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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1988

JEAN BAUDRILLARD, DE LA SEDUCCIÓN

Author: Alberto Sauret


Jean Baudrillard, De la Seducción, Ediciones Cátedra, Madrid, 1986,175 pp. ISBN 84-376-0277-7.

Hace unos cuantos años, cuando se superó la moda de sólo practicarlas, pasando a teorizar sobre las "estrategias frías" y McLuhan demostraba el movimiento andando, es decir seduciendo masivamente con su discurso sobre los mass media en libros consagrados por la hora como best sellers y que -respetando la metáfora térmica- hoy podríamos decir que (al menos como consecuencia de tanto manoseo y luces centradas en su desciframiento) más que demolidos han sido derretidos, Umberto Eco publicó un ensayo que, por lo mismo, exigiría calificásemos de "cálido" -y reconfortante. Hoy que un experto en el diagnóstico del clima cultural de la época como Baudrillard observa que los rigores ambientales imperantes nos someten al desamparo de una intemperie congelada, acudimos al temple de Eco para articular nuestro reconocimiento.

Lo dicho entonces por Eco siempre me ha resonado cuando leo a Baudrillard, no sólo porque éste hace eco de algunas tesis de McLuhan sino porque cultiva un estilo medio pariente al de él. También lo encuentro medio pariente de otros franceses en su gusto por abofetear al interlocutor -y no me refiero al apache parisino estereotipado por Jean Gabin-, autores modernos, posmodernos, retemodernos... con mucho charme en el sublimado verbal o, ya que estamos, seducción.

Eco decía que era frustrante intentar tomar notas progresivas de la lectura de McLuhan con vistas a una reseña porque su expresión era de tipo oracular, exponiendo interpretaciones sintomáticas aisladas, escondiendo las claves del cifrado en otra parte del texto y suprimiendo nexos. Por lo que su crítica. consistía entonces -si se nos permite- en una contra críptica, en una labor de desciframiento, que en lo principal era simple tarea toponómica, salvar los accidentes abiertos en el discurso mediante el tendido de los tramos escamoteados. (Elemental tratándose de teoría de la comunicación y no mera literatura de entretenimiento, ¿no?) Para dar cuenta de McLuhan recomendaba Eco simular que se lo iba a explicar a un amigo acabada su lectura, entonces la espontánea ilación operaría un reacomodamiento más razonable de las partes. Lo hemos tenido en cuenta.

En el epílogo acaba también Baudrillard con sus intermitencias características y nos deja ver una estructura (no fuera a ser que con tanto malabarismo no lo comprendiéramos): trazando un paralelismo con el proceso de genealogía de la obra de arte formulado por W. Benjamin -que sedujera también a McLuhan-, Baudrillard asigna al presente "una desaparición total del original de la seducción, de su forma ritual como de su forma estética, en provecho de una distribución, en todos los sentidos, en la cual la seducción se convierte en la forma informal de lo político... inseparable de la tecnicidad". Hemos rebasado no sólo la era de la regla y del ritual, sino también la de la ley y lo contractual, para vivir en la Norma y los Modelos.

"Ni siquiera tenemos un término para designar lo que está sucediendo a la socialidad y a lo social. "Precisamente porque "designar" alude referencia a un significado que ya no tiene lugar, que brilla por su ausencia. Vivimos encandilados por el más puro y simple resplandor de las presencias. Escaparate que acapara y equipara todo referente, la exhibición sin reservas es insignificante.

La seducción está signada a volver reversibles todos los signos, su estrategia es la de la ilusión, con ella muere la realidad a manos de las apariencias. La seducción es succión del sentido de todo discurso, y su ciclo es insigne porque, al seducir todo término, no tiene término. Los signos seducidos secretan sus entrañas, sin secreto perduran como simulacro que guarda las apariencias, pero nada más; detrás el vacío.

"La sombra seductora del discurso hoy planea sobre el desierto de la relación social y del mismo poder.» La seducción asedia como la sed a cada paso del desierto. Un modelo de comunicación, "que es la forma que le queda al lenguaje cuando no tiene nada que decir", reproducido hasta el infinito por una omnipresente red mediática remeda sin remedio las relaciones sociales; vivimos un artificio sin densidad, "como holograma de lo social"

"Vivimos de la seducción, pero morimos en la fascinación", y lo fascinante no pertenece al orden de lo imaginario sino al máximo de referencia. La realidad desaparece en las aparatosas apariencias: hiperrealidad.

Paradójicamente sucumbimos a los desencantos de la seducción. Mientras que en la "etapa estética" la seducción estaría simbolizada por el artificio del trompe-l'oeil ("más falso que lo falso"), que encierra el secreto de una simulación encantada, hoy somos seducidos por el colmo del simulacro, la simulación desencantada del artefacto pomo ("más verdadero que lo verdadero").

Cultura pomo por excelencia, su obscenidad se muestra en el simulacro de veracidad y en su voracidad histérica. Descompone la visión de lo real en voyeurismo infinitesimal y seduce al deseo con el apremio de su satisfacción. La sublimación no cabe porque no tiene límites, todo es puesto a la vista en el mismo plano superficial para ser devorado en el acto de provocar el apetito., Toda intención es disuadida, nada tiene sentido: reprensión absoluta.

"Somos una cultura de la eyaculación precoz" culmina. sin más continencias Baudrillard, también persuadido de que "todos los discursos son como un comentario de sexo y de deseo". Pero, como los efectos superficiales se conjugan al conjuro de la seducción, "hasta el discurso sexual está continuamente amenazado de decir otra cosa distinta a lo que dice". Creemos que aquí reverbera lo más seductor que puede decirse de la seducción, que puede ser algo distinto, otra cosa, algo más... Pero, ¡recato! porque si forzamos a la verdad hasta su más impúdica desnudez la perderemos en una orgía sin fin. La seducción es dominio implacable de la reversión, sin revulsión posible; Baudrillard no pone reparos a curarse en salud: "Todo es seducción, sólo seducción".

De la seducción es un trabajo que antes de la primera página seduce, desde su título, y hasta después de leída la última (nos ha incitado a su recensión) y no por vacuo juego de artificios. Quizá más que en cualquier otro del autor el contenido justifique su forma espasmódica, reprimida, como previniendo que la materia al derramarse sin reservas pudiera perder fecundidad. Eco llamó entonces a este dominio el cogito interruptus. [Nota 1]

Inevitable ahora la sospecha de que también es un libro seducido; que no merece dejarse abandonado.


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