuestionarios, realizar entrevistas o encargar memorias individuales o a escala generacional. Por cierto la historia contemporánea también se sierve de fuentes de los núsmos tipos que la tradicional. En todo caso, y siendo la historia contemporánea una parte integral de la historia tout court, son aplicables los mismos preceptos y las mismas reglas de la metodología histórico-crítica de las fuentes, de tal modo que cualquier manual de la materia contiene "un instrumental propedéutico igualmente válido para la Zeitgeschichie". [Nota 17]Pero al mismo tiempo, como lo hemos mencionado, la investigación de la época contemporánea que utiliza nuevas fuentes exige también metodologías más sofisticadas, elaboradas por otras ranias de las ciencias sociales.

Finalmente, huelga añadir que la historia contemporánea presenta una situación paradójica en cuanto a la disponibilidad de las fuentes: por un lado, existe una abundancia de ellas y por el otro, se resiente su escasez, sobre todo, de las de procedencia institucional. Esta escasez se debe a la natural tendencia de cada institución a no revelar documentos comprometedores. La dificultad de acceso a ciertos docunientos acarrea lagunas, pero no representa problemas insolubles -de modo seinejante a como la escasez de fuentes para la historia antigua y medieval no impide emprender su estudio. El historiador en estos casos tiene que aprender a sacar el máxinio provecho de los documentos existentes y valerse de materiales complementarios y sustitutivos.[Nota 18]

La Zetigeschichie sigue desarrollándose, arrojando resultados altamente positivos difundidos a través de innumerables artículos y libros y llegando a establecerse sólidamente en la vida académica de la RFA.


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