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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

Vitalismo frente a culturalismo


La denuncia de Ortega, si bien no todo lo argumentada que se requiere, es contundente. El hombre occidental se puede calificar de hipócrita. A fuerza de desvincular los valores culturales de lo vital ha sometido la vida a la cultura, no siempre con buenos resultados pero sobre todo, ha roto consigo mismo. El hombre occidental no ha cumplido con el imperativo vital básico: la lealtad consigo mismo. Al descubrir que no ha sido leal con su propio ser, el hombre occidental siente fracasada la cultura. Por encima de este sentimiento Ortega sentencia que al hombre de occidente le ha fallado la vitalidad. "La cultura nace del fondo viviente del sujeto y es, como he dicho con deliberada reiteración, vida, espontaneidad, "subjetividad". Poco a poco la ciencia, el arte, la fe religiosa, la norma jurídica se van desprendiendo del sujeto y adquiriendo consistencia propia, valor independiente, prestigio, autoridad. Llega un momento en el que la vida que, crea todo eso se inclina ante ello, se rinde ante su obra y se pone a su servicio" (Ibid. pp. 172-173).

Lo que importaba, y era la empresa de los hombres de su generación, era buscar una fórmula diferente, recuperar la espontaneidad, la vitalidad, la lealtad frente a la cultura, pues: La cultura sólo pervive mientras sigue recibiendo constante flujo vital de los sujetos. Cuando esta transfusión se interrumpe, y la cultura se aleja, no tarda en secarse y hieratizarse.

Naturalmente no se trata de anular la cultura pero sí de darle lo que Ortega consideró su justo sitio. "Es preciso corregir el misticismo socrático" racionalista, culturalista, que ignora los límites de aquélla (la razón), y no descubre fielmente las consecuencias de esa limitación. La razones sólo una forma y función de la vida. La cultura es un instrumento biológico y nada más. Situada frente y contra la vida, representa una subversión de una parte contra el todo, urge reducirla a su puesto oficial". (Ibid. p. 178).

El cambio que se anuncia, al que la ciencia es sensible, y del cual los hombres de la élite contemplativa (filósofos) pueden dar cuenta es la sustitución de una "razón pura" por una "razón vital". Si el tema en tiempo de Sócrates era el intento de desalojar la vida espontánea sustituyéndola por la razón pura, el tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo (Ibid. p. 178).

La misión de la nueva generación es mostrar que la cultura con toda su impresionante producción, la razón, el arte, etc. han de servir a la vi da y no viceversa. Sin embargo, proponer un vitalismo no es sinónimo de mero vivir la vida, la mera espontaneidad biológica. Buscar un punto de vista es un acto inicial de cultura. El vitalismo se propone elevar a rango de principio la vida misma: vivir deliberadamente para la vida (Ibid. p. 180).

En el culturalismo o culto a la cultura, la existencia real, la vida es tránsito hacia metas transvitables que aplazan de continuo su propio cumplimiento. "Culturalismo, progresismo, futurismo, utopismo, son un solo y único hecho. Bajo una u otra denominación hallamos siem pre una actitud para la cual es la vida, por sí misma, indiferente, y sólo se hace valiosa como instrumento y sustrato de ese "más allá" cultural" (Ibid. p. 186).

La vida no consiste en algo distinto a ella misma por eso su valor su premo intrínseco es la superioridad del vivir. Para Ortega, tanto Goethe como Nietzsche han intuido genialmente el cambio de. acento hacia lo vital. Anticiparon el descubrimiento que la nueva generación hizo de lo vital como auténtico valor. La superioridad de lo vital se plasma en las palabras de Goethe: "Cuanto más lo pienso más evidente me parece que la vida existe simplemente para ser vivida." (Ibid. p. 189). Naturalmente estas palabras pueden interpretarsé en variadas formas, pero el hecho interesante es que la generación de Ortega compartió con él su entusiasmo por el vitalismo más o menos literario o filosófico a que alude Goethe.

Si el tema de nuestro tiempo es la reorientación hacia lo vital, entendiendo a la razón como función biológica, poniendo a la cultura al ser vicio de la vida, ello significa que la crisis puede leerse como desorientación en relación con lo vital y necesidad de reorientación hacia ello. La nueva generación siente la necesidad del cambio que se expresa en la actitud que estos jóvenes asumen frente a las diversas manifestaciones culturales. La actitud deportiva, libre, burlona, contraria a la solemnidad que se detectaba en las manifestaciones artísticas del momento, fue para Ortega claro signo de cambio de sensibilidad. Lo espontáneo vital reclamaba su lugar. Del mismo modo, en et sistema espontáneo de valoraciones que el hombre nuevo trae consigo, que el hombre nuevo es, ha aparecido un nuevo valor, que por su simple presencia deprime los restantes. La época anterior a la nuestra se entregaba de una manera exclusiva y unilateral a la estimación de la cultura olvidando la vida (Ibid. p. 196).


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