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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

ARNALDO MOMIGILIANO, SAGESSES BARBARES. LES LIMITES DE I'HELLÉNISATION

Author: Beatriz Urías


Arnaldo Momigliano, Sagesses barbares. Les limites de I'hellénisation, Maspero, Paris 1980, pp. 196. (traducción del original: Alien wisdom, Cambridge University Press, 1976). ISBN 2-7071-1116-3

Arnaldo Momigliano fue, sin duda, uno de los grandes especialistas de la antiguedad greco-romana, así como el más extraordinario conocedor de la tradición historiográfica occidental desde sus orígenes hasta la época actual. El manejo de las obras de historiadores de todos los tiempos le permitió problematizar de manera admirable la relación entre pasado y presente. De origen judío e italiano, Momigliano emigró a In glaterra con la irrupción del fascismo. Enseñó en Londres, Oxford, Cambridge, Pisa, Chicago y Jerusalem. Su obra más importante, Contributo alla storia degli studi classici (e del mondo antico) (Edizioni di Storia e Letteratura, Roma), está contenida en seis volúmenes editados a lo largo de las últimas décadas. En inglés publicó varios libros, entre los que destacan The Conflict between Paganism and Christianism in the Fourth Century, Claudius the Emperor and his Achievements y recientemente, On Pagans, Jews and Christians. Al español han sido traducidas dos de sus obras: La historiografía griega (Editorial Crítica, Barcelona 1984) y Génesis y desarrollo de la biografía en Grecia, (Fondo de Cultura Económica, México 1986). Arnaldo Momigliano murió el 1 de septiembre de 1987.

Hacia fines del siglo IV a.c., después del desmembramiento del imperio macedónico, los griegos comenzaron a manifestar curiosidad por los pueblos mediterráneos que les rodeaban. Durante la conquista política y militar romana en los siglos III y II a.c., este interés se acrecentó: los griegos establecieron un intercambio regular con tres pueblos cuyas civílizaciones les eran prácticamente desconocidas (romano, celta y judío), y con otro que les era familiar desde siglos atrás (persa). Para Arnaldo Momigliano, la aventura intelectual que se inició en el llamado período de helenización tuvo repercusiones políticas de primer orden.

La apertura de los griegos hacia otras culturas no puso en entredicho su hegemonía cultural en el Mediterráneo: en Alejandría y en Antioquía, así como en Atenas, señala Momigliano, la superioridad de la lengua, las costumbres y la civilización griega se mantuvo de manera incontestable. No obstante, la influencia que los griegos ejercían desde siglos atrás sobre los pueblos vecinos, tomó un nuevo giro a partir del ascenso político y militar romano. En efecto, la cultura helénica sirvió de base a la creación de una nueva civilización bilingüe que hizo posible la consolidación del imperio durante el período de helenización.

En los orígenes de esta nueva civilización se encuentra la estrecha colaboración que los dirigentes romanos establecieron con los intelectuales griegos para realizar una investigación sistemática de los pueblos sojuzgados, hasta entonces ignorados por ser considerados bárbaros. El intercambio que pronto se estableció entre griegos, romanos, celtas, judíos y persas, favoreció el surgimiento de nuevas expresiones culturales que dieron un fundamento "cosmopolita" a la vida bajo la ley romana. Ejemplo de ello es la literatura latina, un movimiento literario de carácter nacional cuya fuerza y originalidad provino del entrecruzamiento de influencias culturales diversas.

La literatura latina constituyó un espacio abierto a la expresión de todo tipo de ideas, problemas y sentimientos. En ella participaron intelectuales provenientes de diferentes partes del imperio -Terencio, un es clavo africano, encabezó la dramaturgia latina-, que se concentraron en Roma y escribieron en latín. Cabe señalar que la literatura latina llegó a rivalizar en importancia con la griega, sin que los intelectuales griegos se preocuparan por analizar la significación de este hecho dentro de la ra cionalidad política del imperio. Esto contribuye a explicar que el acerca miento intelectual entre griegos, romanos y bárbaros no tuviera efectos desestabilizadores que pusieran en peligro el poderío imperial.

