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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1988

MILENARISMO Y MESIANISMO EN LA REBELIÓN TZELTAL DE 1712, CANCUC, CHIAPAS*

Author: Ángel Cerutti y Bertha Dominguez


* Ponencia presentada en la Primera Reunión Latinoamericana sobre Estado, Iglesia y Grupos laicos, celebrada en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, México, D.F., mayo de 1987. Este trabajo es parte de una investigación que se viene realizando desde mediados de 1986.

I

Los movimientos milenarios surgen en sociedades que atraviesan por situaciones de crisis. Los datos sobre este tipo de movimientos parecen confirmar su aparición cuando una sociedad se encuentra perturbada a consecuencia del contacto con otras sociedades que intentan dominarla, contacto que acarrea cambios desfavorables en las condiciones económicas y sociales presentes; o bien cuando esta sociedad se siente amenazada por fenómenos naturales, hambre o epidemias.

Estos movimientos tienen como objetivo la restauración del tiempo perfecto, el regreso a la tierra prometida, o el logro de ambos. En ese tiempo y en ese lugar no existirá el sufrimiento, el trabajo, el deseo, la inseguridad ni la muerte. La vida se desarrollará en paz y armonía, en felicidad y libertad. [Nota 1]

En general los movimientos o sectas mesiánicas siempre conciben la salvación como un hecho:

a) colectivo, en el sentido de que debe ser disfrutado por los fieles como colectividad;

b) terrenal, en el sentido de que debe realizarse en la tierra y no en el cielo (fuera de este mundo);

c) inminente, en el sentido de que ha de llegar pronto y de una manera repentina;

d) total, en el sentido de que transformará completamente la vida en la tierra de tal modo que la nueva dispensa no será una mera mejoría del presente sino la perfección, y

e) milagroso, en el sentido de que debe realizarse por, o con, la ayuda de intervenciones sobrenaturales. [Nota 2]

Asociada con la idea del milenio se encuentra la creencia de que éste será precedido por un periodo de catástrofes que destruirá el mundo que se rechaza, es decir, que eliminará los problemas que se sufren en el momento. El fenómeno milenario adquiere características mesiánicas cuando surge un líder carismático a quien los participantes potenciales del movimiento reconocen como el Elegido que tendrá la capacidad de guiarles en la búsqueda del milenio. El mesías actúa siguiendo las órdenes que le imparte la divinidad y es su mensajero. A veces llega a identificarse y es identificado con ella. Este mesías gobernará una vez llegada la nueva Era, fundará el nuevo reino e impondrá la nueva ley. [Nota 3]

Estas creencias relacionadas con el milenarismo-mesianismo se encuentran tanto en las religiones semítico-monoteístas (judaísmo, cristianismo, islamismo) como en otros cultos de tradición muy diferente. Lanternari apunta de manera sucinta pero categórica las causas que originan estos movimientos de respuesta socio-religiosa: situación colonial, esclavitud, frustración económica y social, migración, desculturización forzada, segregación social y tensión, y el malestar y la desorganización sociocultural que se derivan de los factores mencionados en la sociedad o subsociedad tradicional. [Nota 4]

Estos factores son de vital importancia para analizar la aparición de movimientos milenaristas-mesiánicos en México y la América Central, producidos por el sincretismo religioso indígena-cristiano. En efecto, en la zona referida los españoles vencieron a los indios en poco tiempo y rápidamente extendieron sus dominios sobre inmensos territorios. A pesar de esta relativa facilidad, las batallas no terminaron de inmediato. La descripción de estos movimientos nos permite revivir el rechazo de los indígenas a la situación colonial.

La aculturación de los conquistadores fue terrible; éstos trataron de terminar con la estructura política de los nativos y los predicadores fundamentalistas intentaron acabar con las religiones indígenas y meter a sangre y fuego el cristianismo. En muchos casos lo lograron. Sin embargo con respecto a los mayas la cuestión fue diferente. Puede decirse que la religión y los valores se mantuvieron incólumes después de la conquista española, para convertirse en la columna vertebral de la resistencia al cristianismo, debido a cuatro factores principales: 1. La larga duración del intento español de conquistar a los mayas; 2. El aislamiento y la descentralización de los mayas; 3. La naturaleza hostil de las relaciones interpersonales entre los mayas y los españoles durante y después de la conquista, y 4. La sobrevivencia de los valores mayas. A pesar del rechazo inicial el cristianismo fue incorporando por ellos en un sincretismo de fondo decididamente pagano. [Nota 5]

Este sincretismo religioso, producto de la aculturación entre el dominador español y el dominado maya, generó distintas respuestas mesiánicas en Guatemala y el sureste de México. Entre éstos se destaca la sublevación mesiánica-milenarista de Cancuc, Chiapas de 1712.

II

Cancuc, es un pueblecito que hasta la fecha existe, situado en los Altos de Chiapas, colindante con la región tzotzil, a 80 km de San Cristóbal de las Casas, anteriormente llamada Ciudad Real.

