©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1988

V. Surgimiento del Estado de Morelos. Comienza la persecución de bandidos en gran escala


En 1869, por decreto del presidente Benito Juárez, se creó el Estado Libre y Soberano de Morelos. Tal cosa se consiguió con el apoyo de los militares y burócratas liberales y pese a la oposición de los hacendados quienes posiblemente pensaban que sería preferible el trato con un prefecto nombrado por el gobernador del Estado de México al que pudieran manejar con facilidad para promover la protección de sus intereses. El primer gobernador del nuevo Estado fue el general Francisco Leyva, veterano liberal a cuyo gobierno se opusieron tenazmente, los hacendados. Pues bien, como dice Warman: "A Leyva le cabe el dudoso honor de haber extinguido la violencia con una más extrema y desalmada, ejecutada por el jefe de los rurales Manuel Alarcón. Esto le valió para sobrevivir algunos años a la oposición de los hacendados, pero en 1875 se vio obligado a renunciar. Había cometido dos errores imperdonables: en 1867 derrotó a Porfirio Díaz en la elección para gobernador del Estado, y en 1872 extinguió brutalmente el último brote de violencia generalizada, una sublevación en Jonacatepec en contra de Benito Juárez y a favor (le Díaz. Este, al frente del triunfante Plan de Tuxtepec era en 1875 la figura nacional más importante y lo seguiría siendo durante los 35 subsecuentes". [Nota 84]

Avalando esta aseveración se encuentran las páginas de Pacheco, "El Cronista", tituladas La verdad desnuda de lo que pasa en el Estado de Morelos, escritas en 1873 en Cuautla; manifiestamente a favor de los hacendados y en contra de Leyva, el autor acusa al "tirano" gobernador de reprimir, con sus fuerzas de seguridad pública, y de manera excesiva y hasta sanguinaria, todo lo que huela a delincuencia y bandidaje, aún a veces arbitrariamente; y también de castigar con la muerte a los considerados responsables de las persecuciones de bandidos fallidas. Como ejemplos menciona el "horrible asesinato" de Abundio Reyes, juez auxiliar del pueblo de Tejalpa, castigado por haber permitido la entrada, en dicho pueblo, de los célebres bandidos Ascensión y Mauricio García que con sus pequeñas gavillas asolaban la región de Tejalpa y Tepoxtlán, burlándose de sus autoridades. [Nota 85] Por habérsele hallado en su casa a Teodoro Parral objetos robados de la hacienda de Pantitlán, sin más se le aplicó la ley fuga. El joven Teodoro Alaniz, quien habiendo sido indultado por el Congreso de la pena de muerte por su minoría de edad, corrió el destino del fusilamiento por el jefe político de Yautepec, el sanguinario D. José Deheza cuyas arbitrariedades, acusa "El Cronista", se hallaron siempre respaldadas por Leyva, gobernador el cual se distinguió, continúa el autor, por la generosa aplicación de la "ley fuga" a todo aquél que, sin más averiguaciones, fuera aprehendido por bandido.

La agitación social, efervescente durante todo el siglo XIX no ha cesado, y un gobierno crecientemente centralizado y fortalecido, interesado en asegurar la paz pública para echar las bases del anhelado "progreso nacional" (de lo cual, no es casualidad, Díaz hara su lema), no se para en barras para exterminar esa especie de plaga que crónicamente había ennegrecido los cielos de Morelos. "A grandes males, grandes remedios", y para acabar con la violencia de rebeldes desorganizados y muchas veces inconscientes, se echa mano de una violencia represiva que se quiere erigir en la efectividad misma en lo que a la "administración de justicia" se refiere. Así, el diario El siglo XIX clama porque las autoridades, sobre todo las estatales, sean efectivas para "desterrar aquella terrible y funesta plaga que, cual una epidemia ha contaminado toda la república ( ... ) excitamos a los particulares para que, combinando sus esfuerzos con los de las autoridades, organicen los medios de defensa y persecución tenaz contra los bandidos.., Este humilde consejo lo dirigimos a los honrados moradores de Cuernavaca y sus inmediaciones, donde hemos sabido que hay una cuadrilla que tiene muy especialmente en jaque a la Hacienda de San Gabriel" (viernes 8 de enero de 1869).