El encuentro inicial entre griegos y romanos no estuvo, sin embargo, libre de contradicciones. Los primeros habían manifestado desde siempre un franco desprecio por lo "extrarjero", eran monolingües y nunca habían hecho un esfuerzo por conocer a los romanos. Fueron estos últimos quienes a fines del siglo IV a.c., comenzaron a asimilar los principios del arte, la diplomacia, la religión, la filosofía y las costumbres helénicas; durante el siglo II a.c., la epopeya, la tragedia, la comedia y la historiografia griegas quedaron también integradas a la cultura latina. Además de transformarse en un pueblo bilingüe, los romanos hicieron del latín un instrumento que expresaba con sutileza y precisión las ideas griegas. Momigliano señala que ninguna otra lengua antigua (el celta, el persa, el sánscrito o el pali) evolucionó en el mismo sentido.

La posición "etnocentrista" de los griegos frente a los romanos se tradujo, a su vez, en una incapacidad de identificar y de cuestionar en cuanto tal el proyecto expansionista; de percibir trazas de "barbarie" en la cul tura latina; así como de dar cuenta de la helenización de la civilización romana. En relación con este fenómeno, el ejemplo de dos historiadores griegos en contacto con Roma -Polibio y Posidonio- es significativo.

Polibio llegó a Roma en 167 a.c. en calidad de rehén, y no tardó en comenzar a ejercer su oficio de historiador bajo el auspicio de una aristocracia que había asimilado a la perfección las ideas y las costumbres griegas. La presencia de la cultura griega en la vida cotidiana de la clase dirigente en Roma no le sorprendió; a Polibio le pareció, por ejemplo, natural que los dirigentes romanos fueran capaces de hablar y pensar en griego, mientras que los griegos tenían que servirse de intérpretes para expresarse en latín. Posiblemente por ello, este historiador no pudo darse cuenta de que la clase dirigente estaba escindida por luchas internas y que los grupos inferiores no estaban conipletainente- sonietidos. Deslumbrado por el ascenso del poderío imperial, en su fino análisis de la diplomacia y de la organización militar latinas ignoro el proceso de aculturación que estaba dándose en Roina y su importancia en relación con el proyecto expansionista.

Posidonio visitó Roma en 86 a.c. como integrante (le una misión diplomática. Al igual que Polibio, fue incapaz de cuestionar la legitimidad de la dominación romana y de rastrear sus fundamentos. Alentado por los romanos, escribió una teoría que justificaba las formas del poder y el proyecto de dominación universal latino, Su análisis partió de la premisa de que el triunfo de la conquista imperial era un hecho indiscuti ble, frente al cual sólo quedaba aspirar a que el poderío sobre los pueblos sometidos se ejerciera de manera razonable. A pesar de que en su historia social hizo alusión a la represión feroz que los romanos desataron contra las rebeliones de esclavos y otras clases inferiores, no simpatizó con estas causas. Evitar las sublevaciones dentro del orden establecido fue su principal preocupación.

La incapacidad de analizar Roma a distancia no impidió que los intelectuales griegos al servicio de la dominación romana, realizaran una investigación sistemática del occidente bárbaro. En efecto, los griegos aplicaron al estudio de otros pueblos el método que había dado lugar a una importante tradición etnográfica desde fines del siglo vi a.c. Es sorprendente que a pesar de que los romanos no dominaban este método y tenían que recurrir a los griegos para que lo aplicaran -aumentando con ello la fascinación que les inspiraba la cultura helénica-, Roma llegara a ejercer una influencia decisiva en las relaciones intelectuales que los griegos entablaron con los los galos, los judíos y los persas durante el período de helenización. Con la erudición y el sentido del humor que le caracterizó, Momigliano investigó extensamente esta cuestión en los últimos capítulos de Sagesses barbares.