En 1712, esta comunidad tzeltal fue el centro de una rebelión indígena de tipo mesiánico-milenarista, contra los españoles radicados en Ciudad Real. Varios investigadores coinciden en señalar que este movimiento indígena no sólo fue una respuesta a la dominación española -que originó represión, desarraigo y dispersión de la población nativa- sino que también se debió al empobrecimiento de los campesinos, situación que se agudizó en 1712 por la falta de lluvias, que afectó las cosechas de la comunidad. [Nota 6]

La causa mayor del descontento, la gota que colmó el vaso según la crónica de Fray Francisco Ximénez, fue la codicia del obispo franciscano Fray Juan Bautista Álvarez de Toledo, quien durante los cuatro años de ocupar su cargo obtuvo una ganancia de 65 mil pesos (25 mil usó para un hospital y una "casa de recogidas" y el resto lo envió a España "para sus pretenciones"), en una diócesis que no tenía entonces más de 2 mil pesos de renta anual. El obispo simplemente había duplicado las visitas a los pueblos "para misas". [Nota 7]

El final del siglo XVII está marcado por una gran cantidad de revueltas indígenas que se suceden en forma ininterrumpida durante cuarenta años hasta 1727. Entre ellas destaca la gran rebelión de Cancuc, que únicamente duró tres meses pero dejó "profundas huellas en el ritual y en la conducta política de los indios", además de que "alcanzó proporciones que hicieron peligrar la persistencia del régimen colonial". [Nota 8] La corona española dejó de percibir tributos en 25 pueblos de esa región durante cinco años.

El carácter mesiánico-milenarista del movimiento es evidente ya que comienza con el surgimiento de una "mesías" (María Candelaria), quien ofrece la salvación divina a su pueblo, que se convertiría en la Nueva Jerusalén del nuevo mundo, "un paraíso terrenal que recobraría la solidaridad pisoteada por el colonizador". [Nota 9]

Los dirigentes y sacerdotes indígenas de este movimiento le legitiman a través del santoral católico. Esto muestra su carácter sincrético, que origina incluso el surgimiento de una iglesia "paralela" o iglesia "de los pobres", con una estricta jerarquía y según la cual los naturales son los depositarios legítimos de las tradiciones del Evangelio, utilizando los motivos bíblicos para revestir sus propios mitos.

En abril de 1712 en el pueblo de Cancuc, que formaba parte de la Capitanía General de Guatemala, una joven indígena de nombre María López (más tarde María Candelaria), hija de Agustín López y María Hernández, y casada con Sebastián López, hizo saber a los vecinos que al salir de su casa a cierta hora de la noche, para unas necesidades personales, se le había aparecido una señora que era la Virgen Santísima, que venta a quedarse al pueblo y pedía que le construyeran una ermita, agregando que venía especialmente para ayudar a los indios.

La petición fue realizada; para mediados de junio de 1712 la ermita había sido construida, sin que el fraile Simón de Lara, quien debía autorizar la construcción, supiera nada. Al enterarse; él y el cura de Tila, reunieron a los indígenas para que declararan y se les pidió que desbarataran la ermita, a lo que respondieron que la utilizarían para construir ladrillos.

El obispo recibió el informe de lo ocurrido en el pueblo de Chamula de parte del padre de Cancuc, así como la visita de un grupo de cancuqueros, quienes le informaron que a orillas del pueblo y bastante noche vieron bajar una cruz llena de resplandores y en ese lugar se construyó la ermita.

Las autoridades eclesiásticas de Ciudad Real decidieron hacer un cambio de autoridades indígenas para terminar con el problema; sin embargo, los indígenas de Cancuc no aceptaron. El cura de Cancuc huyó ante la amenaza de muerte, y así comenzó a funcionar lo que podríamos llamar una Iglesia paralela".

Lo ocurrido en Cancuc propició que un principal tzotzil de San Pedro Chenalhó, Sebastián Gómez, mencionara haber realizado un viaje al cielo, recibiendo instrucciones de San Pedro, que le conferían autoridad para investir sacerdotes indios en este nuevo culto, al margen de la sociedad colonial. Sebastián Gómez se trasladó a Cancuc: y junto con María Candelaria realizaron el ritual necesario para nombrar las nuevas autoridades eclesiásticas. Desde ese momento se conocieron como "Sebastián Gómez de la Gloria" y "María Ángel Procuradora de la Virgen Santísima".

Existiendo estas autoridades eclesiásticas, se creó un ejército militar llamado "soldados de la Virgen", compuesto por más de 3 mil hombres armados con hondas, arcos, flechas y herramientas de labranza. Estos soldados voluntarios se dedicaron a ajusticias a sacerdotes españoles y ladinos, razón por la cual Cancuc fue nombrada "Ciudad Real" y Huitihuapan fue llamada "Guatemala". Se nombró allí una "audiencia" indígena que legislaría a los oprimidos e impondría la justicia sobre los dominadores.

