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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1988

AGITACIÓN SOCIAL Y BANDIDAJE EN EL ESTADO DE MORELOS DURANTE EL SIGLO XIX

Author: María Dolores Illescas

I. Introducción. Quiénes son los bandidos
II. El marco estructural
III. Una ojeada a la agitación social en la primera mitad del siglo XIX.
IV. "Los bandidos elegantes".- las bandas de Plateados. La década de los 60
V. Surgimiento del Estado de Morelos. Comienza la persecución de bandidos en gran escala

I. Introducción. Quiénes son los bandidos


A todo lo largo del siglo XIX se evidencian diferentes manifestaciones de protesta de la población rural explotada de nuestro país, lo cual, en opinión de Leticia Reina, no es sino el reflejo de contradicciones sociales que se fueron agudizando sin hallar salida más que en la forma de estallido violento o lucha armada. Tales estallidos, sin embargo, por lo general fueron precedidos de una primmera etapa de legalidad en la movilización campesina, aunque, más tarde o más temprano, ésta dio paso al convencimiento de que por esa vía no se habría de obtener justicia alguna y, por contraparte, que la opresión de hecho aumentaba al hacer los campesinos patente por vía judicial la inconformidad por el despojo de recursos de que eran víctimas. Al tener lugar dicho convencimiento, su reacción asumía formas muy violentas que acababan por desembocar en la lucha armada, ya al nivel prepolítico (individual o desorganizada), ya a nivel político. [Nota 1]

También característica de la movilización campesina en el período es su cortedad de miras, su obstinada tendencia a subordinar intereses de largo plazo a los de plazo inmediato, aunque con esto sus movimientos de protesta se volvieran fácilmente manipulables por agentes externos, lo cual muchas veces torcería su sentido original y acabaría por disolver su rebeldía en empresas políticas más vastas. [Nota 2] Tal situación es clara en el caso de los campesinos de los estados de Morelos, Hidalgo y Guerrero, agrupados por el general Juan Álvarez para apoyar el Plan de Ayutla y combatir la dictadura de Santa Anna; al triunfo de esta revolución (ganada por la alianza entre campesinos y pequeña burguesía liberal) la situación del campesinado permaneció igual.

Podemos hablar de las movilizaciones campesinas que desembocan en revueltas sangrientas que, como señala Eric Wolf, sorprenden por su crueldad a quienes tienen la imagen del campesino humilde, paciente y dócil, como manifestaciones abiertas de la oposición siempre latente hacia aquéllos que estructuralmente los explotan. [Nota 3]

Ahora bien, en la etapa "prepolítica" de la protesta campesina se da un fenómeno de oposición activa de carácter individualista al orden social que el campesino sostiene con su trabajo, y que se denomina bandolerismo social. Este bandolerismo se tipifica en la figura de Robin Hood, el bandido-héroe que roba a los ricos para ayudar a los pobres, o en la del mexicano "Chucho el Roto", figuras a quienes los campesinos convierten en ídolos y admiran en canciones y cuentos.

El bandolero social se halla en un nivel de lucha prepolítico o "primitivo" en la terminología de Eric Hobsbawm, porque el sentido de su acción es impreciso, ambiguo y aun a veces abiertamente "conservador", y se da siempre en sociedades preindustriales. Como dice Hobsbawm, [Nota 4] todavía no ha dado con un lenguaje específico en el cual expresar sus aspiraciones tocantes al mundo, por lo cual sus movimientos participan muchas veces de la ceguera y la desorganización. El bandolerismo social, sostiene el mismo Hobsbawm, es poco más que una protesta endémica del campesino contra la opresión y la pobreza: un grito de venganza, aunque individualista, contra el rico y los opresores, un sueño confuso de poner algún coto a sus arbitrariedades, un enderezar entuertos particulares. Sus ambiciones son pocas, quiere un mundo tradicional en el que los hombres reciban un trato de justicia, no un mundo nuevo. El bandolerismo social se convierte en epidémico cuando una sociedad campesina que no conoce otra forma mejor de autodefensa se encuentra en condiciones de tensión y desquiciamiento anormales. En tales circunstancias, y cuando el campesino no ha adquirido conciencia política, el bandolerismo social se convierte en la única válvula de escape a situaciones que no permiten otra salida; el bandolero social, aunque protesta, no lo hace contra el hecho de que los campesinos sean pobres y estén oprimidos, sino contra el hecho de que la pobreza y opresión resultan a veces excesivas.

