©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

La crítica de la historia conteinporánea de W. Kula


Al abordar el tema de la crítica de la historia contemporánea he cha por el internacionalmente prestigiado historiador polaco, tenemos que tener presente que sus observaciones no se limitan a las experiencias de su país, sino que pueden extenderse a los demás de Europa Central para el período 1945-56. En toda la región se llevaron a cabo procesos de transformación a fondo de las estructuras socio-políticas y económicas semejantes, con correspondientes cambios en la vida cultural e ideológica.[Nota 19] Sin desatender ciertas diferencias particulares, sobre todo de ritmo y matices, la voz individual de Kula constituye una articulación ge neral para la historiografía de la época en esta región.

Las críticas de Kula se titulan Reflexiones sobre la historia y fueron publicadas originalmente en 1957, en el momento cumbre de la superación del legado estaliniano en Polonia. Es menester mencionar en este contexto que el autor había venido partici. pando activamente en la construcción de una nueva concepción de la historia, desempeñándose además como profesor en la Academia de Ciencias Sociales del partido, bajo el estandarte de estudios de las llamadas "tradiciones progresistas". En honor a la verdad, hay que añadir que Kula había asumido la actitud de hombre de izquierda desde antes de la segunda guerra mundial y que su caso no fue el de uno de los "conversos" al marxismo de la noche a la mañana. Va a mantener su posición en el libro referido, si bien desprovista de ilusiones infundadas y decidido a erradicar las experiencias negativas, cosa muy visible cuando hace balance de la historiografía del período anterior.

¡Las tradiciones progresistas! Este término provoca la hilaridad del historiador, pues éstas fueron ya burladas eficazmente en los años pasados. El descubrimiento de las tradiciones pro gresistas corresponde al período pasado. Éstas constituyeron, según los directores de la política cultural, una función funda mental de las ciencias históricas. Hubo incluso quienes llegaron a proclamarla como la función única, exhortando al historiador a cada paso ... [Nota 20]

En la concepción a la que se hace referencia se impuso a la historia una visión teleológica del devenir extremadamente unilateral y mecanicista, por la que se explicaba toda la evolución en función de una finalidad precisa, que era la realidad existente. Tergiversando la metodología marxista y fustigando cualquier otra con epítetos de "burguesa", la historia estuvo condenada a aportar pruebas en el sentido exigido por el interés ideológico, aún a costa de abiertas falsificaciones y mentiras groseras. Kula no esquiva la reprobación total de la concepción de la historia y la sociedad prevaleciente en la época estaliniana, cuando, dice:

El período pasado se caracterizó por una concepción sui generis de la sociedad, acondicionada al servilismo adecuado a determinados fines. Tal concepción, extremadamente dicotómica y propagada hasta los límites del absurdo, representaba la incorporación contemporánea y radical del maniqueísmo ... [Nota 21]

La historia contemporánea era, sin duda, mucho más afectada por las arbitrariedades y aberraciones impuestas desde arriba. Abandonando incluso la doctrina marxista, ya de por sí reducida al listado de dogmas infalibles, la época contemporánea quedó presa de interpretaciones subjetivistas, en las cuales no tuvieron cabida otros elementos explicativos que no fueran los que encajaran en "una línea política justa", encabezada por un dirigente que gozaba de gracia según "la doctrina vigente del partido".[Nota 22]Tal versión reduccionista se aplicó con mayor frecuencia al estudio de la clase obrera, tema favorecido oficialmente, de cuyo enfoque dice el autor:

La clase obrera separada de la nación; el Partido, de la clase; y la dirección ideológica, de la vida del Partido; esta impresión recibe uno cuando lee estas publicaciones, y así fue como se investigó la historia del movimiento obrero en Polonia (y de muchas otras naciones), privándose de la posibilidad de un análisis científico.[Nota 23]

Dentro de la praxis historiográfica sobre el movimiento obrero no debe sorprender la ausencia del análisis de todos los elementos constitutivos en su formación, así como de la estructura social en general. En cambio, para explicar las veleidades ideológicas y las derrotas políticas del movimiento obrero en el pasado se recurría muy a menudo a la teoría de los complots, de la infiltración en sus instancias directivas, por agentes que consciente o inconscientemente habían servido a los intereses del enemigo, Kula recuerda en cierto pasaje la tristemente famosa tesis de Wyszynski, procurador general de la URSS en la posguerra, de que no es necesario establecer el vínculo causal entre la culpabilidad y su comprobación. Con la lógica de esta monstruosa doctrina, miles y miles de personas perdieron la vida.