Antes del siglo II a.c., los griegos ignoraban la existencia de los celtas. La poca información que poseían acerca de ellos era de segunda mano; nunca habían explorado directamente la región, a pesar de que Marsella era un puerto exportador del vino y del alfabeto griegos desde hacía varios siglos. A partir del ascenso romano, los griegos comenzaron a describir en detalle la civilización y la geografia de lo que se convirtió en España y Francia: Polibio y Posidonio viajaron a través del territorio celta bajo el auspicio de Roma. En el proceso de dominación de los galos, César utilizó estas investigaciones. En particular, se sirvió de la obra de Posidonio para identificar las costumbres, las instituciones y las debi lidades de esta civilización que, . dicho sea de paso, resintió a tal punto los efectos de la romanización que en poco tiempo desapareció o pasó a la clandestinidad. Posteriormente, las obras de otros intelectuales griegos fueron utilizadas para someter cultural y políticamente a los celtas en Italia, España, Bretaña y la región del Danubio. Como es bien sabido, estas conquistas determinaron la consolidación de la civilización romana como potencia imperial.

Griegos y judíos vivieron separados hasta la constitución del imperio macedónico, del que ambos formaron parte. Cuando los judíos se vieron confrontados a un mundo donde el idioma dominante era el griego, comenzaron a comparar su cultura con la cultura helénica y a adoptar un sinúmero de costumbres e ideas; esta apertura hizo posible el surgimiento del cristianismo. Por otra parte, las repetidas visitas de hombres políticos e intelectuales greco-macedónicos a Jerusalera después de la muerte de Alejandro, despertaron en los griegos un vivo in terés por la civilización judía. Sin embargo, en vez de basar su conocimiento del pueblo judío en las obras más importantes de la cultura hebraica, los griegos recurrieron a opúsculos y panfletos de dudosa calidad. Con ello, ignoraron la realidad política y social que prevalecía en Palestina, y favorecieron la divulgación de una imagen distorsionada que hacía aparecer a los judíos como un pueblo depositario de la sabiduría oriental por intermediación de los persas.

Si bien algunos escritores judíos corroboraron la idea de que existía una sabiduría bárbara --cortada a la medida de las expectativas griegas, durante el período de helenización la influencia griega también desencadenó en Palestina una resistencia cultural. En particular, la rebelión de los macabeos constituyó un rechazo abierto a la imposición de los valores helénicos durante la invasión siria entre 168 y 164 a.c., cuando el templo de Jerusalem fue convertido en un santuario de Zeus. Paradójicamente, los macabeos recurrieron a Roma para salvaguardar la religión y la cul tura judías de la influencia griega, sin comprender quiénes eran los romanos ni el papel que estaban jugando en el proceso de helenización de las culturas del Mediterráneo. De hecho, después de establecer una alianza con los macabeos, los romanos sojuzgaron Siria y Judea.

Durante el siglo v a.c., los griegos analizaron la vida política y la organización social de los persas; Herodoto y Esquilo escribieron obras consagradas al estudio de este tema. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo IV a.c., los griegos que vivían fuera de Irán comenzaron a dar primacía al análisis de la religión y de los principios morales que regían la civilización persa. La falta de interés en la realidad política y social iraní es, en efecto, patente en las obras de los historiadores que relataron la caída del imperio persa. A diferencia de éstos, los griegos que vivían en territorio iraní realizaron para los romanos un estudio exhaustivo de esta civilización durante el período de helenización. Como en el caso de los celtas, los conocimientos y la documentación proporcionados por historiadores y geógrafos griegos hicieron posible la integración de Irán dentro del orbis romanus.

La muerte de Alejandro Magno marcó el inicio de un proceso a través del cual las figuras de Zoroastro y de los magos fueron magnificadas e idealizadas por los griegos que vivían fuera de los estados partas. Estas figuras, producto de la imaginación de los griegos en el sentido que poco tenían que ver con el zoroastrismo, aumentaron el arsenal de mitos recreados por los griegos acerca de la existencia de una sabiduría bárbara. La función de estos mitos disímbolos y carentes de autenticidad, dice Momigliano, fue distraer al individuo del período de helenización de los ideales políticos de la Grecia clásica, lo cual facilitó la con quista romana. En efecto, a medida que los griegos dejaban de creer en sus propios valores y supeditaban la razón a la revelación, el helenismo declinó como fuerza política. Después de haber ayudado a los romanos a convertirse en dueños del mundo antiguo, los griegos Ocupados en reflexionar acerca de la vida después de la muerte, la astrología y la magia- también fueron sometidos.