Por ello es que, señala Hobsbawm, de los héroes bandoleros no se espera que configuren un mundo de igualdad, sino solamente que enderecen algunos entuertos y demuestren que algunas veces la opresión puede revertirse. La función práctica que desempeña el bandido es en el mejor de los casos la de imponer ciertas limitaciones a la opresión tradicional en la sociedad tradicional, so pena de desorden, asesinato y extorsión.

El apoyo que el bandolero de hecho se agencia de los campesinos en lucha, y su unión más o menos fácil, como plantea Leticia Reina, se explica por la pugna permanente con las autoridades locales, lo cual le identificaba de inmediato con aquéllos que por cualquier motivo entraban en el mismo tipo de contradicción con otra clase poderosa cuyos intereses eran fuente continua de expoliación. [Nota 5]

En el caso del Estado de Morelos, durante todo el siglo XIX tenemos una continua agitación social y un bandidaje de carácter tanto endémico como epidémico, más bien localizado en la tierra caliente del oriente y del sur (sobre todo Cuautla-Jonacatepc- Yautepec), pero también presente en el resto del Estado.

Aunque solía calificarse de bandido a cualquiera que manifestase una inconformidad activa con el status quo, fueren cuales fueren sus motivos, métodos ideología o ausencia de ella, objetivos, etc., el bandidaje propiamente dicho recogía elementos procedentes de diversos puntos del espectro social: militares desocupados que no habían logrado provecho en los numerosos golpes y cambios de poder que tuvieron lugar antes del régimen de Díaz, trabajadores escapados de las haciendas, desertores del ejército, campesinos sin tierras, pequeños rancheros cuya economía había sido desplazada y destruida por el predominio de las grandes haciendas, etc. [Nota 6] Todos ellos, de una u otra manera, manifestaban oposición y pugnaban por la destrucción de un sistema social de distancias insalvables y aguda oposición de intereses: la hacienda contra los pueblos por el dominio de tierras, aguas y hasta bosques; la hacienda en tanto que empresa en expansión contra el trabajo, buscando siempre invertir lo menor posible en jornales; por añadidura, los conflictos ya fuera con potencias extranjeras --como la intervención norteamericana en 1847-, ya al interior del país entre liberales y conservadores antes del establecimiento del "orden" porfiriano, conflictos que dejaban arrasados los campos, exigían la alineación forzosa en uno u otro bando en forma de leva [Nota 7] y redundaban en el aumento de impuestos para levantar un erario público crónicamente al borde de la bancarrota o, en su caso, para sostener la guerra.

Puede pensarse que con el establecimiento de un Estado fuerte y centralizado, interesado en conservar "la paz y el orden" que favorecían a unos cuantos hombres embarcados en el proceso de modernización del país, esto es, fundamentalmente con el régimen de Díaz, y bajo la feroz represión de hombres como Manuel Alarcón, jefe de los guardias rurales de los distritos de Yautepec y Tetecala desde 1869 hasta 1876, ascendido entonces a jefe estatal de los rurales (guardias), y a gobernador en 1894,el bandidaje se extinguió. Mas, aunque en efecto fue muy mermado, no logró acabarse con él de un modo total, porque sus causas no fueron siquiera paliadas, sino, por el contrario, cobraron mayor fuerza y las contradicciones generadas por ellas se agudizaron. En este contexto aparece el bandidaje en el Morelos rural como un antecedente del movimiento zapatista que sí supo recoger, organizar, dar forma y abrir cauces de acción a las aspiraciones de justicia del campesinado en la región.


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