Sobre todo en el apéndice, titulado "Gusla" (término intraducible del antiguo polaco, con el que se denomina una fiesta en honor a los muertos y para reflexionar sobre el pasado y el presente) se revela un testimonio lleno de desgarramiento sobre las prácticas observadas en su entorno, compartidas por sus conipañeros de trabajo. Pero el libro no se detiene en la mera denuncia de absurdos a los que fue conducida la ciencia histórica bajo el estalinismo, por más dolorosos y dañinos que hayan sido. Reconoce que en el mismo período se registró un avance incomparable de las clases populares, se llevó a cabo una verdadera revolución en la educación y la cultura, se logró impulsar la industrialización y la urbanización; y todo ello hecho con el ideal más noble. Al mismo tiempo Kula indaga en su texto cómo escribir historia de otra manera, sin retroceder a las posiciones del positivismo. Al concebir la historia como "el conocimiento sobre los valores sociales y también como una creación cultural", (p. 21), propone una dimensión social, libre de manipulación y de mitos, pero capaz de esclarecer el camino de la liberación del hombre. En este sentido, la ciencia histórica puede cumplir una importante función social, ser no sólo educadora en el sentido tradicional del término, sino formadora de conductas sociales y acciones institucionales. Tal vez al lector extranjero -como también a cierta literatura de Europa centralresulte exagerada su convicción cuando afirma:

Nosotros sabemos mejor que otras naciones que con la historia se vinculan innumerables emociones sociales, sabemos que la historia puede servir de bandera para la lucha por la libertad, pero también contra la libertad, y sabemos, asimisino, que la historia ha sido utilizada en el asado reciente para jus tificar tanto lo bueno como lo malo.[Nota 24]

Dentro de esta misión social, corresponde pues a los historiadores analizar e interpretar la herencia del pasado, pero deben hacerlo con el espíritu de la veracidad, de búsqueda de objetividad, por más que incomode a los detentores del poder o a la sociedad misma. Constatando que sólo una parte del legado histórico pertenece a la conciencia social, en tanto que asimilado por ella, el historiador debería, en primer lugar, centrar su atención en aclarar los componentes y particularidades de su formación, incluyendo la aparición y funcionamiento de estereotipos. En su trabajo, el historiador no debe rehuir emitir juicios de valor, consciente de su honestidad intelectual y responsabilidad social, dado que de otro modo,

si el historiador se tapa los oídos ante las exigencias de que no emita juicios de valor puede dar lugar a que esta, necesidad so cial sea satisfecha por aquéllos a quienes no les corresponde; recordemos que la historia opera con un material sumamente delicado y explosivo, y es tarea del historiador rotegerlo para que no lo manipulen profanos o criminales.[Nota 25]

Las reflexiones de Kula atribuyen particular importancia a la historia contemporánea, por entender que encierra lo auténticamente vivo de la conciencia social. Dado que se amplía cada día, la historia exige una investigación de los fenómenos más recientes. (p. 26) En su opinión, tanto para Polonía como para el resto de Europa, la historia contemporánea realmente empieza a partir de la segunda guerra, que marca una línea divisoria tan trascendente, que casi convierte al período anterior en historia antigua. Asimismo, está consciente de que la investigación de los tiempos recientes plantea una situación novedosa; por un lado, el historiador de este período literalmente vive el transcurrir del tiempo que estudia, está empapado con la realidad cambiante y dispone de cuantiosos documentos al respecto; pero por otro, desconoce aún el desenlace final de los acontecimientos y no siempre le resulta clara la tendencia de un proceso en el cual participa. Dice que, esta situación natural e inevitable no debe impedir emprender los estudios correspondientes. Al observar la historiografía del pasado inmediato desde una perspectiva bastante larga, constata que casi siempre las primeras versiones no han sido sino falsificaciones en distinto grado, Kula presenta algunos ejemplos al respecto, corno son diversas crónicas y memo rias y algunos trabajos del Instituto Histórico del partido comunista polaco, donde él mismo trabajó durante el período estalinista. Si bien comprende que ciertas falsificaciones son inevitables hasta cierto punto, considera que las mismas serán derribadas por los futuros estudios. Directamente influido por los acontecimientos en Polonia durante el período 1945-56, en relación con el quehacer histórico el autor de esta monumental obra llega a la conclusión de que:

Enfocada desde este punto de vista, la historiografía podría reducirse a un largo período de fabricación de mitos y a la lucha por la liberación de ellos. Se crean constantemente nuevos mitos -¡la capacidad humana para fabricarlos es inagotable!- lo que brinda al hombre un hermoso campo de batalla para liberarse de ellos.[Nota 26]

Por todo esto cabe subrayar que Kula se inscribe decididamente del lado de quienes se proponen luchar contra los mitos de la historia, sin importar su procedencia, al exigir del historiador "el coraje de luchar por abolir los altares tradicionales y no permitir que se eleven otros". (p. 151) Actitud sostenida en toda su producción posterior y fácil de constatar dado que casi todos sus libros han sido traducidos al español. En sus Reflexiones sobre la historia anuncia su compromiso con la historia del futuro y lo hace sin temer la grandilocuencia patética, al postular:

Si la salvación del mundo está realmente en la lucha por la construcción de un moderno poder popular, por la unificación de la humanidad a través de la democracia y abolición de los privilegios de clases y naciones, por la emancipación del hombre de los mitos y la creación de una moral laica y tina justicia real, entonces también la ciencia histórica debe comprometerse con ello y sólo por esto vale la pena cultivar la historia ... [Nota 27]


AnteriorRegresosiguiente