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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

1. Racionalismo y politeísmo de valores


Desde el punto de vista de los efectos de la modernización, la historia de la modernidad revela una dialéctica coextensiva de la "dialéctica de la razón", cuya lógica fue descrita por Horkheimer y Adorno a mitad de los 40. Esta dialéctica desemboca en una atomización generalizada del cuerpo social y de las normas que aseguran su cohesión y constituye según la reconstrucción idealtípica desarrollada por Weber, el efecto mismo de la racionalización, inseparable del desarrollo del capitalismo. La racionalización creciente de las esferas antaño reguladas por la' tradición, descompone el orden simbólico incuestionable que organizaba la vida de las sociedades tradicionales. La necesidad de movilizar la fuerza del trabajo contradecía el simbolismo del hábitat rural y del arraigo de los hombres. El "Anti-Edipo" de Deleuze y Guattari descubre en esta "desterritorialización" el proceso de la historia universal, y en el capitalismo que se afirma al término de esta evolución, la "verdad universal de esa misma historia". Desterritorialización de los productores, Vogelfreie Arveiter arrancados de sus huertos y de sus tierras patrias,-ése es, según el mismo Marx, el origen del capitalismo- constituyendo fortunas comerciales o financieras y no agrarias, equivalencia general y forma mercancías, deslocalizando las necesidades en función de los deseos y, finalmente también, deslocalización sociológica aboliendo en el seno del propio capitalismo la polarización de las clases: así se puede esquematizar el proceso que Weber personalmente aprehende como modernización y racionalización. En su célebre Zwischenbetrachtung esta historia del "racionalismo occidental" se condensa en la fórmula según la cual la racionalización engendra el politeísmo de valores. Una deslegitimación generalizada corta en su propio desarrollo la legitimidad racional. El desencanto que hizo desaparecer el sentido, (que se supone Dios dio al mundo al crearlo) desemboca en una Sinnlosigkeit (ausencia de sentido) fundamental que deja campo libre a múltiples visiones del mundo, de Wellanschauungen. Al término de un proceso de desmitologización desarrollado persistentemente durante siglos por la cultura occidental, la lucha de dioses de distintos órdenes y de valores diferentes se mantiene sólo cambiando de forma. Estos antagonismos son insuperables; Weber rechaza la dialéctica que construye, en Hegel, su reconciliación. Solamente pueden dar lugar a compromisos provisionales y frágiles pues son objetos de evaluaciones incesantes: ése es el politeísmo de valores. La sociedad está amenazada de anomia.

Estas páginas adquieren pleno sentido hoy. Para Lyotard, en la evolución de las interacciones sociales el contrato temporal sustituye de hecho la institución permanente en las materias profesionales, afectivas, sexuales, culturales, familiares, initernacionales, como en los asuntos políticos: Pero donde Weber inserta su sociología comprensiva, la "posmodernidad" se contenta aceptando y "dejando jugar" la multiplicidad de las Weltanschauungen, la división hacia el infinito de la sociedad que el Hyperion de Hölderlin describía como la maldición de la modernidad, en la que Marx veía la característica de las sociedades "realmente modernas", y que para Daniel Bell se radicaliza en la era "postindustrial" multiplicando los riesgos de enfrentamiento.

¿Es esta situación de anomia, una situación de crisis que amenaza la supervivencia y la reproducción de las sociedades regidas por esta racionalidad? En Legitimationsprobleme im Spätkapitalismus, Habermas se esforzó en adaptar la teoría de la crisis a la realidad nueva del "capitalismo avanzado". Piensa que una crisis sólo es evitable cuando los miembros de una sociedad consideran las' transformaciones estructurales críticas para la existencia misma del sistema y sienten que su identidad social está amenazada, es decir cuando el consenso, base de las estructuras normativas, está mermado hasta tal punto que la sociedad se vuelve anómica. El consenso funciona como un verdadero "transformador" de la crisis. En efecto, los intercambios entre sistemas sociales y su entorno se efectúan en dos órdenes epistemológicamente irreductibles: mientras la apropiación de la naturaleza externa (el trabajo) depende de datos susceptibles de verdades y una racionalidad instrumental, la socialización (apropiación de la naturaleza interna) depende de estructuras normativas y se realiza gracias a normas que necesitan una justificación.

Esta actualización nos parece que no acertó en su captación de la realidad del funcionamiento de nuestras sociedades democráticamente desarrolladas. La anomia no conduce necesariamente al estallido de una crisis, sino que sólo constituye una situación de crisis endémica y larvada cuya economía debe ser estudiada independientemente de una filosofía de la historia según la cual las situaciones de crisis inducen "giros históricos". La crisis endéinica y larvada representa actualmente de forma más clara un modo de funcionamiento de las sociedades democráticas occidentales cuya normalidad reside en la anomalía, por la simple razón de que: "el politeísmo de valores" ofrece a la expresión democrática un espacio de libertad insospechado.

La cuestión es, ciertamente, saber si esta expresión democrática, tomando la forma de expresividad, no es al mismo tiempo el peor enemigo de la democracia. El paso hacia una era antidemocrática, totalitaria o terrorista, podría hacerse muy bien sin conmociones violentas, sin revolución ni golpe de Estado, solamente en virtud de una autodestrucción de la democracia, al ex, pandirse la expresión individual acompañada de un desinterés creciente hacia alternativas políticas. La democracia moriría entonces de hipertrofia, de su "obesidad", como diría Baudrillard.

Este peligro en su principio es bien conocido: lo difuso de la voluntad general que, por excesiva voluntad de transparencia, es una de las tareas ciegas del Contrat Social de Rousseau, que motivara la distinción fundamental de Kant entre republicanismo y democracia.

¿Es aún posible una"voluntad general"? ¿Qué sentido tiene hoy la "voluntad de todos"?


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