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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

El culturalismo de José M. Gallegos Rocafull


Perteneciente a una tradición filosófica distinta G.R. no ignoró ni la importancia ni las implicaciones del tema de nuestro tiempo. Si bien no compartió el entusiasmo de Ortega por el vitalismo, hizo suya la preocupación por las causas de la crisis de la cultura. En diversas obras, pos teriores todas a las reflexiones de Ortega, como Personas y masas, La crisis de occidente y otros ensayos, G.R. muestra que la crisis tiene su origen en la falta de una idea rectora de la. cultura, o mejor aún la crisis puede surgir de ideas equivocadas. Hay igual que en Ortega la preocupación por la desorientación pero al paso que éste pretende corregir el rumbo a través del vitalismo, Gallegos, más cercano a la tradición culturalista, considera que el último fundamento de la cultura se halla en la concepción del hombre y del mundo (Weltamehauung) en la que se cree y se vive (Gallegos Rocafull, José Ma.: "El Maestro Francisco de Vitoria como forjador de cultura" en Filosofía y letras.. 22 de abril-junio, 1946, México, Imprenta Universitaria. p. 201). Es esa concepción pre-reflexiva y prefilosófica del mundo lo que según G,R. orienta la selección de valores en un ámbito histórico.

Si Ortega en los años veinte pugnaba por la desmistificación de los valores de la cultura, aligerando la carga a los hombres de este siglo po niendo, la cultura al servicio de la vida y dándole aire deportivo al que hacer humano, G.R. en los cuarenta no pierde el tono de seriedad. Considera que la cultura occidental es la depositaria perenne de la pesada riqueza cultural cuyos bienes válidos son "universales en el doble sentido de que pretenden validez universal y están a todos patentes" (Gallegos Rocafull, José Ma.: Personas y masas, México, Editorial Valle, 1974, p.48).

No obstante la notable diferencia con que se encara el tema de nuestro tiempo, Gallegos siente igual que Ortega, que la crisis cultural reba sa el marco racional. Esto es, no es posible acudir a una nueva forma racional para salir a flote. En Ortega porque al sofocar lo vital se ha ignorado por siglos el valor intrínseco de la vida y con esto, que la base última de sustentacion de la cultura no se halla en ella sino en lo vital humano. En cuanto a Gallegos, porque la cultura se sustenta en última instancia en una forma vital pre-reflexiva y pre-racional, la fe, la creen cia. En ambos casos la conclusión parece ser que la producción cultural humana se superpone a algo previo y más inmediato al ser del hombre; llámese biológico, como quiere Ortega o pre-reflexivo como quiere Ga llegos, a fin de cuentas parece ser que la renovación cultural no es, el resultado de la reorientación o la reorganización de los esquemas existentes, sino la creación de nuevos esquemas que se producen gracias a la vitalidad y capacidad de renovación de las estructuras conceptuales y facultades humanas.

A pesar de la tesis culturalista de G.R. de que la misión del hombre sólo puede cumplirse en la producción de la cultura, donde cada ser humano se hace persona, donde al rebasar el mundo natural penetramos en la esfera de lo propiamente humano, alcanza a percibir que la "divinización" de la cultura puede ser nociva para el hombre cuando las estructuras se le imponen impidiéndole realizarse. Talla la ciencia, y en general la cultura cuando en vez de servir al hombre la esclaviza, porque en lugar de penetrar hondamente en su espíritu y ser como los cauces naturales de su actividad vital, se queda en la superficie y forma en ella una costra seca y sucia, bajo la cual pugna inútilmente por abrir se paso" (Gallegos Rocafull, José Ma.: "Ideas del Fausto para la filosofía de la historia" en Filosofía y letras, núm. 35 julio-septiembre, 1949, México, Imprenta Universitaria, p. 41). Las resonancias del vitalismo no son casuales, al igual que para Ortega, el Fausto de Goethe fue un tema obligado de reflexión y con él las consideraciones sobre la importancia de lo vital no pudieron soslayarse. El tema de nuestro tiempo se perfila al andar el siglo xx como la explicaión cada vez más pormenorizada de las relaciones entre vida y cultura, y ello no sólo porque gracias al vita¡¡sino la vida reclame su puesto entre los valores de la cultura sino más modestamente, porque la natural tendencia de las formas culturales a anquilosarse invita a la búsqueda de modos de revitalización y el más inmediato es obviamente dejar que la vida se manifieste.


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