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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

La belleza como trascendental del ente


Y ahora la gran cuestión, la que se plantea Umberto Eco al pre guntarse si lo bello (pulchrum) no podrá adscribirse a la tabla clásica de los trascendentales, en forma tal que venga a ser una de las propiedades coextensivas al ser en todas sus manifestaciones

Es un problema, sin la menor duda, de enorme. importancia y del que se hace cargo Umberto Eco al decir lo siguiente: "Reconocer la trascendentalidad de la belleza significa conferirle una dignidad metafisica con una extensión universal a nivel cósmico, con lo que el cosmos conquista una perfección ulterior y Dios un nuevo atributo" (UE, p. 41), ya que los trascendentales son concomitantes a todo ente, finito o infinito.

Trátase de una cuestión, además, supremamente audaz, ya que si el bonum Irascendentale estaba enderezado a privar de toda entidad positiva al mal en sentido metafisico, la afirmación del pulchrum trascendentale, por su parte, perseguía la eliminación de toda deforinidad o discordancia en el cosmos, por patente que pudiera ser en apariencia, como los horrores de todo género (le la segunda guerra mundial

Antes de abordar directamente los textos tomistas, nuestro autor se detiene brevemente en los antecedentes doctrinales de la cuestión, aquéllos por lo menos de que pudieron echar niano los medievales. La fuente más remota estaba obviamente en Platón, y aunque la edad niedia no conoció sino el Timeo, este solo diálogo les brindaba, sin hipérboles leibnizianas o ironías volterianas, la visión del niejor de los mundos posibles, resplandesciente de orden y belleza, como que había sido construido por el Demiurgo, inediador entre la materia informe y las Ideas eternas. "Viviente visible que encierra a todos los vivientes visibles, según leemos en las líneas postreras del diálogo, dios sensible, imagen del Dios inteligible, así nació este mundo máximo, óptimo, bellísimo y perfectísimo", este "cielo uno y unigénito", como en la primera página del cuarto evangelio.

Con haber sido Platón, como acabamos de decir, la fuente suprema, todavía corrieron más abundantes, en la edad media, las de los neoplatónicos, Proclo, Porfirio, y sobre todo el Seudodionisio, este genio incomparable, y hasta hoy oculto en el misterio, de la filosofia y de la teología, y en el cual, dice Umberto Eco, la visión estética del universo encuentra su pleno sentido y su más amplia y sugestiva expresión. Todo el capítulo IV del De divinis nominibus, continúa diciendo nuestro autor, presenta al universo como una cascada de hermosura que desciende de la Fuente primera, en infinitos esplendores sensibles que se diversifican en cada criatura. Todas las cosas son bellas (pancalia) y llámase así la belleza Graphics porque atrae y llama a sí Graphics a todas las cosas: sicut omnia ad seipsum vocans, ande et Graphics dicitur. No respondemos de lo bien fundado de la etimología, pero los textos son de gran fascinación y grande arrastre.

Que esta doctrina hiciera una profunda impresión en Tomás de Aquino, es algo que parece estar rigurosamente demostrado, ya que en el tiempo que estuvo en Colonia, en los escaños de la cátedra de Alberto Magno, las lecciones de este último, entre 1248 y 1252, versaron precisamente sobre el pensamiento del Areopagita, la primera fuente, por tanto, en que pudo abrevarse el joven estudiante para su futura temática filosófica sobre la belleza. Las huellas de este primer encuentro pueden encontrarse, sigue diciendo Eco, tanto en el Comentario a las sentencias de Pedro Lombardo, como sobre todo en el Comentario al De divinis nominibus. Ajuzgar por los extractos que de esta obra podemos leer en el libro que comentamos, el pulchrum trascendentale tendría una raíz teológica, más bien que metafisica, en cuanto que no sería sino una participación en las criaturas de la hermosura de Dios: pulchritudo enim creaturae nihil est aliud quam similitudo divinae pulchiitudinis in rebus partecipata.

Participación, subraya Eco, y no sólo reflejo de una Belleza que se identifica con la naturaleza divina, de la cual seríamos consortes en el orden natural, como lo somos en el orden sobrenatural, según el texto de san Pedro: consortes divinae naturae.

Una vez, sin embargo, que ha terminado su comentario a los textos del Areopagita, añade Tomás algo de su propia cosecha, por lo menos así lo estima Eco, y que es lo siguiente: Queamvis autem pulchrum et bonum sint idem subiecto, quia tam claritas quam con sonantia sub ratione boni continentur, tamen ratione differunt: nam pulchrum addit supra bonum ordinem ad vim cognoscitivam illud esse huiusmodi. (Eco, p. 50)

A decir verdad, de todos y cualquiera de los trascendentales puede decirse lo que acabamos de leer, ya que si no difieren entre sí sino con distinción de razón, son idénticos en el ente mismo (idem subiecto), con lo que lo bello, por su diferencia conceptual de lo bueno, bien podría ser un trascendental, siempre que en todos los entes resplandezcan la consonantia y la claritas, que es lo que está todavía por averiguar. Del bonum, en cambio, no hay la menor duda, porque el acto de existir es un bien en si mismo, y el ser sin ulterior calificación es el ser en acto: ens simpliciter dictum significat actu esse.

Veamos si es posible dirimir la aporía en que estamos con el recurso a los textos de la mayor madurez de Tomás, como dice Eco (la stagione piú matura di Tommaso) o sea a las dos Sumas, la filosófica y la teológica.


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