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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

JOSÉ LEZAMA LIMA, MUERTE DE NARCISO: ANTOLOGÍA POÉTICA

Author: Eduardo Milán


José Lezama Lima: Muerte de Narciso.- Antología poética, Selección y prólogo de David Huerta, México, Era, 1988.

I

Poesía del principio: cuando no existe conflicto entre poesía y realidad estamos en el terreno de la poesía pura. ¿Qué es la poesía pura? Es la poesía que aún no ha sido tocada por la Historia como discurso extraño, como un discurso "sobre" las cosas. Es lo contrario: es la poesía construyendo la Historia. La Historia, para Occidente, es la implantación de lo sucesivo, de lo lineal, un discurso marcado por un encadena miento de hechos: un discurso progresivo. Cuando la poesía construye la Historia la construye a través de verticalidades, de cortes, de tajos practicados sobre un eje temporal. El tiempo que de esta forma actúa sobre el eje temporal-histórico tiene un nombre: el Mito. En la poesía de Lezama el nivel temporal es el del mito. Este tiempo, al contrario de ser un tiempo que transcurre es un tiempo que recurre: tiempo que vuelve. Es un tiempo que tiende al presente. De esta forma las civilizaciones que la Historia ha dejado atrás mediante la poesía están presentes aquí. El tiempo mítico permite la coexistencia. Ese sería el encaje de la poéti ca de Lezama desde un ángulo teórico aproximativo. Del mismo modo que los tiempos y las civilizaciones se confunden, la poesía y el ensayo se confunden, la poesía y la prosa se confunden, la poesía y la realidad, lo abstracto y lo concreto.

Desde un punto de vista del lenguaje poético de Lezama, la metáfora debe ser leída en forma literal. No hay que descubrirla: hay que aceptar la en su hermetismo. Esa es la propuesta de Lezama. De esta manera el grado de referencialidad del signo, de la palabra, queda subvertido. Y los diferentes grados del sentido también quedan subvertidos. Es la poética del barroco en Lezama, cuyo eje dialógico-vertical entra en sincronía con Luis de Góngora y con el siglo XVIII. Desde un punto de vista referencial, la poesía para Góngora y para Lezama es un acto de simulación. La palabra siniula un referente pero no lo toca. ¿Cuál es la función de la metáfora en este efecto de simulación? Es una función literal: no alude a un mundo sino que alude a la figura misma. Se trata de una figuración. Tal vez la clave histórica de la simulación reside todavía en la frase de Calderón: "Que toda la vida es sueño/ Y los sueños sueños son". Lo que tra ducido podría decir: "Que toda la vida son metáforas/ Y las metáforas metáforas son". El signo cae al centro de sí mismo, el mundo se borra y la palabra se denota a sí misma como palabra. Así, el poema sustituye al mundo. El poema se constituye en el centro, no el mundo: el poema es un imán que centraliza. El poema pasa a ser el ícono del mundo, no su representación. El poema no puede representar la escena del mundo pe to debe ser la escena misma donde el mundo se juega.

Este efecto de caída del mundo al centro del poema lezamiano recuerda al arte árabe. El arte árabe es un arte religioso pero con una condición: no puede representar. La religión islámica no permite íconos. La religión cristiana sí permite figuras representativas de la divinidad. ¿Qué hace el arte árabe? Construye la figura religiosa en el arte mismo: el arte se vuelve icónico. Sólo que su iconografía se soporta sobre una ausencia. Se trata de un arte blanco. El centro del arte árabe está vacío. Lo mismo el barroco: su forma proliferante, su suntuosidad, soportadas sobre un vacío. Esto explica una de las definiciones del barroco: horrorem vacuum.

II

Desde un punto de vista selectivo, la antología de David Huerta es impecable: ahí están, de cuerpo presente, varios de los mejores momentos de la poesía lezamiana. El lector puede (y debe) darse por satisfecho. No ocurre lo mismo con el prólogo, bastante extenso por otra parte: Huerta se queda demasiado en la superficie de la aventura de Lezama, sin intentar averiguar qué es, al margen de una copiosa acumulación de datos, lo que ocurre en los subterráneos sígnicos del cubano. Cierto que Huerta pretende una antología para no iniciados ni en el arte poético barroco ni en la peripecia poética personal de Lezama. De cual quier modo, no hubiera estado mal que ampliara su introducción con una toma de partido teórica respecto de lo que puede ser esta poética. En cualquier caso se trata de un acontecimiento. Ya no se puede decir tan fácilmente que, al menos desde un ángulo editorial, la poesía de Lezama Lima es inaccesible a los lectores mexicanos.

EDUARDO MILÁN


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