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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

LA ESTÉTICA DE TOMÁS DE AQUINO EN EL PENSAMIENTO DE UMBERTO ECO*

Author: Antonio Gómez Robledo


* Texto leído en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México, el 13 de abril de 1988.

Il problema estetico in Tommaso d'Aquino fue la tesis doctoral de Umberto Eco (la láurea como dicen ellos) presentada por su autor en la facultad de filosofia de la Universidad de Turín. Obra juvenil y primeriza a todas luces, no obstante lo cual el graduado sentó plaza de inmediato de egregio medievalista, al lado de Gilson, de Wulf y otros del mismo género. Ante! de ser semiótico y novelista, Umberto Eco fue filósofo, y de los buenos, no por la originalidad que es imposible tener ahora en el tema escogido por él, pero sí en el tratamiento a que lo sujeta, con todo rigor y con agotamiento de todas las fuentes, primarias y secundarias, próximas y remotas. Como se hace allá, en suma, y no como se hace acá, en el verde continente de la esperanza, de la cual no hemos pasado hasta ahora.

Reconociendo de buen grado que su trabajo no era el priniero, ni con mucho, en abrir brecha en el tratamiento del tenia, sí cree Eco que en aquel momento, y particularmente en Italia, era necesario en razón de haber sido hasta entonces absoluta y definitiva la opinión de Benedetto Croce en cualquier asunto o tenia referente a la estética. Ahora bien, Croce había sentenciado (lile las ideas estéticas de santo Tomás no tenían mayor interés por moverse en una atmósfera "generalísima", ya que la mente del santo estaba ocupada en otro inundo (si travagliava in altro), y porque, en general, "la especulación teológica había sofocado todo interés filosófico". A estas apreciaciones, un cumulo di banalita, según dice, opúsose Umberto Eco, alegando que la estética no había nacido con Baunigarten, quien la definió como scientia cognitionis sensitivae. Pero si la estética, sigue diciendo Eco, "es (in campo de intereses acerca del valor belleza, su definición, su función y sus modos de producirlo, y de gozarlo, habrá que convenir entonces en que el medievo ha podido hablar de estética... Y si por estética puede entenderse también toda reflexión sobre el arte, en este caso tanto la filosofia como la teología medieval abundan en cuestiones estéticas".

Antes de entrar en la estética del santo de Aquino, Umberto Eco da cuenta brevemente de los dos filones, así dice, de que echó ¡nano la estética medieval, y que remontan por lo menos a las Enéadas de Plotino, cuando no a Platón y Aristóteles, es decir la metafisica de lo bello y la sensibilidad estética concreta y corriente, o como decían los medievales, la belleza inteligible y la belleza sensible. Y de esta distinción se hace aún cargo en nuestros días, o poco menos, don Marcelino Menéndez Pelayo en el prólogo al célebre libro que escribió sobre las ideas estéticas en España, y la referencia no es ociosa, todá vez que Eco mismo recurre a menudo a esta obra, la cual, dice, "a pesar de su título, cubre toda la cultura europea".

A reserva de documentar después ampliamente la doctrina to mista en ambos aspectos de la estética medieval, Umberto Eco ha creído pertinente presentarnos al hombre de carne y hueso Tomás de Aquino, antes que como intérprete de la belleza, como creador de belleza él mismo y en su obra más personal. A este propósito, y después de recordar la educación musical que en su infancia recibió Tomás en la abadía de Montecasino, donde florecía una célebre schola cantorum, se refiere Eco a las composiciones cadenciosas que escribió el santo en sus plegarias, como en el Adoro te devote, y luego, siempre ante jesús sacramentado, en la liturgia del Corpus Domini, cuyo oficio en total, la misa con su secuencia Lauda, Sion, y los himnos anexos, constituye, dice Eco, "uno de los documentos más altos de la literatura latina medieval". En tres himnos sobre todo, el Verbum supernum prodiens, el Sacris solemniis y el maravilloso Pange lingua (que el pueblo cristiano canta aún espontáneamente, no obstante haberlo desterrado el aberrante Concilio Vaticano II) percibe Eco "la fuerza expresiva y el sentido innato de la musicalidad" del santo napolitano. "Y todas estas consideraciones, termina diciendo Eco, no tienen sino una función introductoria, al efecto de demostrar que cuando Tomás habla de belleza y de forma artística, no maneja sólo nociones abstractas sin correspondencia, con experiencias reales, sino que se refiere implícitamente a un mundo que le es familiar". El mundo en que se proyecta el alma musical del santo de Aquino.

Por las dos vertientes, en suma, por la de la belleza inteligible y la de la belleza sensible, por la metafisica de lo bello y la de la filosofia del arte, hemos de abordar, siguiendo a Umberto Eco, el problema estético en Tomás de Aquino.

Las propiedades trascendentales del ente
La belleza como trascendental del ente
La posición de Tomás de Aquino
De la belleza sensible

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