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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1988

MIGUEL SOTO, LA CONSPIRACIÓN MONÁRQUICA EN MÉXICO

Author: Raúl Figueroa


Miguel Soto, La conspiración monárquica en México, 1845-1848, EOSA, México, 1988, 282 pp. ISBN 968 6672 66-4

Acaba de salir a la luz pública una precisa investigación llevada a cabo por Miguel Soto sobre una serie de circunstancias que se había vuelto una especie de tabú: las intrigas para transformar el México independiente en una monarquía con un príncipe de la Casa de Borbón a su cabeza. Proyecto concebido en Madrid por el factotum de la política española de la década de los cuarenta del siglo pasado: el general Ramón María Narváez. Este proyecto contó con la colaboración entusiasta de uno de los personajes más astutos y hábiles que produjo la diplomacia española ochocentista: Salvador Bermúdez de Castro y Díez.

El joven historiador Soto realizó un documentadísimo trabajo que presentó como tesis doctoral en la Universidad de Texas en Austin y pudo beneficiarse de la consulta de fuentes documentales existentes en la biblioteca de dicha universidad. Es particularmente importante el empleo que realiza de la correspondencia del general Mariano Paredes y Arrillaga, la espada que emplearon tanto Bermúdez de Castro como otro personaje mexicano implicado en la intriga, nada menos que don Lucas Alamán. También el archivo de don Valentín Gómez Farías fue consultado con profusión. La correspondencia de Bermúdez de Castro con el Primer Secretario del Despacho de Estado -como entonces se llamaba al ministro de Asuntos Exteriores- se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Soto lo consultó a través de fotocopias que le fueron remitidas. Tal vez fue ésta la circunstancia que le lleva a confundir un "Memorandum" firmado por el marqués de Miraflores con fecha 17 de febrero de 1846, con el resto de la documentación, que abarca como acertadamente lo afirma el autor de agosto de 1845 a junio de 1848, pero nosotros que hemos tenido la oportunidad de consultarla directamente sabemos que se localiza no sólo en el legajo citado, sino en otro más. Para complementar el tema es preciso consultar la documentación del Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores en el Palacio de Santa Cruz en Madrid, así como el "Archivo Narváez" de la Real Academia de la Historia de la misma capital.

Pese a estas limitaciones, el autor tuvo acceso a la documentación fundamental y sobre esta base armó una muy acertada investigación, que a los historiadores nos hacía mucha falta, pues por fin se da a conocer en todos sus pormenores un tema crucial de nuestro atribulado siglo XIX. Miguel Soto no se queda en la mera erudición; sus análisis son especialmente certeros dentro de un clima de crítica ponderada, reflejo de su sólida formación histórica.

Un mejor conocimiento de la historia de España durante este periodo hubiera redundado en mayor profundización y sin duda, sus juicios hubieran sido más certeros. Cierto que la época en que se enmarca el estudio es muy compleja y confusa, tanto en México como en España. Con respecto a este país el autor se remitió únicamente a la obra de José Luis Comellas: Los moderados en el poder, 1844-1854, [Nota 1] y no fue orientado para tener acceso a las últimas obras producidas por los historiadores españoles. [Nota 2] Esa circunstancia le lleva a cometer errores históricos como el hacer correligionarios a Javier de Istúriz y a Salustiano Olózaga (p. 227); o el afirmar que el cargo de Primer Secretario del Despacho de Estado es lo mismo que el del Presidente del Consejo de Ministros (p. 84), que aunque en muchas ocasiones fue detentado por la misma persona, tienen funciones completamente distintas. Imprecisa también es la afirmación de que Ángel Calderón de la Barca acababa de arribar a la ciudad de México cuando tuvo lugar la revolución de 1841, que derribó la segunda administración de Bustamante (p.41), ya que Calderón había presentado sus cartas credenciales ante el propio Bustamante en diciembre de 1839. Incluso cuando Santa Anna, Paredes y Valencia se sublevaron, don Ángel ya había sido declarado cesante por el gobierno de Espartero -y llamado a Madrid. No obstante, creemos que son errores nimios comparados con el placer que produce la lectura y como nos va describiendo todos los pasos de la conspiración monarquista. A los que nos apasiona el tema, podernos apreciar los esfuerzos casi detectivescos que el autor tuvo que realizar para llevar a feliz puerto su proyecto, Este trabajo es sin duda una buena muestra de una nueva generación de historiadores mexicanos. Deseamos que el trabajo de Soto sea el pionero de una serie de estudios que alcancen cuando menos su nivel.


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