Es importante señalar que ante la inesperada curiosidad de los griegos durante el período de helenización, los judíos y los persas (al igual que babilonios, egipcios e indios), divulgaron lo más relevante de su propia historia y de sus tradiciones religiosas a través de "pseudo-textos" que desvirtuaban su cultura y reflejaban sólo aquello que los griegos querían oir. En las innumerables aportaciones escritas en lengua griega producidas en los siglos m y u a.c, los sabios bárbaros ofrecieron versiones de su cultura que habían pasado por el tamiz de las categorías de la cultura helénica. Complacidos de ver reflejada su imagen en los escritos de los sabios orientales, los griegos (un pueblo monolingüe) no quisieron ni pudieron verificar la autenticidad del contenido de estas versiones dirigidas a un público extranjero, comparándolas con obras escritas en el idioma original.

El hermetismo de los griegos ante las lenguas extranjeras contrasta con la actitud de los romanos, que desarrollaron una capacidad para entender la mentalidad de otros pueblos a través de un estudio sistemático de las mismas. Gracias a ello, los romanos nunca olvidaron que más que depositarios de una sabiduría bárbara, Persia, Egipto y Palestina eran países que planteaban problemas políticos concretos, y que éstos podían ser desentrañados mediante la historia y la etnografía. Momigliano señala en repetidas ocasiones que hablar griego fue una condición indispensable para que los romanos conquistaran el mundo antiguo, y se pregunta si hablar latín hubiera sido la condición obligada para que los pueblos sojuzgados escaparan a la dominación romana.

La interpretación que Momigliano propone acerca del proceso de aculturación que tuvo lugar durante el período de helenización, se sitúa en el contexto de una amplia reflexión acerca de la herencia que a través de la tradición cultural occidental, nos ha legado el triángulo Grecia-Roma-judea. Esta reflexión conduce a interrogarse acerca de la ignorancia que, fieles a la tradición greco-romana, mantenemos frente a las civilizaciones india y china; a reconsiderar los orígenes de la curiosidad que Persia, Mesopotamía y Egipto -pueblos que los griegos consíderaron depositarios de la sabiduría bárbara- despiertan todavía en el hombre occidental; finalmente, a examinar las raíces de nuestro desconocimiento del mundo celta que inspiraba un profundo terror tanto a los griegos como a los romanos, así como de los etruscos que nunca fueron investigados. Ambos continúan ocupando un lugar secundario en nuestros manuales de historia universal.

La lectura de Sagesses barbares interesa no sólo al historiador de la antigüedad, sino a todo aquél que se interrogue acerca de la objetividad del legado cultural de Occidente. Una reflexión acerca de esta cuestión es particularmente urgente en un país como el nuestro, que se inscribió tardía y dependientemente dentro de la civilización occidental. En efecto, a partir de la conquista española México asimiló la tradición judeocristiana y con ella, una serie de paradigmas cuyos orígenes remontan a la antigüedad greco-romana. Mientras no seamos libres de estos paradigmas nuestra visión del presente seguirá estando determinada por ellos, en el sentido que tendremos dificultad en cuestionar algunos aspectos del pasado indígena,. colonial y nacional ajenos a la perspectiva de la tradición historiográfica occidental, y que nuestra percepción de los procesos de transformación cultural por los que atravesamos en la actualidad seguirá siendo relativamente autónoma. Por estas razones, las preguntas planteadas por Momigliano a lo largo de su obra se encuentran en el centro de las preocupaciones del hombre contemporáneo.

BEATRIZ URÍAS


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