En marzo de ese mismo año, un vecino del distrito de Tetecala, por conducto de El Siglo XIX se queja de que el jefe político del mencionado distrito de Tetecala, distrae las fuerzas de seguridad rurales y urbanas de sus obligaciones para custodiarlo en sus negocios particulares, lo cual pone en tela de juicio la honradez del funcionario (miércoles 17 de marzo de 1869). Ese mismo mes, y también en Tetecala, Gobernación dicta órdenes urgentes para acabar con "una gavilla de sublevados" (lo cual indica que no había precisamente una idílica paz en aquel distrito); al parecer, tales sublevados estaban a las ordenes de "Trujillo Vargas y socios"; para aplastarlos, se comisiona al coronel José Ma. Escalona, comandante del 5o. Cuerpo de la Policía Rural, que hasta entonces había estado custodiando la línea México-Cuernavaca. [Nota 86]

En mayo de, 1869, El Siglo XIX da la noticia de un asalto a la diligencia de Cuernavaca (martes 11 mayo de 1869), mientras que el gobierno del Estado de Morelos avisa el 10 de mayo de 1869 que los jefes políticos de Jonacatepec y Chautla aprehendieron algunos ladrones y plagiarios como Francisco Pliego, Fabián Gómez, José de la Luz Domínguez y Domingo Sánchez, en el pueblo de Teotlalco en Puebla; todos los aprehendidos, sobra decirlo, fueron fusilados, lo cual aplaude. Gobernación ya que manda publicar la noticia de dicha captura. [Nota 87]

El 12 de junio de 1869, el mismo diario da la noticia del fusilamiento en el Distrito de Yautepec, de Miguel Espíndola, como reo de robo; y el 14 de julio de 1869, la misma suerte corrió, en Cuautla, el reo Alejandro Chávez, acusado de asalto a mano armada. En abril de 1870 cae "en manos de la justicia" el famoso Aniceto Moreno que asolaba los distritos de Morelos y Jonacatepec dedicándose al robo y al asesinato (El siglo XIX, jueves 7 de abril de 1870).

Sin embargo, los bandidos no escarmentaban: El Siglo XIX da la noticia, el jueves 21 de octubre de 1869, del plagio de que fue ron víctimas D. Pablo Figueroa y D. Vicente Vega, vecinos de Alpuyeca; el domingo 7 de noviembre de ese año, el del vecino de Izamatitlán, en el Distrito de Yautepec, Doroteo Marenco, habiendo comenzado los mismos vecinos de aquellas municipalidades "una activa persecución de los bandidos". El martes 9 de noviembre le tocó el turno a un extranjero trabajador de la hacienda de Santa Inés, mientras una gavilla se entretenía robando a los pasajeros en el camino de Cuautlixco a la Ciudad de México, y otros bandidos llegaban a Tetelcingo. El Siglo XIX asimismo da la noticia de la falta de custodia en los caminos que llevaban de Morelos a la Ciudad de México y la consiguiente inseguridad (domingo 3 de marzo de 1870). El 16 de febrero de 1871, este diario notifica que la diligencia de Cuernavaca vuelve a ser asaltada, ahora en el punto llamado Tejocote, por cuarenta bandidos. La misma suerte corrió la hacienda de Zacatipu, asaltada "por cosa de setenta hombres" el 31 de marzo de 1871 según noticia del 15 de abril de ese año. No se escapó del robo la fábrica de aguardiente de la hacienda de Atlacomulco según noticia del 8 de septiembre de 1871. Y como estos ejemplos se pueden enumerar muchos más.

Indudablemente, los bandidos seguían pululando por todas partes, lo cual acrecentaba el clamor público, por un lado, y por otro la respuesta represiva de las autoridades, y esto a todos los niveles y con diferentes grados de eficacia: el 28 de mayo de 1870, el jefe político de Chiautla pide a Gobernación mandar una excitativa a los gobernadores de los Estados de Morelos, Guerrero y Oaxaca para que cooperen en la destrucción de las gavillas que merodean en los distritos colindantes con el de Chiautla, para Morelos los de Cuautla y Jonacatepec, ya que no consideraba justo que los vecinos de su jurisdicción tuvieran que sufrir la negligencia de las autoridades vecinas en la persecución de los bandidos. [Nota 88]

