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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1988

3. ¿Cuál es el sentido actual de la filosofía en México?


La filosofía siempre ha sido y será expresión histórica de circunstancias, igualmente históricas, en un sentido peculiar que hace que no sea mera expresión de ellas: es búsqueda de la verdad, que se lleva a cabo como búsqueda, motivada circunstancialmente, de un conocimiento que rebasa las circunstancias de los pensadores, como propuesta de unas verdades que (como tales e incluso como falsedades) corresponde siempre, por lo mismo, a un nivel de universalidad, aunque siempre y en todos los casos tales propuestas se formulen en situaciones concretas y particulares, y en función de problemas que pueden ser referidos a ellas (pensadas siempre desde un aquí y un ahora, igualmente concretos).

La investigación filosófica es universalidad en situación, es decir, una producción teórica cuyas propuestas de verdades, trabajo hermenéutico y revisión crítica constante tienen siempre coordenadas espacio-temporales, cuyo contenido trasciende siempre esas coordenadas. Por eso tiene una plena justificación el que, en situaciones concretas (digamos en 1968 o en 1988) de una comunidad (México) podamos hablar del "sentido actual" de la filosofía. Este sentido actual, como hemos tratado de sugerir, no puede desvincularse del sentido permanente del filosofar. Las diversas direcciones teóricas de la filosofía, que constituyen expresiones particulares en la situación concreta y que trabajan dialógicamente entre sí (independientemente de que el diálogo sea privado y silencioso, o público y de viva voz), producen ese "sentido actual" a través de la vigencia que ellas tienen en relación directa con su capacidad para el análisis crítico y la propuesta de verdades. En cambio, su vigencia se irá menguando y tenderá a extinguirse inevitablemente cuan do la posición o dirección filosófica haya agotado sus propios recursos epistemológicos para la búsqueda de la verdad. Lo que sería una vez más paradógico e inadmisible, sería que al programar las tareas concretas del sentido "actual" de la filosofía, en una situación determinada, se cancelara con ello el cumplimiento de su tarea esencial y permanente.

Ciertamente ese sentido "actual" de la filosofía en México puede identificarse con el sentido "actual" de la filosofía en cualquier otro lugar del mundo. Por el contrario, lo que podría caracterizar el modo particular en que se cumple con esa misión actual y permanente de la filosofía tiene que ver exclusivamente con las coordenadas espacio-temporales inherentes a la actividad filosófica, y puede descubrirse mediante un examen detallado de la situación teórica del filosofar en México, que puede precisarse mostrando cuáles problemas se han planteado, cuáles se han resuelto o se han abandonado y cuáles quedan por resolver, y sobre todo, poniendo de manifiesto de qué modo se ha llevado a cabo el trabajo con esa problemática filosófica.

Esa y otras cuestiones se refieren al qué se hace en (y cómo se hace) la filosofía en México para cumplir con lo que ella siempre se ha propuesto como tarea propia: la búsqueda de la verdad. En relación con el qué y el cómo tiene sentido la pregunta de si la filosofía mexicana ha alcanzado o no su "mayoría de edad" . [Nota 5] La situación teórica de la filosofía en nuestro país, limitándonos aproximadamente al período que ha transcurrido en los últimos veinte años (de 1967, en que se habló del sentido de la filosofía en México en la ocasión ya referida, a 1986, en que se vuelve a reflexionar públicamente sobre este tema), podría hacerse evidente, en una primera fase, utilizando como guía y criterio de especificación temática y de determinación de la calidad de los procedimientos técnicos de investigación filosófica, una mínima cantidad de publicaciones: Adolfo Sánchez Vázquez: Filosofía de la praxis (1967); José Gaos: Del hombre (1970); Eduardo Nicol: El porvenir de la filosofía (1972); Ramón Xirau: El desarrollo y, las crisis de la filosofía occidental (1975); Leopoldo Zea: Filosofía de la historia americana (1978); Luis Villoro: Creer, saber y conocer (1982) y Juliana González: El malestar en la moral (1986).

Pero la "mayoría de edad" de nuestra filosofía no se viene alcanzan do sólo mediante el abandono de viejas formas de filosofar (en las que el filósofo se limitaba a expresar su circunstancia en concepciones personales del mundo, a ser divulgador de la cultura o a ser especialista en generalidades a través de escritos imaginativos, más próximos a la literatura y a los ensayos ideológicos que a la investigación científica), sino también por medio de la recuperación de un sentido pleno del afán de verdad, que consiste en realizarlo metódicamente (sistemática, racional y objetivamente) para propiciar, cada vez más, un trabajo filosófico serio y riguroso.

Para terminar, quisiéramos agregar que si se puede recuperar en general ese carácter metódico y sistemático del trabajo de los grandes maestros de la filosofía en todos los tiempos (que impide hasta donde es posible toda la variedad de estilos y opiniones meramente subjetivos), podemos esperar entonces que el beneficio que presta la filosofía a la situación concreta de una comunidad pueda aprovecharse más cabal y efectivamente.


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