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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

JULIA BARELLA: DESPUÉS DE LA MODERNIDAD

Author: Eduardo Milán


Julia Barella: Después de la modernidad poesía española en sus lenguas literarias; Barcelona, Anthropos, 1987.

Esta antología poética de algunos practicantes españoles que se apartan de la idea de Modernidad plantea algunas preguntas y problemas que no vienen al más considerar en este momento. Sobre todo si se considera a la poesía en lengua española como un mapa que integra a las distintas prácticas tanto ibéricas como latinoamericanas. En efecto, ¿qué significa ese "después de la Modernidad"?. En su contexto, el título hace alusión a una serie de poetas que, en mayor o menor grado, han elegido el lugar del margen frente a algunos problemas muy calientes en la actualidad, entre otros, la crisis del pensamiento moderno, la crisis de las utopías, la crisis de la idea de Progreso, etc. Hay quien piensa que estos temas no son específicamente poéticos y que, por tanto, pueden escapar a una consideración desde una orilla lírica. Sin embargo, parece no ser así. Quiérase o no, la Modernidad y su idea estallan en este siglo en el arte bajo el patrocinio de las vanguardias históricas, llámense futurismo, dadaísmo, surrealismo, y en un "ismo" típicamente español: el ultraísmo. Y también quiérase o no, las vanguardias sentaron bandera de una práctica escritural irreversible, aunque no necesariamente bajo la forma de una Koyné o lengua universal, tan cara a los románticos alemanes, en especial a Schelling. En el fondo, los preceptos vanguardistas caían todos bajo la óptica de una búsqueda: la de la experimentación formal, la de la búsqueda de nuevas formas expresivas o su equivalente: la idea de una "poesía en progreso". Sería un suicidio desoír la plataforma estética de las vanguardias en honor de un fracaso en el terreno ideológico. Esto llevaría a una simetría errónea entre arte y realidad, entre historia y búsqueda artística. El asunto puede entenderse si se considera que el pensamiento de la vanguardia muchas veces resultó una suerte de totalitarismo estético y soslayó, de una manera bastante escandalosa por otra parte, todo tipo de propuestas marginales, todo tipo de consideración "otra" que cayera fuera de su esfera homologante. En un momento de crítica del pensamiento moderno y, por prolongación, del pensamiento de la vanguardia, es natural que los márgenes relegados vuelvan a emerger con una forma y con un ímpetu avasalladores.

En el caso de la antología poética de Julia Barella, se trata de descentralizar el pensamiento poético español en sus distintas manifestaciones lingüísticas, ya no consideradas laterales: vasco, catalán gallego, taciones lingüísticas, ya no consideradas laterales: vasco, catalán gallego, etc. Pero el problema sigue planteado: la lengua por sí sola no comporta una ideología ni tampoco una estética marginales. Entonces presenciamos -a excepción de poetas que honran la antropología, tal el caso del catalán Valentí Puig o del vasco Bernardo Atxaga- una recaída temática con la consiguiente recaída formal: neorromanticismo trasnochado, intimismo crepuscular, toda una estética de tablas viejas devueltas por el mar. Y la pregunta inmediata sería la siguiente: ¿es esa la nueva poesía española? o mejor, ¿es representativa la muestra de una poesía española de significación? Parecería ---salvo las dos excepciones aludidas que la búsqueda de un efecto de descentralización en la poesía española actual no necesariamente debe pasar por el retroceso en la búsqueda expresiva. El problema poético parece ser todavía un problema más de lenguaje que de lengua. Y de nada sirve insistir en factores propiamente regionales cuando lo que verdaderamente está en juego es una consideración más profunda del mundo, de la vida y de la estética, esto es, de la poesía.

EDUARDO MILÁN


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