Junto con las actividades ya clásicas entre los bandidos de la región (el plagio, el asalto a mano armada, el asalto a diligencias y comerciantes, etc.), se dan noticias de "disidentes" "insurrectos" o "facciosos", tachados fácilmente de ladrones y asesinos, tales como Ávalos, Caldera y Olavarría que entraron en septiembre de 1969 en el pueblo de Tepalcingo proclamando presidente a Díaz, [Nota 89] o una "gavilla de pronunciados" en Tetecala y Morelos (El Siglo XIX, martes 11 de enero de 1870), o los "sublevados" al mando de Feliciano Chavarría (diputado), Rosario Aragón y Eduardo Arce, levantados el 8 de febrero de 1870 y reprimidos en seguida (El Siglo XIX, miércoles 16 de febrero de 1870).

A pesar de no haberse extinguido realmente el bandolerismo y seguir presentado dificultad la, digamos, "conservación de la paz pública" en los distritos de Yautepec, Morelos y Jonacatepec, [Nota 90] la política de exterminio a los bandidos seguida por el primer gobernador del Estado de Morelos y, más bien, por el eficaz y desalmando Manuel Alarcón, jefe de los rurales, empezaba a dar frutos, puesto que su puntual cumplimiento hizo decir a un periodista de El Siglo XIX en julio de 1870, desde Cuernavaca, que "comenzamos a sentir, aunque poco a poco, los beneficios de la paz. Los caminos son ya más frecuentados, y las gavillas han sido en su mayor parte destruidas" (martes 12 de julio de 1870). Lo cierto de todo esto es que por todos los medios se había tratado de paliar un problema secular cuyas manifestaciones brotaban violentas como erupciones por todas partes, pero cuyo verdadero fondo (la agresión estructural al campesino morelense) no había sido tocado.

Lo conseguido durante la etapa de Leyva en el poder iba a ser consolidado, por lo que se refiere a la "pacificación" de la región, gracias, en gran medida, a la centralización de la violencia en un único actor pretendidamente fuente de toda legitimidad y legalidad: el Estado. Así, las bandas mercenarias de los particulares fueron paulatinamente sustituidas por el grupo de los guardias rurales, la policía federal montada, casi siempre (y en muchas regiones sin el casi) al servicio de los hacendados y cuyo jefe Alarcón, célebre por su mano dura, lo mismo reprimía bandidos que cualquier tipo de brote de agrarismo. [Nota 91] Alarcón, siendo jefe de los guardias rurales de los distritos de Yautepec y Tetecala, se pasó al lado de Díaz en 1876 y recibió de éste la comisión de actuar en Morelos, Guerrero y México. Al triunfo de la rebelión encabezada por Díaz, Alarcón fue premiado con el ascenso a jefe estatal de los rurales donde se distinguió por la limpia de forajidos y lo drástico de sus métodos (a los "bandidos" les daba muerte dondequiera que los encontrase, muchas veces recurriendo a la famosa ley fuga).

Como policía duro, Alarcón fue tenido en alta estima y para 1873 era ya jefe político del Distrito de Cuautla. En 1884 fue elegido para la legislatura del Estado desempeñando, a la vez, la labor de secretario de Gobierno. A fines de 1880 y principios de 1890 se había convertido en el político más fuerte de1 Estado, hasta ascender al cargo de gobernador en 1894. [Nota 92] Durante su gobierno, Alarcón favoreció a los hacendados, como no podía ser de otra manera, hasta acabar por convertirse en uno de ellos (como conviene a la definición de cacique), aunque fue lo suficientemente hábil para evitar la enemistad de aldeanos y pequeños agricultores con promesas y aún ocasionales concesiones. [Nota 93]

De esta manera, se abre el panorama, en el renglón de la "paz pública", durante la etapa porfirista, para el Morelos rural, como sujeto a la represión que, ejercida por los guardias rurales, mermó mucho el bandolerismo ya tradicional en la región, aunque al parecer no pudo acabar con él de manera definitiva y, por otro lado, suscitó con sus excesos y arbitrariedades -que tenían que sufrir los pueblos- un gran odio que, añadido a una opresión que se hacía verdaderamente intolerable, no tardaría en hacer explosión.


Inicio del artículoAnteriorRegreso