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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1988

b. Naturaleza de la fragmentación del valor


En su artículo "The Fragmentation of Value" Thomas Nagel [Nota 1] argumenta que los dilemas morales se deben al conflicto operante entre diferentes sistemas de valoración. Cuando no sabemos qué camino elegir entre dos cursos de acción posibles, puede ocurrir que las razones de peso para hacer A o B sean tan fuertes en un sentido u otro; y como quiera que las razones balancean o equilibran la decisión tanto por A como por B es claro que el agente no sabe qué hacer moralmente sobre la base de sus razones. Los dilemas morales -piensa Nagel- presentan una doble cara: por un lado puede suceder que dentro de una misma actitud valorativa se den conflictos en los que el individuo no sabe qué hacer, como cuando se siente obligado con la familia y el Estado a la vez y no sabe cuál es el vínculo prioritario de obligación (en este caso, la perspectiva de valoración se define por la estrategia del compromiso del individuo con los demás, sus obligaciones con otra gente y las instituciones). Sin embargo, puede haber conflictos entre diferentes actitudes valorativas, como cuando el individuo está constreñido a responder a su familia preservando su vida pero al mismo tiempo debe sacrificar su vida por mor de la utilidad pública (en este caso, la perspectiva de valoración se define por dos estrategias: la que liga al individuo a la institución familiar y la que lo liga con el bienestar del ma yor número de gente). Los conflictos dentro de perspectivas de valoración diferentes podrían superarse apelando a razones prima facie que pesaran sobre razones segunda facie (serían las razones más universalizables las que prevalecerían sobre el rango de legitimidad de las menos universalizables). Al enfrentar conflictos entre perspectivas de valoración ocurre sin embargo que las razones de una perspectiva no pueden tener peso sobre las razones de la otra; y entonces la decisión de lo que hay que hacer se deja al azar o al arbitrio, pues no existen criterios supravalorativos que zanjen el dilema entre sistemas de valoración. Hay diferentes categorías o tipos lógicos de valoración -piensa Nagel-.

Los tipos son los siguientes:

1. valores que dependen de las obligaciones específicas que tiene un individuo con otras gentes o instituciones;

2. valores que dependen del derecho que tiene un individuo a hacer ciertas cosas, o a que no le hagan ciertas cosas;

3. valores que dependen del cálculo de utilidad donde se procura el bienestar para el mayor número de gente;

4. valores que dependen del sentido de perfección que uno confiere a un hacer determinado;

5. valores que dependen del compromiso que uno tiene de realizar proyectos personales.

Los sistemas 1-5., fundan perspectivas de valoración distintas que pueden entrar en conflicto. En esos casos tenemos un dilema, y -piensa Nagel- su solución exigiría un ordenamiento jerarquizante entre los sistemas o perspectivas aducidos. La ética empero no es reducible a ordenamientos únicos. Nadie puede afirmar que la obligatoriedad moral impera sobre los derechos individuales conforme al cómputo de utilidad; o que los compromisos con la institución familiar pesan sobre la utilidad que reporta nuestro acceso a la guerra. Ninguno de los ordenamientos es definitivo: 1 pesa sobre 3, 3 pesa sobre 2, 2 pesa sobre 4 y 4 sobre 5 es un sistema; pero 54321 es un sistema y 12345 es otro. La perspectiva de valoración depende mucho de la ubicación de donde parta el ordenamiento idóneo al individuo. Nagel sostiene que los valores están fragmentados porque no hay un sistema unívoco de ordenación, y porque la vida individual atraviesa por diversos roles de valoración que son excluyentes entre sí. Por lo tanto, en mi vida profesional como médico decido sacrificar tiempo a mis hijos para dedicarlo a la medicina porque asumo la perspectiva valorativa del quehacer tendiente a la perfección; pero otro podría proponerse dotar de privilegio al vínculo con los suyos deponiendo la perfección para otras ocasiones, o, incluso, optando fielmente por la mediocridad. ¿Cómo fundar un criterio de valor? Nagel piensa que nuestra vida sabe qué hacer toda vez que estamos dentro de una estrategia u otra; pero cuando confluyen dos o más estrategias de modo conflictivo lo que hay que hacer es elegir un enfoque preferencial y ordenar la jerarquía del valor: esta jerarquía no es única ya que la ética es una disciplina que describe nuestras formas de vida, y no una ciencia que busca reducir todas las aguas a una fórmula única.

En el caso de las leyes universales que deben ajustarse a las inclinaciones de la voluntad, o, en sentido contrario, de las leyes universales que ajustan las inclinaciones de la voluntad a su mandato, se trata de adaptar los apetitos a la universalidad de una ley. Entonces se pide que la estrategia individual de valoración sepa qué hacer sobre la base de lo que sabrían hacer todos. Pero esto es imposible. La fragmentación de los valores nos habla claramente de aquellos momentos críticos en los cuales el tipo lógico de la universalidad es incompatible con el tipo lógico de la particularidad. Bertrand Russell nos ha advertido del error de afirmar "el conjunto de los conjuntos es un conjunto". En su teoría de los tipos nos ha pedido que no prediquemos una categoría de tipo lógico superior a una categoría de tipo lógico inferior. De igual manera, nadie puede aspirar a un total y pertinaz ajuste entre sus actos valorativos individuales y los universales ejecutados por los demás. Basta reprimir estrategias valorativas de cuño personal para falsear la distinción entre los tipos lógicos: eso pasa cuando uno desplaza perspectivas fundamentales en aras de otras que se supone idénticas a las desplazadas; es de cir, cuando uno afirma que lo que valoran todos es lo que valora uno mismo. Entonces ocurren los atropellos debidos a la autoridad y el poder. En cuanto a la distinción russelliana entre tipos de valor necesitamos saber que la universalidad de la ley define ligas de tipo 1.2.3, aunque la particularidad de los apetitos define valores de tipo 4 y 5. En muchas ocasiones habrá lucha entre tipos, de modo que el triplo (1, 2, 3) entre en conflicto con el par ordenado (4, 5). Tratar de someter un tuplo a otro es desconocer la teoría de los tipos y, más aún, olvidar el hecho palpable de la fragmentación de los valores. En más de una ocasión la forma universal expresada en los imperativos choca con la materialidad de nuestros afectos. La determinación material del universal no está garantizada. Por lo mismo, en los dilemas morales la salida no puede ser ni la de Kant ni la de Hegel. De acuerdo con Nagel o Nietzsche diremos que la salida lógica depende de la cancelacíón de todo reduccionismo lógico, y acoger entonces la perspectiva de ordenación valorativa que nuestro temple vital fundamente. En ese caso es evidente que la racionalidad por consenso objetiva sistemas de valoración compartidos. Al menos habrá un sistema en cada juego de lenguaje donde se hable de deber, y, entonces, habrá lugar a diversas relaciones interpersonales en función de los sistemas con los que han de vérselas oscilando los individuos. Oscilación que modificaría los sistemas de contexto a contexto. Así, sería necesario disponer del expediente hermenéutico adecuado para interpretar el tono simbólico de las es trategias de valoración. Al descifrar el sistema manifiesto habría que involucrar los múltiples mecanismos de inserción que operan estrategias inconscientes en el proceso de arnionizar valores en coniunidad. Eso significa que la estrategia manifiesta abre la posibilidad de otras estrategias en inciden en su presencia: ahí interviene el pasado de los individuos, la tradición de la que pro cede sit tiempo vivido y las creencias que unen o integran su modo grupal. La racionalidad moral demanda la configuración de perspectivas; y, aún así, se precisa ubicar las perspectivas dentro de juegos donde la hermenéutica abre constelaciones de estrategias latentes que fundan el sentido. Hablaremos de eso en otra entrega.


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