Así, serían los indios quienes harían trabajar a los ladinos. A las mujeres de los comerciantes y autoridades ladinos se les obligó a casarse con los fieles del nuevo culto y los maridos fueron enviados por la fuerza a cultivar las tierras. Esta situación, ordenada desde Cancuc, incluyó deliberaciones para resolver el problema de la tierra, es decir, abolir toda producción que no fuera la de la comunidad autosuficiente. Siguiendo las órdenes de María Candelaria, que llamaban a la destrucción del mundo no indio, los rebeldes se apropiaron en un lapso de días de toda tina amplia región, asesinando frailes, párrocos, hacendados, cobradores de tributo, comerciantes, y aun a los indígenas que rechazaban este nuevo orden; estaban preparando el terreno para la llegada de los santos que vendrían en el próximo fin del mundo para liberar a los indios de la injusticia.

Tres meses después, la Ciudad Real de los españoles se encontraba en peligro de ser tomada, cuando los rebeldes habían triunfado en algunas batallas libradas; niños y mujeres se refugiaban en los templos esperando un desenlace fatal. Llegaron tropas de refuerzo de Tabasco y Guatemala, dirigidas por el capitán general de la Audiencia, don Toribio de Cosío y Campá, y efectuaron una eficaz operación de tenaza. Antes, casi todos los ladinos y españoles de los pueblos alteños, principalmente de Ococingo y Bachajón, habían sido exterminados.

Como en muchos otros movimientos de exaltación milenaria, la revuelta llevaba en sí los gérmenes de un movimiento revolucionario basado en la igualdad; pero al mismo tiempo se reproducía bajo el patrón de una nueva desigualdad. El furor de funciones de poder nunca antes ejercidas, empezó a devorar a sus propios hijos. Cuando las ofensivas españolas la alcanzaron, la "república de Cancuc" se hallaba tocada de muerte, degradada y debilitada por pugnas internas -a causa de arreglos de viejas cuentas ejercidos por los cancuqueros contra enemigos de otras comunidades-, inmersa en un baño de sangre que indica hasta qué punto la parcelación parroquial impuesta por los colonizadores había ya destruido cualquier posibilidad de solidaridad interétnica.

Muchos rebeldes fueron acusados en juicios sumarios de haber colaborado antes con la jerarquía eclesiástica y ejecutados mientras surgían aceleradamente otros cultos y apariciones que competían con el de Cancuc: un segundo Cristo que caminaba con los brazos en alto apareció en Tula y fue sacrificado en Cancuc; y en Yajalón, una tía de María Candelaria denunció las falsedades del culto de Cancuc, proclamándose sacerdotisa y reclamando para Yajalón y sus tributarios tzeltales y choles el centro legítimo del nuevo orden.

En la ofensiva final de los españoles, a los millares de muertos en escaramuzas se unieron cientos de ejecutados y prisioneros obligados a trasladarse a otras regiones: al borde tojolabal de la selva lacandona, al alto Grijalva y al Soconusco. Para colmo, una epidemia y una plaga de langosta vinieron a llover sobre mojado y en la conciencia de los indios se interiorizó la derrota y sus corolarios, como prueba de la ira divina que les era de nuevo adversa.

En el repliegue, algunos abandonaron sus santos tutelares, retornando a los viejos cultos y huyendo con envoltorios o imágenes de tigres a los escondites de la selva; otros dirigentes se mantuvieron durante años viviendo como ermitaños en montes y cuevas, alimentados por las comunidades derrotadas. La sacerdotisa fue capturada en la montaña ("Casa de la noche") en compañía de algunos fieles, aunque existe otra versión respecto al fin que tuvo María Candelaria: señala que desapareció, es decir, que no se te volvió a ver. Su desaparición la confirmaron muchas personas que la buscaron inútilmente, impulsadas por el interés de obtener la recompensa ofrecida por Don Toribio de Cosío, que consistía en condonar los tributos para siempre de la persona o personas que le hallaran.

Se dice que hasta 1716 Tomás Gómez se encontró inesperadamente con Agustín López, padre de María Candelaria. Con él se encontraban Sebastián López, el esposo, y María Hernández, la madre. Como eran antiguos conocidos, platicaron respecto a María Candelaria y dijeron a Tomás Gómez que había muerto de parto quince días antes y que la habían enterrado en el lugar de su muerte. Tomás Gómez informó de esto al gobernador del pueblo donde había muerto y se te había enterrado, y después de consultar con el párroco decidieron hacer prisioneros a los parientes de María Candelaria y exhumar su cadáver.

Haciendo efectiva la liberación de tributos que ofreciera el capitán general y presidente de la Real Audiencia de Guatemala en nombre del rey, éste resuelve "confirmar, como por la presente confirmo, la liberación de tributos concedida por el Marquez de Torre Campo al referido Tomás Gómez". [Nota 10]


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