©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

Ortega y el tema de nuestro tiempo


Desde 1921, Ortega y Gasset sensible a la situación europea y atento a sus manifestaciones de crisis, no menos que a los desarrollos teóricos sobre el problema, proponía que la crisis, o pérdida del rumbo en relación con lo humano vital y cultural constituía el tema de nuestro tiempo. Bajo su interpretación, el interés en la cuestión no era individual y provinciano, sino generacional, y atañía, al menos, a todo el continente europeo si no a tocla la cultura occidental. Para Ortega la sensibilidad de occidente ha dado un giro de culturalismo o idolatría por la cultura al vitalismo o tratar de encontrar el valor propio intrínseco de la vida.

La pretensión de Ortega no era modesta, intentaba proponer una teoría histórica (metahistórica) que registrara los grandes ritmos de la historia. Para Ortega la trama de la historia está constituida por las generaciones: "Cada generación tiene vocación histórica" (Ortega y Gasset, José: "El tema de nuestro tiempo" en Obras Completas. Revista de Occidente, Madrid, 1955, p. 151). Esta vocación se puede concretar o bien, en conservar lo recibido (épocas acumulativas) o bien en liberar lo espontáneo (épocas polémicas, críticas, etc.) "Nuestro tiempo es, claramente, una época de jóvenes, de iniciación, de beligerancia constructi va" (Ortega y Gasset, op. cit., p. 149).

Ciencia y filosofía son las manifestaciones culturales donde más rápidamente se registran los síntomas del cambio. Toca al filósofo por tanto estar atento a tales manifestaciones y prever el nuevo rumbo que habrá de seguir la generación. Ortega es el filósofo y atento al viraje genera. cional explica la senda previsible desde el vitalismo y el perspectivismo.

"Las nuevas tendencias todavía germinantes y débiles, serán percibidas primero por los temperamentos contemplativos que por los activos... El pensamiento es lo más fluído que hay en el hombre; por eso se deja empujar fácilmente por las más ligeras variaciones de la sensibilidad vital" (Ortega y Gasset, op. cit., p. 156).

El tema de nuestro tiempo no es simple y llanamente la crisis y sus causas sino, más importante aún, el derrotero en el cambio de rumbo que se anuncia. Plenamente optimista, para Ortega la crisis no es desgaste, empobrecimiento o agotamiento de la cultura occidental sino revaloración de la cuestión vital o simplemente, revaloración de la vida como vida, sin el filtro de ningún valor ajeno. La revaloración de lo vital surge como respuesta a dos actitudes antitéticas que permean la cultura occidental desde Sócrates hasta nuestros días: relativismo y racionalismo. El relativismo respeta la volubilidad de lo real pero cae en el escepticismo y pierde pie respecto a la verdad. "Siguiendo un procedimiento inverso, el racionalismo, para salvar la verdad, renuncia a la vi da" (Ibid. p. 159). La idea de Ortega será conciliar vida y verdad dando a esta dimensión histórica y revalorando a aquélla por sí misma, ya que no se puede sostener ni el absolutismo racionalista que salva a la razón y nulifica la vida, ni el relativismo, que salva la vida evaporando la razón (Ibid. p. 162).

Si el tema de nuestro tiempo se origina en la crisis de la cultura será conveniente precisar qué entiende Ortega por tal. "Ahora podemos dar una exacta significación del vocablo cultura. Esas funciones vitales por tanto, hechos subjetivos, intraorgánicos- que cumplen leyes objetivas que en sí mismas llevan la condición de amoldarse a un régimen transvital, son la cultura" (Ibid. p. 166).

Para Ortega la cultura surge como hecho de cada individuo, ancla en el ser humano biológico y vital, requiere de la fuerza de la vida para emerger. "Vida espiritual no es otra cosa que ese repertorio de funciones vitales, cuyos productos o resultados tienen una consistencia transvital" (Ibid. p. 167). En otros términos, los productos culturales aunque originalmente vitales adquieren un valor, un valor propio que los hace preferibles a la vida misma, en eso consiste su ser transvital o espiritual. Así, al paso que los fenómenos vitales que trascienden lo biológico son espirituales o culturales, los fenómenos vitales que no rebasan ese nivel primario, constituyen para Ortega la "vida espontánea" (Ibid. p. 168). La vida, el fenómeno vital, presenta dos caras o aspectos fundamenta les: la biológica y la espiritual (aun cuando ésta se reduce en última instancia a aquélla). Aunque las funciones espirituales penden del ser biológico, Ortega no soslaya que en la cultura operan leyes transvitales u objetivas.

Es verdad que la vida, y más específicamente la humana, debe ser culta; pero no es menos verdad que la cultura debe ser vital. A conciliar vida y cultura dedica Ortega lo mejor de sus esfuerzos en este ensayo. En sus planteamientos hay aspectos muy atractivos por vigentes. Así, la revaloración de lo vital humano;, la simpatía por lo espontáneo; la estrechez del culturalismo; los excesos del racionalismo, etc. siguen siendo temas de reflexión entre nosotros por su estrecha vinculación con los acontecimientos de nuestro entorno.


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente